El paciente inglés.

jueves, enero 18th, 2018

Podemos encontrarnos con un filme lleno de elementos inauditos y atípicos, a medio camino entre las grandes superproducciones y el cine independiente, compaginando sensibilidad y cierta dulzura en medio de un escenario bélico y en ocasiones deshumanizado, aparte de buscar el enrevesado camino entre lo comercial y lo profundo, muy pocas veces rematado con buenos resultados.

Surgida en un principio como un propósito personal de Anthony Minghuella de llevar al «Séptimo Arte» la monumental novela «The English Patient», traducida en la lengua de Cervantes como «El Paciente Inglés», del autor de nacionalidad canadiense nacido en la actual Sri Lanka Michael Ondaatje, publicada en 1.992. Minghuella venido al mundo el 6 de enero de 1.954 en la turística isla de Wight en el seno de una familia de emigrantes italianos; estudiante de arte dramático en la inglesa universidad de Hull durante los 70, empieza a trabajar como realizador para la televisión a partir de los 80, dando el salto a la «Gran Pantalla» con la irreal comedia «Un fantasma enamorado» estrenada en 1.990, glosada por una carismática pareja formada por Juliet Stevenson y Alan Rickman, cosechando un buen resultado en taquilla.

Completamente determinado a que la adaptación de la obra de Ondaatje se convirtiera en su segundo largometraje como director, él de Wight consigue la difícil financiación de la británica «Tiger Moth Proctutions», junto a la estadounidense «Miramax Films», comprometiéndose los ejecutivos de esta ultima compañía de ejercer igualmente la distribución, elaborando un guión al lado del mismo Ondaatje y contando con la producción de Saul Zaentz, Paul Zaentz, Steve E. Andrews, Scott Greenstein, Bob Weinstein y él ultimamente muy controvertido Harvey Weinstein, la fotografía del australiano John Seale, los decorados de Stuart Craig y Stephanie McMillan, el vestuario de Ann Roth y Gary Jones, la banda sonora original del libanés afincado en París Gabriel Yared, el sonido de Mark Berger, Christopher Newman, David Parker y Walter Murch, encargado así mismo del montaje; se busca un casting variado y llamativo con la presencia de Ralph Fiennes, Kistin Scott Thomas, la francesa Juliette Binoche, Willem Dafoe, Naveen Andrews, Colin Fith, el alemán Jürgen Prochnow o Julian Wadham.

Con un rodaje difícil por la condiciones meteorológicas en suelo tunecino, continuado posteriormente en la hermosa y luminosa Toscana, la rutilante Venecia y los míticos estudios de «Cinecittà» de Roma; tras su acabado, la cinta es oficialmente presentada cara al publico el 15 de noviembre de 1.996, en la ciudad de Los Angeles con el objetivo de entrar en la carrera de los «Oscars» del año siguiente y con posterior «première» londinense unas pocas semanas después.

Se puede contemplar una semblanza centrada en los duros días de la II Guerra Mundial, trasladando al espectador a un monasterio abandonado en Italia, donde una enfermera quebequense llamada Hana atiende a un hombre enteramente quemado del que no se conoce su identidad verdadera y en cuya ficha médica sólo figura el epígrafe de «El paciente inglés», ya que se cree que puede ser un aviador de la RAF. A través de una serie de analepsis se va averiguando, como a borbotones, la historia del doliente, un cartógrafo húngaro de familia noble, el conde Lászlo Almásy, integrante en la años 30 de una expedición en Egipto por parte de la «Royal Geographical Society» en búsqueda de yacimientos de arte rupestre en el desierto; el proyecto recibe un notable impulso con la aportación económica del matrimonio británico formado por Geoffrey y Katherine Clifton, siendo los dos, a partir de entonces, una pieza importante dentro del grupo. Lászlo y Katherine comienzan un romance secreto y a pocas semanas antes del inicio de la contienda en Europa, se descubre la famosa veta denominada a partir de entonces como la «Cueva de los nadadores». Estallada la guerra que significa el fin de las exploraciones y el regreso de todos los integrantes a El Cairo por medios aéreos; Geoffrey a bordo del aparato en pleno vuelo, se entera de la infidelidad de su esposa y en una acto de locura momentánea hace estrellarlo encima del mismo campamento de Lászlo, ocasionando su misma muerte y dejar a Katherine mal herida. El conde húngaro lleva a la mujer a la gruta revelada por él, con el objetivo de protegerla del sol abrasador y le deja comida y agua para unos días y debido a que el «De Havilland DH.82» presente en la base no tiene gota de combustible, comienza a pie una espeluznante travesía hacia el lugar habitado más cercano. Llegado a una población tomada por el ejército británico pronto es detenido por las autoridades acusado de combatiente enemigo e internado en una prisión militar pero Lászlo se escapa y busca refugio tras la lineas de la «Afrika Korps», allí el magiar negocia con los alemanes y a cambio de mapas pide que se le facilite gasolina; llegado de nuevo a la cripta, se da cuenta que Katherine ha fallecido, coloca su cuerpo en el avión y intenta retornar a la capital egipcia, pero el aeroplano es interceptado por las baterías teutonas; completamente desfigurado, Lázslo es rescatado por miembros de una tribu beduina, pasando algun tiempo después a los cuidados de la sanidad militar británica. Hacia el final llega al vetusto convento un extraño personaje con formas de mendigo, dándose conocer como Caravaggio, buscando venganza en el dañado Lázslo, ya que cree que debido a la revelaciones de éste a los alemanes, fueran el motivo de las crueles torturas infringidas por los agentes de la «Abwehr» en su persona.

Con la mudanza de todas estas sensaciones a rollos de celuloide, podemos encontrarnos con un producto muy bien llevado, lleno de exquisitez, contención, elegancia, belleza y sensualidad; se consigue transmitir magia y lirismo en estado puro, dentro de un romanticismo a flor de piel pero que nunca resulta empalagoso.

La emoción está presenta en cada momento, en parte gracias a la misma reflexión sobre el hecho amoroso, provisto de un notable elemento pasional, en ocasiones transformado en un sordo desgarro y siempre presente como epicentro de la existencia de los humanos, fundiéndose finalmente de forma majestuosa entre los sueños y los recuerdos.

Minghuella es capaz de conquistar el «Respetable» con una serie de recursos cinematográficos provistos de indudable encanto, gracias a escenas muy bien logradas, dotadas de gran fuerza y realismo, elaboradas en una auténtica sinfonía visual, pudiéndose captar un atractivo e insólito goce de los sentidos; el realizador provoca al espectador al verse involucrado en la misma descripción, logrando una interrelación pocas veces vista en el Cinema contemporáneo.

Es sumamente significativo en este filme la perfección artística y técnica de todo el equipo humano, pareciendo estar inmersos en una auténtico estado de gracia. El libreto de Minghella y Ondaatje es brillante y seductor, tejiendo una fábula que va más allá del mismo concepto histórico y geográfico, los fotogramas de Seale están llenos de inusitada magnificencia, tanto en su reflejo de un paisaje hermoso y hostil como de interiores de llamativo intimismo, la ornamentación de Craig y McMillan refleja hechizo, la guardarropía de Roth y Jones es especialmente sugerente, la musicalización de Yared se adapta perfectamente al relato, el sonido de Berger, Newman, Parker y Murch es un complemento eficaz al desarrollo dramático, la edición de Murch está especialmente bien lograda, teniendo en cuenta su gran complejidad.

En las actuaciones de los figurantes hemos de tener en cuenta a Ralph Fiennes, muy creíble en su rol del aristócrata decadente y atormentado Lázslo, superando imaginativamente en algunos aspectos a su irrepetible recreación de Amon Gött en «La lista de Schindler» de Steven Spielberg en 1.993, a Kristin Scott Thomas, transfigurándose en Katherine, dentro del mejor papel de toda su carrera, a Juliet Binoche, dando vida a Hana especialmente encantadora, a Willen Dafoe, encarnándose en Caravaggio y convertido en un auténtico monstruo de la escena y a correctos secundarios como Naveen Andrews y Colin Firth.

Desde su temprana comercialización, la cinta logra un inusitado éxito en taquilla, como de reconocimiento académico, siendo la gran triunfadora en la gala de los «Oscars» en 1.997, acaparando los galardones de «Mejor Película», «Mejor Dirección» en Anthony Minghuella, «Mejor Actriz de reparto» en Juliette Binoche, «Mejor Fotografía» en John Seale,»Mejor Dirección Artística» en Stuart Craig y Stepanie McMillan, «Mejor diseño de Vestuario» en Ann Roth, «Mejor Banda Sonora» en Gabriel Yared «Mejor Sonido» en Mark Berger, Christopher Newman, David Parker y Walter Murch y «Mejor Montaje» en Walter Much. En los «BAFTA», los premios de la Academia Británica del Cine y la Televisión del mismo ejercicio, prácticamente consigue el mismo palmarés, dentro de la especialidades de «Mejor Película», «Mejor Actriz de reparto», «Mejor Banda Sonora original», «Mejor Guión adaptado» y «Mejor Montaje».

Es en 1.999 cuando cuando Anthony Minghuella regresa a la realización con «El talento de Mr, Ripley», adaptación de la famosa novela de Patricia Highsmith publicada en 1.955 y protagonizada por un atractivo trío formado por Matt Damon, Gwyneth Paltrow y Jude Law, continuando en 2.003 con «Cold Mountain», describiendo una historia de amor en medio de la guerra civil norteamericana, destacando de nuevo en su actuación principal Jude Law, teniendo como «partenaire» a Nicole Kidman y en 2.006 logra poner en marcha «Breaking and Entering» el drama de una pareja en el Londres de los años más próximos, con el sempiterno Jude Law, acompañado esta vez por Robin Wright, suponiendo la ultima película del cineasta británico ya que muere en la capital del Reino Unido en la mañana del martes 18 de marzo de 2.008 tras unas complicaciones surgidas durante una operación de cáncer de amígdalas y cuello.

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