Fresas Salvajes

sábado, septiembre 9th, 2017

Estrenada oficialmente en la ciudad de Estocolmo el 26 de diciembre de 1.957, titulada en lengua sueca como «Smuntronstället», cuya traducción literal al castellano es «Fresas Salvajes», aunque para los más versados en la cultura y tradiciones del país nórdico el término también puede simbolizar algo como un paraje natural aislado y lleno de encanto; representaba la 18 obra como realizador de Ingmar Bergman, que ya había demostrado toda su valía artística y creativa en anteriores trabajos como «La sed» en 1.949, «Esto no puede ocurrir» en 1.950, «Un verano con Monika» en 1.953, «Sonrisas de una noche de verano» en 1.955 o «El séptimo sello» en 1.956, catapultándole como uno de los cineastas más interesantes de toda su generación y un auténtico clásico viviente.

Contando con el apoyo económico de la «Svensk Filmindustri» y de la distribución de la «AB Svensk Filmindustri», filial de la primera, la producción ejecutiva de Allan Ekelund, la fotografía de Gunnar Fischer, la banda sonora original de Erik Nordgren, la edición de Oscar Rosander, así como un sugestivo y largo reparto en que destacaban las personalidades de Victor Sjöström, Ingrid Thulin, Bibi Andersson, Gunnar Björnstrand, Jullan Kindahl, Folke Sundquist, Björn Bjelfvenstam o Max von Sydow.

Con un guión escrito por el propio Bergman, con estructura y trama extremadamente coherente, se cuenta las peripecias de Isak Borg, un eminente científico y docente de 78 años de edad que se dispone a viajar desde Estocolmo a Lund para ser investido como «Doctor Honoris Causa» por la Universidad de esta ultima ciudad, donde reside su hijo Evald igualmente catedrático. Desde hace unos pocos días, su nuera, la elegante, triste y a la vez cálida Marianne, se ha instalado en casa del viejo profesor tras una grave discusión con Evald y ante el anuncio del nombramiento, decide acompañar a su suegro en el periplo para así poder encontrarse de nuevo con su marido y buscar una solución a su crisis de pareja: tras una macabra pesadilla, el anciano decide ir la urbe del sur de la nación por carretera en vez de avión. En la travesía el docente recordará pasajes de su vida intercambiándose con sueños y a la par recogerán a tres jóvenes autoestopistas que se hacen llamar Sara, Anders y Viktor, llenos de jovialidad y energía, tendrán un pequeño percance automovilístico con Sten y Berit, una convencional pareja de mediana edad, repostarán en una gasolinera donde el empleado reconocerá al veterano erudito, manifestándole su honda admiración por sus investigaciones y se pararán para ver a la anciana madre de Isak, que reprochará a Marianne por no tener hijos con su nieto Evald. Finalmente en Lund, se despiden de los tres muchachos y Isak decide reunirse con Evald para intentar salvar el matrimonio de su vástago.

En el resultado final el espectador puede comprobar una lúcida reflexión vital, en un interesante planteamiento fílmico, que con una aparente sencillez formal alcanza resultados de gran profundidad intelectual e inventiva, dentro de un anhelo provisto de gran ambición, surgiendo una serie de preguntas sin respuestas, dentro de un universo brillante y equívoco lleno de aflicciones existencialistas.

Se observa una aguda cavilación sobre temas universales como el paso del tiempo, la muerte, la vejez, el amor, el desamor, el remordimiento, la culpa, la nostalgia la existencia de Dios, la soledad, el abandono, la convivencia intergeneracional; en una exhibición exhautiva de un complejo mundo interior, forjado en una presencia llena de altibajos y donde su verdadero lado humano sale a flote, combinando las propias realidades objetivas y subjetivas; se nos antoja uno de las piezas más frescas del genio de Upsala donde se muestra exhaustivamente honesto tanto desde un punto de vista inventivo como vital.

Todo se convierte en una hermosa y profunda metafóra humanística, en el cual el propio creador se interroga con zozobra pero a la vez con perspectiva sobre el sentido de esta realidad terrenal; por otra parte se manifiesta someramente enraizado en la tradición escandinava provista de símbolos y parábolas, en que se mezcla sin rubor los elementos paganos de los antiguos nórdicos con la teología luterana más incisiva, provocando finalmente que se pueda llegar más allá de la inherente semblanza narrada.

Con unos personajes carismáticos llenos de vida, que se expresan en una espontaneidad digna de enjundia, adornados con una importante densidad transcendental y pobladores de un cosmos donde conviven con espectros metafísicos que no saben o no pueden distinguir el pasado del presente; estos sujetos aspiran en su fuero profundo en alcanzar una verdad suprema y transcendental, aunque a veces se abandona esos anhelos y chocan en la terquedad y la debilidad del ser humano.

A pesar de ser un filme eminentemente de autor, no podemos olvidarnos de la labor de todos los colaboradores descollando una pulcra y llamativa fotografía en blanco y negro por parte de Fisher, la sutileza de la musicalización de Nordgren y con un montaje de Rosander lleno de clarividencia. En cuanto al plantel de ejecutantes, hay que distinguir las interpretaciones de Victor Sjöström, una de las más grandes figuras cinematográficas de Suecia, conocido más bien por su faceta de director y responsable de sobresalientes títulos como «Thérese» en 1.916 «La carreta fantasma» en 1.921 o «El señor de Man» en 1.924; en esta cinta de Bergman, Sjöström (Isak Borg) revela una versatilidad enorme como actor, cargando en su personaje la pesadumbre del hombre occidental contemporáneo, a lo que unimos las glosas casi perfectas de Ingrid Thulin (Marianne), llena de capacidad intuitiva, a Bibi Anderson (Sara) en una explosión de contundencia, así como la fuerte corrección formal de Gunnar Björnstrand (Evald), Folke Sundquist(Anders), Björn Bjelfvenstam (Victor) y Naima Wifstrand (Madre de Isak).

Desde su primera comercialización la película obtuvo una buena respuesta de público y «Crítica», aparte de importantes reconocimientos académicos como el «Oso de Oro» del festival de Berlín de 1.958, «Mejor Filme Europeo» de los premios «Goldi» de la academia de artes cinematográficas danesa de aquel año, «Mejor Cinta en Lengua no Inglesa» de los «Globos de Oro» en 1.960 y en ese mismo ejerció Ingmar Bergman estuvo nominado como «Mejor libretista Original» para la ceremonia de los «Oscars» pero finalmente él de Upsala renunció a su presencia en Norteamérica.

En las ultimas décadas «Fresas Salvajes» ha tenido una notable influencia en realizadores de la talla de Woody Allen, en conocidos películas del neoyorkino como «Memorias de un seductor» en 1.980, «Otra Mujer» en 1.988, «Delitos y Faltas» en 1.989 y «Desmontando a Harry» en 1.997. A este lado del charco inspiró a producciones recientes con guión del propio Bergman «Las Mejores Intenciones» en 1.991 del danés Bille August, basado en la historia de los padres del ocurrente creador, «Niños del domingo» en 1.992 de Daniel Bergman, hijo de Imgmar, sobre la infancia del primero y «Encuentros Privados» en 1.996 e «Infiel» en 2.000, dirigidos por la que fuera la pareja sentimental del autor, la noruega Liv Ullmann, en sendos dramas sobre el adulterio.

One Response to “Fresas Salvajes”

  1. Es una película muy fresca y dinámica , algo que no se dá en otras cintas de Bergman.

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