El declive del imperio americano.

miércoles, mayo 24th, 2017

Cuatro profesores universitarios residentes en la olímpica ciudad de Montreal, se reúnen en una casa de las afueras para preparar una cena. El grupo está formado por Rémy inmerso en un matrimonio convencional desde hace 15 años, Claude un homosexual salido del armario, Pierre con novia y Alain sin pareja estable; hablan del sexo, del cuerpo femenino, del enamoramiento, del matrimonio, del celibato, de los años pasados en la universidad, de las clases de Historia, del capitalismo, del consumismo. Al tiempo sus cuatro próximas comensales, Louise esposa de Rémy, Diane divorciada, Danielle compañera sentimental de Pierre y Dominique soltera, se encuentran en un gimnasio y platican también entre ellas de diversos temas como el sexo, el cuerpo femenino y por supuesto de los hombres. Más tarde al anochecer todos en la vivienda y en medio del ágape se presenta un noveno invitado de improvisto, llamado Mario y antiguo pretendiente de Diane, promoviendo éste último una significativa sorpresa para todos.

Con estos mimbres el franco-canadiense Denys Arcand, nacido en la pequeña villa de Deschambault el 25 de junio de 1.941, realiza una labor que puede desprenderse de los aspectos más convencionales dentro del arte cinematográfico, creando una obra de marcado carácter que evidencia ser una magnífica radiografía de las sociedades contemporáneas y a día de hoy, más de treinta años después, la podemos percibir como un producto de intensa actualidad; se le dió el título de «Le Déclin de l’empire américan» traducido al castellano como «El declive del imperio americano» y significaba el tercer largometraje de Arcand, tras llamativos trabajos como «La maudite galette» en 1.972, «Réjeanne Padovani» en 1.973, «Gina» en 1.975, aparte de las series de TV «Empire, Inc» en 1.983 y «Le crime d’Ovide Plouffe» en 1.984 que supusieran en su conjunto una reactivación del audio-visual surgido en Quebec.

Contando con el apoyo económico de la privada «Corporation Image M&M» y las estatales «ONF», «Téléfilm Canada», «Société Générale du Cinema du Québec» y «Radio-Canada», Roger Frappier y René Malo se postulaban como productores ejecutivos, asumiendo el mismo Arcand el guión, contratando a Guy Dufaux para la faceta de operador jefe, Gaudeline Sauriol asumiendo la dirección artística y arrogándose con el montaje de Monique Fortier. Se opta por un casting especialmente sugerente, nutriéndose de la labor de magníficos actores como Rémy Girard, Yves Jacques, Pierre Curzi, Daniel Briéri, Dorothée Berryman, Louise Portal, Geneviéve Rioux, Dominique Michel y Gabriel Arcand, hermano de Denys.

Se preestrena en el «Festival de Cannes» del año 1.986, donde consigue un aplauso continuado de 20 minutos y acaparando el «Premio FIPRESCI» de la prensa especializada; se comercializa oficialmente por primera vez en Montreal el 20 de junio del mismo ejercicio y desde muy pronto la película obtuvo una notable incidencia en el resto de las provincias anglófonas y fue la gran triunfadora de la noche de los «Genie» en 1.987, los galardones de la «Academia Canadiense de Cine». Desde un punto de vista internacional tenemos que descollar el seguimiento en Francia de la misma, siendo hasta aquel momento la cinta quebequense con mayor recaudación en el «Hexágono».

Podemos observar en este filme, una expresión cargada de experiencia vital, ironía, en algunos momentos de verdadero sarcasmo y ante todo de sinceridad; el director la dota de descaro, con una hora y media de diálogos sin desperdicio, que en contra de lo que pueda parecer no resulta en ningún instante pedante y falsamente pretenciosa.

El de Deschambault demuestra una gran pericia técnica, pudiendo elaborar una película en dos partes casi simétricas y donde las interacciones entre los distintos sujetos, especialmente durante las secuencias de la cena son retratadas como una especie de batalla a base de plano y contraplano, que se traduce en un auténtico desafío psicológico cargado de elementos satíricos que no pueden tapar aunque lo intenta fantasías, frustraciones e intimidades.

Nos encontramos con un filme basado en su mayor parte en la fuerza de un libreto que no esconde un feroz aunque sibilino vituperio de la sociedad postmoderna, en un momento donde los anhelos de mayo del 68 habían quedado muy atrás, con unas generaciones llegadas a la cuarentena que habían sentido en sus propias carnes el fiasco y el desencanto, donde nuevas y emergentes progenies, llenas de pragmatismo y escaso idealismo, tenían el descaro de ocupar su antiguo espacio vital. El placer físico inmediato y el goce de lo material no supone para los protagonistas cubrir el revés personal e intelectual en medio de unas circunstancias adversas; es cuando se pretende establecer una tesis, en que la obsesión hedonista corrompe cualquier tipo de colectividad humana y síntoma de un irremediable declive en todos los ámbitos, teniendo como ejemplos fidedignos la antigua Roma, la Francia del más tardío «Ancien Régime» o los actuales y hegemónicos Estados Unidos.

Por otra parte, para los versados en la política interior canadiense, pudieron observar en estos fotogramas, aunque de forma críptica y siempre con segundas lecturas, las consecuencias del fracasado referéndum independentista de Quebec el 20 de mayo de 1.980 y la incapacidad de la clase política local de crear un país coherente, a pesar que el nacionalismo francófono en la «Federación» se ha visto en las ultimas décadas como el ejemplo a seguir de ciertos soberanismos europeos como el catalán.

La fotografía de Dufaux se manifiesta especialmente realista lo que hace alimentar la propia historia, la escenografía de Sauriol resulta ante todo coherente y la edición de Fortier alimenta el interés y el misterio del relato; las interpretaciones de la casi todos los figurantes resultan correctas y técnicamente llamativas destacando el desempeño de Rémy Girad, Yves Jacques, Dorothée Berryman y Gabriel Arcand.

En 1.989 Denys Arcand logra poner en marcha «Jesús de Montreal», una nueva vuelta de tuerca de los temas recurrentes en su filmografía aunque desde una perspectiva más espiritual y religiosa; es con el comienzo del nuevo milenio, cuando el quebequense vuelve a los personajes del anterior película de 1.986, con «Las invasiones bárbaras» estrenada en 2.003, donde los sujetos con unos cuantos años de más siguen observando y analizando el decaimiento de nuestro mundo en este caso cada vez más globalizado; finalmente en 2.007 se pone en circulación «La edad de la ignorancia» en que el sempiterno Arcand acaba con esa especie de trilogía conjugando todos los demonios del hombre moderno en un marco periférico como es el territorio francófono de Quebec.

One Response to “El declive del imperio americano.”

  1. Una de las películas que mejor pudo traslucir la postmodernidad y el ocaso del mundo occidental.

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