La ultima carga.

domingo, septiembre 17th, 2017

La denominada «Guerra de Crimea» fue un conflicto armado de carácter internacional desarrollado durante los años de 1.853 a 1.856 entre una coalición formada por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, el Imperio francés, el Imperio otomano y el reino de Cerdeña contra el Imperio ruso en alianza con el reino de Grecia; Las causas de esta conflagración hay que buscarlas en el expansionismo ruso tanto en los Balcanes como en el Cáucaso a expensas de los turcos, visto con indisimulado recelo por parte de las potencias europeas occidentales. El «Casus Belli» surge por los incidentes entre clérigos católicos contra ortodoxos por el control de los «Santos Lugares» en Palestina bajo soberanía otomana, comenzando las hostilidades en las áreas del delta del Danubio y en Georgia, para trasladarse después a la península de Crimea por el temor aliado a la poderosa flota rusa del mar Negro.

Tras el desembarco de británicos, franceses, turcos y sardos en la zona, la batalla más significativa o por lo menos con mayor transcendencia en el acervo popular, fue la de Balaclava el 25 de octubre de 1.854, en que se produce un acto casi sin precedentes, donde una brigada ligera de caballería británica comisionada al general James Thomas Burdenell, 7º conde de Cardigan y con el mando directo del general George Charles Bingahm, 3º conde de Luncan, recibe por parte de FitzRoy Somerset, 1º barón de Ranglan, comandante en jefe del cuerpo expedicionario, la orden de cargar contra las posiciones rusas de artillería, siendo expuesta a un fuego intenso y pudiendo al final desbordar esos emplazamientos y ocasionando a la unidad un total de doscientas bajas.

Este hecho, visto como un genuino ejemplo de arrojo y bravura, muy pronto provocó una reacción de patriotismo y nacionalismo en todas las clases sociales de Gran Bretaña, fomentado por la propia Corona y el gabinete del primer ministro Lord Palmerston e inspirando al literato Alfred Tennyson un poema de glorificación de los combatientes, haciéndolo llamar como «The Charge of the Light Brigade» («La Carga de la Brigada Ligera»), publicado por primera vez el 9 de diciembre del año en curso en el diario «The Examiner», alcanzado esta composición una fuerte repercusión colectiva y ser considerada algún tiempo después para la categoría de un clásico; durante décadas todos los escolares del Reino Unido y sus dominios de ultramar tuvieron que aprenderse de memoria estos versos, un verdadero icono de la etapa victoriana.

Es en 1.936 cuando Hollywood intenta reproducir estos eventos bélicos para la «Gran Pantalla» en una producción con el mismo encabezamiento del celebre cántico, dirigida por el húngaro nacionalizado estadounidense Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn y Olivia de Haviland; un trabajo imbuido de heroísmo y testosterona militarista, en que se mezclan sin rubor con los conservadores elementos de la literatura más pro-colonialista del siglo XIX.

Esta visión épica fuertemente enraizada en la memoria colectiva de los países anglo-sajones, sufre un fuerte quebranto con la publicación en 1.953 de «The Reason Why» de la historiadora Cecil Woodham-Smith, donde denuncia la negligencia por parte de los altos mandos, aparte de una insana rivalidad entre Lord Lucan y Lord Ranglan, cuñados y enemigos jurados durante más de 30 años; el orgullo mal entendido y la vanidad entre los dos aristócratas llevaron a sus hombres al desastre con un importante sacrificio en vidas humanas.

A finales de los 60 Tony Richardson, en aquel momento unos de los realizadores cinematográficos más consagrado de las «Islas» y anterior responsable de significativos trabajos como «Mirando hacia atrás con Ira» en 1.958, «El animador» en 1.960, «Tom Jones» en 1.963, o «Los seres queridos» en 1.965; apuesta por poner en práctica una nueva adaptación al «Séptimo Arte» de los acontecimientos decimonónicos pero teniendo en cuenta los estudios de Woodham-Smith y para ello se sirve de la financiación de la «Woodfall Film Productions», junto con la importante distribución de la estadounidense «United Artists».

AL principio se elabora un guión donde intervienen Richardson y su colaborador habitual, el dramaturgo John Osborne, pero desacuerdos entre los dos amigos provoca que el segundo abandone el proyecto y sea sustituido por Charles Wood. Se completa el equipo con las incorporaciones de Edward Marshall como decorador, de David Watkin como operador jefe, de Jonh Addison como compositor de la banda sonora y de de Kevin Brownlow como montador. Finalmente se opta por un reparto coral que incluye a afamadas figuras como Trevor Howard, John Gielgud, Vanessa Redgrave, Harry Andrews, Jill Bennet, David Hemmings, Alan Dobie o Norman Rossington. Como novedad se incorpora la utilización de animaciones tanto en los títulos de crédito como en partes del metraje, surgidas de la inspiración de Richard Williams y contando con la colaboración, en aquel momento casi desconocido, grupo de humor «Monty Python».

Con rodaje en suelo inglés en los distritos de Carlton House Terrace y Saint James’s de Londres, junto con Aldershot en Hampshire y en ignotos parajes de la llanura costera turca; finalmente la película puede ser estrenada en la capital británica el 11 de abril de 1.968, siendo un importante evento para la sociedad londinense del momento. En el mundo hispánico se le dio el epígrafe de «La ultima carga» para diferenciarla del filme de Curtiz .

En su acabado final el espectador puede vislumbrar un producto lleno de calidad y enjundia, dotado de una gran belleza formal, arropada en una intensa sensibilidad que en momentos clave, se convierte todo en una verdadera curiosidad cinematográfica; el director expresa unos sentimientos encontrados y los puede describir con una amplia gama de imágenes pretenciosas, logrando recrearse en la magnificencia de las tomas.

Podemos encontrarnos con un llamativo tono cáustico, transformado en partes en amarga ironía y llegando al final en una clase de sátira que toma formas burlescas, tanto es así que muchos han visto en esta cinta un ejemplo significativo del gracejo más surrealista; ideológicamente la cinta se convierte en una mordaz crítica del militarismo, con fuerte reivindicación social, expuesta con cierta ira y apreciable rebeldía comprometida, contando a sus responsables notablemente sugestionados por el espíritu de la época, del nacimiento de la cultura «underground» y en vísperas del levantamiento de los adoquines en París.

Se nos describen unos jefes militares incompetentes, provistos de gran miseria moral, completamente indiferentes a la miseria y dura existencia de los elementos de tropa y sin ningun tipo de valoración por las existencias ajenas. Richardson urge en las siempre absurdas conciencias mesiánicas, huyendo de cualquier pomposidad castrense, exponiendo un cosmos en que no existe un ápice de gloria ni valor, donde los sacrificios, aunque sean memorables, siempre son inútiles.

Creativamente la obra se divide en dos partes perfectamente definidas; en la primera predomina un cadencia más lenta, con un mayor surtido de pláticas y escenarios interiores, en la segunda el ritmo se desata por completo con las escenas bélicas y accediendo a mayores cotas artísticas. El libreto de Richardson y Wood está lleno de encanto, prevaleciendo la agudeza y mordacidad en los diálogos; los carteles de Williams con las aportaciones de los «Monty Python», a medio camino entre el realismo social y la psicodelia sesentera, están fuertemente inspirados en los ejemplares del «Punch», en un auténtico homenaje al humor gráfico; la ambientación de Marshall es sencillamente soberbia, la fotografía de Watkin es naturalista y llamativa, la música de Addison llega a una altura de gran inventiva, gracias a una ducha combinación entre fanfarrias marciales, melodías dramáticas y aires osados, al lado de una edición de Brownlow muy artera y eficaz.

Entre los ejecutantes destacan sin lugar a dudas las interpretaciones de Trevor Howard, John Gielgud y Vanessa Redgrave, que precisamente se divorció de Tony Richardson en pleno rodaje y donde las hijas de ambos, las futuras actrices Natasha Richardson y Joely Richardson, siendo aún unas niñas de corta edad, intervienen las dos en un curioso cameo. Sería enormemente injusto olvidarse de los cometidos dentro de una gran compostura formal por parte de Harry Andrews, Jill Bennet y David Hemmings.

La película desde su primera comercialización oficial alcanzó un importante apoyo por parte del «Respetable» tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, donde algunas susceptibilidades encontraron paralelismos con la contemporánea intervención en Vietnam. Para los premios BAFTA, de la Academia Británica del Cine y la Televisión, en la ceremonia en 1.969, «La ultima carga» obtuvo un total de seis nominaciones.

Finalmente hemos de destacar que el lance de Balaclava también sirvió de base a interesantes proyectos de música popular como el disco de 1.968, justamente con la misma denominación de la ciudad crimea, del grupo psicodélico norteamericano «Pearls Before Swine» y al sencillo «The Trooper» de la banda de Heavy Metal «Iron Maiden» perteneciente al LP de 1.983 «Piece of Mind».

One Response to “La ultima carga.”

  1. Después de «Johnny cogió su fusil», la mejor película anti-militarista. Aunque desde mi punto de vista el sarcasmo empeora algo el material.

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