Disparad al pianista.

viernes, abril 7th, 2017

Tras el estreno de los «Los cuatrocientos golpes» en 1.958 evidenció el genio creativo de Francois Truffaut, dentro de una película revolucionaria en algunos aspectos y con una buena respuesta por parte de público y «Crítica», así como del merecido reconocimiento académico. Para su segundo largometraje el parisino busca un cosmos incluso más personal, aunque sin apartarse de los postulados del movimiento, en aquel momento en su inicios, conocido como «Nouvelle vague», donde al lado de otros cineastas galos o francófonos de su generación postulaban por un nuevo tipo de ingenio fílmico, al margen de las estructuras de la industria, rechazando el concepto del «Star System», con plena libertad artística y acercamiento de lo corriente desde una óptica plenamente personal.

«Tirez sur le pianiste», traducida al castellano como «Disparar al pianista» fue presentada por primera vez oficialmente ante el público el 25 de noviembre de 1.960 en la capital administrativa de Francia, siendo una producción de la compañía independiente «Les Films de la Pléiade», contando a Raoul Coutard como operador jefe junto con la musicalización de Georges Delerue, añadiéndose una serie de canciones originales compuestas por Boby Lapointe, el quebequense Félix Leclerc y Lucienne Vernay; en un primer momento fue contratada la montadora Cécile Decugis, pero hubo de sustituirla posteriormente por Claudine Bouché, ya que la primera fuera detenida por las autoridades debido a su apoyo manifiesto mostrado a los independentistas argelinos, además se opta por un amplio casting en que entraban actores hasta el momento poco conocidos, siendo el caso de Charles Aznavour, Marie Dubois, Nicole Berger, Michéle Mercier, Richard Kanayan, Albert Rémy, Daniel Boulanger o Claude Mandard.

Con un guión del mismo Troffaut en colaboración de Marcel Moussy, se basaba en una adaptación de la novela «Dow There» del autor estadounidense de «Noir fiction» David Goodis e inclinándose por trasladar la acción a escenarios europeos. Aquí se nos presenta la enigmática figura de Charlie, en otro tiempo un famoso concertista de piano que abandonó su prometedora carrera en los grandes escenarios al descubrir una infidelidad por parte de su esposa Thérese y el posterior suicidio de ésta; ahora el hombre se gana la vida tocando en un cutre café de la ciudad del Sena, vive con su hermano más pequeño Fido, se siente fuertemente atraído por Lena la grata y afectuosa camarera del local y colma sus deseos sexuales con Clarisse, una prostituta que se convierte en su principal confidente; pero pronto su taciturna existencia se verá sobrepasada por el violento mundo del hampa cuando Charlie es abordado en el establecimiento por su otro hermano Chico, que debido una importante deuda impagada es perseguido por los gánsteres Ernest y Momo; el músico en nombre de la fidelidad familiar ayuda escapar a su allegado y en represalia Fido es secuestrado por los delincuentes por lo que nuestro protagonista tomará una decisión que tendrá consecuencias trágicas.

En este filme él de París sobre todo se divierte, en partes desbarra y enloquece, en una especie de nihilismo ingenioso, lleno de clarividencia y poseedor de un aire lúdico, pero ello no le impide llegar a cierta corrección formal y en ocasiones a lo largo de todo su metraje no duda en sumergir al espectador en una atmósfera fatalista, con elementos tétricos y desasosegantes y sin esconder una notable carga melancólica.

Nos topamos con una estructura embrollada, de tangible desorden, incluso de cambios de ánimo en la dirección, pero este hecho no imposibilita el llegar a un acabado muy moderno e incluso vanguardista, donde se rompe todas las reglas narrativas y a pesar de ello es una obra asequible, que en determinados momentos se arriba a la perspicacia aunque sin olvidar lo natural y espontáneo, sacando belleza de los cotidiano.

Hay un sentido homenaje al «cine negro» estadounidense de los 40, apostando por un quebrantamiento voluntario de los clichés del género, llegando todavía a la misma sátira; por lo demás Troffaut se siente deudor de directores norteamericanos de la categoría de Samuel Fuller, en tocar temas controvertidos con trabajos de bajo presupuesto, Nichollas Ray con la búsqueda de melodramas llenos de violencia, donde se aboga por un fuerte individualismo frente a la hipocresía colectiva y a Orson Welles por sus innovaciones técnicas y artísticas.

Podemos observar un trabajo de cámara inteligente, con predominancia de encuadres lejanos y planos picados, a lo que se añade recursos provistos de ocurrencia como frecuentes «flashblacks», imágenes congeladas, representación psicológica, repetición de voz en off, acción fuera de campo; evidenciando de este modo el fuerte carácter de innovación y experimentación por parte del director, que en ningún momento duda de escudriñar la excelencia de lo exquisito.

La fotografía en blanco y negro por parte de Coutard es fulgente y colmada de nervio, por otra parte la filmación en «Cinemascope» la dota de identidad y prestancia, la banda sonora surgida de la batuta de Delrue se encamina a notas inéditas, con clara influencia del «Jazz», notablemente aderezada por las tonadas de Lapointe, Lecler y Vernay y sumando la edición de Bouché completa de vivacidad y ritmo.

Las actuaciones de los ejecutantes son portentosas, descollando a Charles Arnavour, intérprete de ascendencia armenia, hasta aquel momento más conocido por su faceta de cantante, exhibiendo en su personaje (Charlie) un comportamiento pasivo e indiferente a lado de una timidez congénita sumergida en una parálisis emocional, junto a Marie Dubois (Lena) dulce y maternal, transmitiendo calidez y carisma, Nicola Berger sentida y auténtica, Michèle Mercial (Clarisse) toda bella y sensual a la vez que decida, Claude Marnsard (Fido) muy acertado y profesional, al lado de Richard Kanayan (Chico) peculiar e hiperactivo y sin poder olvidarse de Daniel Boulanger (Ernest) y Claude Mansard (Momo) mostrando una cómica ineptitud pero brutalmente peligrosa.

Debido a que el libreto se hizo sobre la marcha se desemboca en impredecibles cambios de marco y conversaciones incongruentes, que nos hace recordar la mas reciente «Reservair Dogs» de Quentin Tarantino, al lado de indudables guiños como que reciba el nombre de Charlie el sujeto principal por el genial Chaplin y cuando uno de sus alocados deudos sea conocido por Chico en arbitrio de los inolvidables hermanos Marx; la permuta de estereotipos provoca ver a un protagonista alejado del héroe convencional, al lado de mujeres vigorosas y a la vez mansas y malvados delirantes que mismamente parecen sacados de un comic.

Puede que este aluvión de inventiva y osadía no fuera comprendida en su época de realización y cosechó un sonoro fracaso comercial lo que provocó que Francois Troffaut se decantara posteriormente por una labor más convencional, aunque sin perder un ápice de agudeza y su filmografía iba a deparar títulos tan señeros como «Jules y Jim» en 1.962, «Fahrenheit 451» en 1.965, «Besos robados» en 1.968, «El pequeño salvaje» en 1.970, «La noche americana» en 1.973, «El hombre que amaba a la mujeres» en 1.977, «La habitación verde» en 1.978 o «El ultimo metro» en 1.980.

One Response to “Disparad al pianista.”

  1. Me encanta esta peli.

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