Andrei Rublev

viernes, agosto 4th, 2017

Con esta producción soviética dirigida por Andréi Tarkosvi podemos observar un trabajo colosal, lleno de creatividad y buen hacer, en una auténtica reflexión sobre el artista ante el mundo y su lucha por la individualidad y excelencia; lo cierto es que el indisimulado sesgo nacionalista ruso, la reiteración de una imaginería religiosa y la crítica velada a la represión de la libertad de expresión, disgustó enormemente a los principales responsables culturales del régimen comunista, obstinándose en poner trabas a la película desde el inicial acabado. Empezada a rodar en 1.965, se exhibió por primera vez en Moscú en 1.966, en un pase particular ante miembros del «Comité Estatal de Cinematografía» más conocido como «Goskino», el organismo encargado de la producción y distribución de filmes en la U.R.S.S y decidiendo ulteriormente su responsables hacer una purga de los elementos menos marxistas; en 1.969 participó en la sección oficial del «Festival de Cannes», aunque por presiones de la embajada moscovita fue mostrada a la ocho de la mañana y en el ultimo día del certamen, logrando a pesar de ello el «Premio FRIPESCI», el de la «Federación Internacional de críticos» de aquel ejercicio; Finalmente se estrena en salas de la Unión Soviética a partir de 1.971, en una versión donde se tenía en cuenta la depuración realizada por las autoridades.

Andréi Tarkosvi naciera en el villorio de Zavrazhye, en el Oblast de Ivánovo, el 4 de abril de 1.932, siendo hijo del aclamado poeta Arseny Tarkovsky; estudiante de la prestigiosa «Universidad Panrusa Guarásimov de cinematográfia» desde 1.954, consiguiendo en 1.962 filmar su primer largometraje con el epígrafe de «La infancia de Iván», un drama infantil en medio de la II Guerra Mundial, acaparando el «León de Oro» «del Festival de Venecia» de aquel año; posteriormente intenta llevar a la «Gran Pantalla» una adaptación de «El Idiota» de Fiódor Dostoyevski, que quedó en «aguas de borrajas» por falta de presupuesto, continuando después con un nuevo propósito que entrañaba la traslación del «Evangelio de San Lucas» al cinema y sufriendo el veto gubernativo por separarse del ateísmo oficial del estado.

Pero para el proyecto de «Andrei Rublev» obtiene, por lo menos desde un principio, una mejor consideración pública, con el apoyo económico de la estatal «Mosfilm» y agenciándose un llamativo equipo humano formado principalmente por Tamara Ogorodnikova como productora ejecutiva, el operador Vadin Yusov, con la escenografía de Euvgueni Tcherniaev, Vyacheslav Ovchinnikov componiendo la banda sonora original, un libreto firmado por el mismo Tarkosvi en compañía de Andrei Konchalovsly, con una edición de Tatyana Egorycheva, Lyudmila Feiginova y Olga Shevkumento y terminando con un gran reparto actoral donde destacaban las presencias de Anatoly Solonitsyn, Ivan Lapikov, Nikolai Grinko, Irma Raush, Nikolai Sergeyev o Nikolai Burlyavey.

Se nos presenta una biografía poco convencional del religioso ortodoxo y pintor ruso del siglo XV Andrei Rublev, llamado el «Giotto eslavo» por la expresividad de su obra y profundad espiritualidad, siendo testigo, en la mayor parte de las veces incómodo, de un periodo turbulento, lleno guerra y violencia ocasionado por las invasiones tártaras y los enfrentamientos internos entre boyardos, sucediéndose unas historias independientes, tituladas como «El bufón», «Teófanes el griego», «La pasión según Andrei», «La fiesta», «El juicio final», «La incursión», «El silencio» y «La campana», donde no existe ningún tipo de orden cronológico y en diversas ocasiones el mismo personaje de Rublev no es el principal protagonista de la acción y resultando a la larga un viaje, a veces iniciático a una Edad Media convulsa llena de sangre, violencia y horror.

Tarkosvi nos ofrece una cosmovisión completamente individualista, en una auténtica catarsis personal, con una filosofía y propuesta creativa de la expresión de la lucha del artista universal, independiente del tiempo y del lugar, contra la inherente realidad socio-política; es el concepto romántico del ingenio, que infinidad de veces se ha intentado plasmarlo pero en pocas ocasiones se ha logrado alcanzarlo. Hay indudablemente una búsqueda de un virtuosismo transcendental, donde se llega hasta las ultimas consecuencias de una certera meditación poética-plástica.

Nos encontramos con un filme medido y justo, visualmente extraordinario y grandioso, en ocasiones tortuoso, pero siempre profundo, con momentos de enorme belleza, obstinándose el autor en huir de los clichés y lugares comunes, dejando atrás todo lo convencional; él de Zavazshye demuestra ser un creador irreductible, inventado un lenguaje cinematográfico único, liberado de las artes escénicas y la creación literaria, donde no quiere explicar ni argumentar nada pero actúa sobre los sentimientos más profundos del espectador, encontrando una conexión mutua.

Podemos deleitarnos con un trabajo portentoso, donde todo es sublime, en que nada falta y apenas sobra, con un control por parte del director de los detalles más mínimos, en un tipo de cine contemplativo, lento y detallista, surtido con el guión del mismo Tarkosvi al lado de Konchalovsly, que construye un análisis de la época y subjetivamente se puede ver reflejadas referencias contemporáneas, dentro de un espíritu descorazonador como optimista, con ansias colectivas sobresaltadas por el encuentro no siempre fortuito de la soledad, surtiéndose de una doble línea temática entre la crisis creativa y el mal que se capta en el mundo.

La fotografía en blanco y negro de Yusov es simplemente genial, reservándose sólo el color para los títulos de crédito finales con la exposición de conocidos iconos de Rublev como «La Trinidad», «El nacimiento de Jesús», «La Anunciación» y «Cristo Redentor», recurso que sería imitado en la monumental «la lista de Schindler» de Steven Spielberg, a lo que unimos la puesta en escena grandiosa de Tcherniaev, un montaje maravilloso por parte de Egorycheva, Feiginova y Shevkumento; las interpretaciones de los figurantes son portentosas, descollando sobre todo Anatoly Solonitsyn, Ivan Lapikov y Nikolai Grinko.

Tarkovski volvió a ponerse tras las cámaras con «Solaris» comercializada en 1.972, que dentro del género de «Ciencia Ficción» fue en este caso, ampliamente respaldada por el estado soviético y vista como la respuesta por parte la industria cinematográfica del este a «2.OO1, Odisea del espacio» del estadounidense Stanley Kubrick, continuando con la poco convencional «El espejo» en 1.975 y volviendo por los fueros de aventuras interestelares en 1.979 dirige «Stalker», cuatro años más tarde, pone el marcha «Nostalgia» de tema dieciochesco, coproducida con Italia y tras su exilio en Suecia filma en el país escandinavo «Sacrifio» presentada en el «Festival de Cannes» de 1.986, siendo la ultima película del genial cineasta ruso ya que fallece pocos meses después en la ciudad de París víctima de un cáncer de pulmón.

One Response to “Andrei Rublev”

  1. El mejor cine soviético de la década de los 60.

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