Siberiada.

sábado, febrero 10th, 2018

Nos encontramos con la ultima gran producción cinematográfica de la época soviética, exponente del genio creativo de su director Andrei Konchalovsky, construyendo una auténtica epopeya deudora de las grandes clásicos, dentro de un espectáculo apabullante, visualmente prodigioso, en una belleza hasta cierto punto desconcertante y donde ningun espectador, independientemente de su actitud, se puede mostrar indiferente.

Surgida al principio como un proyecto menor del cineasta, donde se intentaba reflejar de forma naturalista y austera la vida diaria de los trabajadores en una extracción petrolífera de la taiga siberiana, con el tiempo fue adquiriendo unas mayores pretensiones, al conseguir el apoyo económico de «Mosfilm», el gran estudio de la U.R.S.S., fundado a principios de la década de los 20 y responsable de la puesta en marcha de inolvidables cintas como «El acorazado Potemkin» en 1.925 y «Alejandro Nevski» en 1.938, las dos de Serguéi Eisenstein o «Andréi Robliov», estrenada definitivamente en 1.971 de Andréi Tarkovski. Por ese motivo se escribe un nuevo guión rubricado por el mismo Konchalovsky y Valentin Yezhov, pudiéndose formar un amplio equipo artístico y técnico donde destacaban las personalidades de Erik Waisberg como productor, Levan Paatashvili como operador jefe, Eduard Artemyev como compositor de la banda sonora, la ya veterana Valentina Kulagina como editora, así como un amplio elenco actoral en que descollaban principalmente los nombres de Vladimir Samoilov, Natalia Andrejchenko, Nikita Mijalkov, Vitali Solomin, Sergéi Shakurov, Lyudmila Gurchenko, Igor Ojlupin o Iván Dmitriyev.

Se le dio el epígrafe de «Sibiriada», traducido al castellano como «Siberiada», quizás en consonancia con las grandes épicas del pasado. El reconstruido libreto de la mano de Konchalovsky y Yezhov requirió una gran complejidad, ocasionando una larga elaboración de casi dos años, donde se intenta relatar las vivencias de dos familias con diferentes niveles socio-económicos, los Salomin y los Ustuizhanin , residentes en un pequeño poblado al este de Rusia, con una crónica que abarca desde principios del siglo XX hasta los procelosos 60 y dividiendo la narración en episodios, llevando los nombres de los principales protagonistas («Afanasi», «Anastasia», «Nikolái», «Taya», «Alekséi» y «Filip»). La revolución de 1.917 será un revulsivo para la pequeña comunidad, recibida con honda esperanza y alegría por parte de los más pobres, aunque pronto todos sufrirán las consecuencias trágicas de las luchas civiles, como la deportación y muerte de Afanasi Ustuizhanin por parte de los reaccionarios; en el periodo de consolidación del socialismo, las dos parentelas se enfrentan de nuevo por el amor incomprendido entre Nikolái Ustuizhanin, hijo de Afanasi y la vehemente Anastasia Sólomina fallecida poco tiempo después en extrañas circunstancias, por lo que su hermano Spirindón asesina a Nikolái creyéndole culpable del suceso. Ante la invasión alemana de 1.941, Alekséi el hijo de Nikolái, se alista en el «Ejército Rojo» y en medio de una cruenta batalla salva la vida a Filip Salomin, hecho que provoca la reconciliación entre los dos contumaces clanes; finalmente en 1.965 un Alekséi de mediana edad, promueve una serie de prospecciones con el objetivo de encontrar petróleo, sufriendo la oposición por parte de las autoridades del «Kremlin», obstinadas en inundar la zona para la construcción de un gran embalse, pero gracias a los buenos oficios de Filip, ahora destacado miembro del «Politburó», este ultimo proyecto es desestimado. Algún tiempo después Alekséi localiza un importante yacimiento de crudo, una muy buena noticia para el desarrollo de la zona.

Posteriormente se inicia un arduo rodaje debido a la duras condiciones climáticas y lo enrevesado de la trama, así como la notable pléyade de técnicos y figurantes presentes. El propio acabado también resultó muy embrollado por la dificultosa forma expresiva creada por el realizador. La película se presentó oficialmente el 10 de mayo de 1.979 en el Festival de Cannes, obteniendo el «Gran Premio del Jurado», el segundo galardón más prestigioso del citado certamen de la «Costa Azul». El 10 de enero de 1.980 es estrenada en cines de la Unión Soviética.

Simbolizaba el séptimo largometraje de Andréi Konchalowski, nacido en Moscú el 25 de agosto de 1.937, hijo del reputado literato Serguéi Mijalvkov, autor de las letras del antiguo himno soviético y del actual ruso, basadas en la misma partitura de Aleksandr Aleksánrov; estudiante de piano en el conservatorio de la capital, opta por entrar de lleno en el sector audiovisual al hacerse íntimo amigo de Tarkovski, escribiendo juntos el libreto de «Andréi Rubliov» y debutando como director con «El primer maestro» en 1.965, cuya acción se desarrolla en Kirguistán durante la guerra interna entre rojos y blancos, a la que continua con «La felicidad de Asia» en 1.967, una descripción naturalista de la dura vida en un Koljós y donde firma por primera vez con el apellido de su madre para diferenciarse artísticamente de su padre y hermanos, siguiendo con «Tio Vania» en 1.967, interesante adaptación de la conocida pieza de Antón Chejov, «Nido de nobles» en 1.969, un folletín decimonónico y «Romance de enamorados» en 1.974, inédito y raro musical.

En «Siberiada», el realizador moscovita nos muestra todo un cosmos creativo donde la misma naturaleza adquiere un inusitado protagonismo, dentro de unos postulados auténticamente panteístas y agenciando un estatus de sujeto en la narración; para ello Konchalovski se sirve de un enconado virtuosismo, extremadamente minucioso, con argumentos e ideas entrelazadas como si fuera un fino tapiz.

Con todo es un producto arrollador y en cierto modo atrevido, incluso para estándares occidentales, no impidiéndole estar provisto de una gran lógica interna. Hay una maravillosa descripción de ámbitos y personajes, dentro de un ritmo cadencioso, imitando el fluir del medio ambiente.

La duración de 275 minutos, poco comercial para salas de exhibición, permite en cambio una mayor minuciosidad, sin poder omitir ningún elemento, aunque cierta «Critica» especializada ve en este aspecto una falta de síntesis y concisión lastrando el mismo argumento, aunque yo personalmente, la considero como el exponente de una gran virtud, al intentar buscar un lenguaje verdaderamente cinematográfico, libre del academicismo heredado de las artes escénicas.

El guión de Konchalovski y Yezhov es vigoroso, donde el escenario cerrado y endogámico de una perdida aldea, se convierte en el verdadero microcosmos de la nación rusa, habitado por personas violentas y apasionadas, inmersas en un torbellino emocional y en abierta confrontación con la naturaleza, transformándose todos estos factores en una verdadera leyenda; por otra parte podemos observar una serie de referencias ideológicas, aunque servidas de formas muy sutiles, incluso encriptadas. La fotografía de Paatashvili está dotada de una llamativa magnificencia plástica, mezclando exotismo y realismo, incluyendo de vez en cuando, fotogramas en blanco y negro, la banda sonora, surgida de la batuta de Artemyev, es deliciosa, cuyos apuntes fueron incluidos en 2.014 para la ceremonia de apertura en los «Juegos Olímpicos de Invierno» en la localidad de Sochi y el montaje de Kulagina resulta ante todo eficaz, teniendo en cuenta su evidente dificultad.

Los trabajos de todos los intérpretes son esmerados, destacando a Vladimir Samoilov, en el rol de Afanasi, provisto de carisma y contundencia, Natalia Andrejchenko encarnando a Anastasia, extremadamente primorosa y efusiva, Nikita Mijalkov hermano de Andréi, en la piel de Alekséi, uno de los más reputados ejecutantes del país y que había debutado, esta vez tras las cámaras en «En casa entre extraños» en 1.974, uno de aquellos insólitos «Westerns» soviéticos rodados en Asia Central, mostrándose perspicaz y dadivoso; por otra parte no podemos olvidar las glosas provistas de compostura en los casos de Vitali Salomin caracterizado en Alekséi y Sergéi Shakúrov acreditado como Sperindón.

El éxito sin precedentes en Occidente del filme de Konchalovski le abre las puertas de Hollywood, un caso extraño para un director de nacionalidad soviética en plena guerra fría y sin estatus de refugiado político en Norteamérica. En 1.984 estrena el drama «Los amantes de María» y en el ejercicio siguiente logra la comercialización de «El tren del infierno», una marcada cinta de acción, continuando por estos derroteros con «Tango y Cash» en 1.989, protagonizada por Sylvester Stallone y Kurt Russell; con la caída de la Unión Soviética regresa a su patria, siendo el responsable de significativos títulos como «El circulo del poder» en 1.991 o «Dom Durakov» nominada a «Mejor Película en lengua extranjera» de la noche de los «Oscars» en 2.003.

One Response to “Siberiada.”

  1. Sabe reflejar la alma rusa, que permanecía intacta a pesar del totalitarismo soviético.

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