Una muchacha sin historia.

lunes, febrero 19th, 2018

El 28 de febrero de 1.962, durante el transcurso del «Octavo Festival de Cortometrajes de Alemania Occidental» en la localidad de Oberhausen (estado federado de Renania del Norte-Westfallia), un grupo de jóvenes relacionados con el «Séptimo Arte» como Peter Schamomi, Edgar Reitz, Haro Senft, Ferdinand Khittl, Christian Doemer, Walter Krüttner o Alexander Kluge, firman un manifiesto donde se abogaba por una novedosa forma de hacer películas en la nación germana, destacando por buscar la independencia de conceptos e ideas, libre de convenciones tradicionales y sin la interferencia de intereses económicos. Es el comienzo del denominado «Nuevo Cine Alemán» que influirá notablemente en el devenir del sector durante los próximos decenios.

Una de las figuras más reveladoras entre los signatarios fue Alexander Kluge, nacido en Haberstadt, ciudad integrada dentro del actual länder de Sajonia-Anhalt, el 14 de febrero de 1.932 en el seno de una familia burguesa, sobreviviendo con sólo 13 años de edad la casi destrucción total de su urbe natal, debido a los durísimos bombardeos aliados del 8 de abril de 1.945; trasladado posteriormente con sus padres y hermanos al sector occidental de Berlín, estudiante de derecho en la década de los 50 en las universidades de Marburgo y Frankfurt, época donde también se interesaría vivamente por la literatura y el audio-visual, doctorándose en 1.956 y desempeñando como abogado desde aquel momento. Sin embargo dos ejercicios después, el sugerente mundo del «Celuloide» llama a su puerta y consigue el puesto de ayudante de dirección en la monumental «La tumba india» de Fritz Lang, el regreso a Europa del gran maestro vienés tras una larga y fructífera estancia en Hollywood.

En 1.961 realiza su primer cortometraje con el epígrafe de «Brutalidad en piedra», en que contando con la colaboración de Peter Schamoni, hace una somera descripción del Nacional Socialismo, tomando como modelo la edificación de la «Reichspateitagsgelände» en Núremberg, diseñada por Albert Speer, el complejo urbanístico donde se celebraban los congresos del N.S.D.A.P y espacio en que se rodó la mayor parte de «El triunfo de la voluntad» de Leni Riefenstahl en 1.935. Un año después, casi coincidiendo con la proclama, logra la publicación de «Lebensläuge», una serie de relatos cortos basados en auténticos procesos públicos donde interviniera él mismo como letrado y destacando entre todos la historia de «Anita G», una muchacha de padres judíos deportados durante el III Reich, telefonista de profesión en la RDA, huye a la Alemania capitalista donde logra un trabajo de auxiliar de clínica, sin embargo como en un acto reflejo comete un pequeño hurto y tras ser llevada a juicio se le otorga un régimen de libertad provisional; tras no presentarse reiterativamente ante su agente de custodia, se traslada a otra ciudad, obteniendo el puesto de representante de una discográfica y convirtiéndose en amante del jefe, siendo descubiertos por la esposa de éste; posteriormente trabaja de camarera y es despedida por un robo que no ha cometido; intenta matricularse en la universidad pero es rechazada por una antipática burócrata del campus bajo la excusa de una mala calificación académica; convertida en amante de un alto funcionario del gobierno, queda embarazada y a las pocas semanas es detenida por la policía bajo la acusación de quebranto de condena. Tras su ingreso en prisión da a luz el bebé, perdiendo su patria potestad por la acción de los servicios sociales.

En 1.963, él de Haberstadt funda su propia productora «Kairos Film», con sede en Múnich, dando lugar en un reducido periodo de tiempo a la puesta en marcha del largometraje «Abschied von gestern», siendo conocido en el mundo hispánico como «Una muchacha sin historia», donde Kluge asumía la dirección y el guión basado en su análoga parábola de «Anita G» y agenciando la colaboración de Edgar Reitz y Thomas Mauch como operadores jefes, de Klaus Eckelt y Hansjörg Wicha encargándose del sonido y de Beata Mainka responsabilizándose del montaje, junto a un interesante casting donde figuraban los nombres de Alexandra Kluge, Günter Mack, Hans Korte, Peter Staimmer o Josef Keindl.

Con rodaje de exteriores en la urbe de Frankfurt y en poblaciones de su área metropolitana como Maguncia y Weisbaden y de interiores en estudios de Múnich, se presenta oficialmente la cinta en el «Festival de Venecia» de 1.966, donde acapara el «León de Plata» del citado certamen. Al año siguiente es la gran triunfadora en los «Deutscher Filmpreis», recibiendo los galardones de «Mejor Película», «Mejor Realizador» en Alexander Klugue, «Mejor Actriz Principal» en Alexandra Kluge y «Mejor Actor de Reparto» en Günter Mack.

Desde el primer momento el espectador encuentra un documento que se obstina en exhibir la realidad de la Alemania Federal del «Milagro Económico», donde a pesar del reconocido éxito material colectivo, surgen una serie de aristas, exponentes de la notoria falta de virtudes éticas por parte de las generaciones más maduras y creando un malestar social y vital. Todo fluye en un drama en el cual se mezcla la aptitud autodestructiva de ciertos sectores juveniles y una determinada linea rebelde y contestataria propia de la década de los 60 que cristalizarían en el denominado «Verano del amor» en el San Francisco de 1.967 y en las algaradas parisinas del ejercicio posterior.

Pero con todo no es un filme con fuerte carga ideológica, ni tan siquiera es de denuncia, simplemente se intenta demostrar al «Respetable» la crónica crisis de valores en el mundo occidental, donde un desaforado consumismo y un falso e hipócrita hedonismo han llevado la nada existencial a un alto número de individuos.

Kluge se permite el lujo de establecer pocos matices emocionales, en búsqueda de una objetividad manifiesta, convertida en el verdadero fin en si mismo de la obra y reivindicando una participación más activa por parte del «Público». Podemos observar una fuerte influencia de las formas narrativas de Jean-Luc Godard , con saltos de tiempo, predominio de primeros planos, voz en off, citas, reflexiones, inserción de fotos fijas, falsos documentales, entrevistas y separaciones por capítulos. De esta manera la película se siente deudora de los postulados más vanguardistas de los contemporáneos movimientos de la «Nouvelle Vague» en Francia y el «Free Cinema» en Gran Bretaña.

La fotografía en blanco y negro de Mauch y Reitz es sumamente realista, encontrando una característica forma de expresión, el sonido de Ecklelt y Wicha es punzante e irónico y la edición de Mainka surte de dinamismo la evidente falta de presupuesto. En las interpretaciones destacan la labor de Alexandra Kluge, hermana de Alexander, en la piel de Anita, sumamente comunicativa y perspicaz, donde poco después abandonaría su carrera artística por la medicina, así como la corrección técnica de secundarios con la sobrada talla de Günter Mack y Hans Korte.

Alexander Kruge continuaría su trayectoria cinematográfica con filmes como «Dis Artisten in der Zirkuskuppel: ratlos» en 1.968, «Derr grose Verhau» en 1.970, «Der starke Ferdinad» en 1.975 o «Die Macht der Gefühle» en 1.983, inexplicablemente nunca estrenados en España, combinándola con una llamativa producción literaria, convirtiéndolo en uno de los intelectuales más visibles de país centroeuropeo y obstinándose en ser una figura polémica y radical en los medios de comunicación.

One Response to “Una muchacha sin historia.”

  1. Una película muy llamativa, exponente del alma rusa que permanecía incorrupta a pesar del peso del totalitarismo soviético. A pesar de todo fue una película incomprendida en Occidente.

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