El quinteto de la muerte.

sábado, marzo 4th, 2017

Tras el final de la II Guerra Mundial, la industria cinematográfica británica a pesar de las notables carencias materiales se mostró especialmente variada y sugerente, gracias a la consolidación de viejas productoras, siendo el caso de «Ealing Studios» y la aparición de nuevas empresas del ramo como «Rank Organisation». Precisamente la primera sociedad mencionada se destacó en estos años por la puesta en marcha de una serie de agradables y entrañables comedias corales, donde se exaltaba el espíritu comunitario y la presentación de una nueva hornada de directores abonados a la visión clásica y artesanal de su oficio como Michael Powell, Henry Cornelius, Robert Hamer y Alexander Mackendrick.

Justamente este ultimo realizador es el más destacado de todo esta cohorte; nacido en la ciudad estadounidense de Boston el 8 de septiembre de 1.912, hijo de un matrimonio de escoceses afincados solamente dos años antes en el continente americano y en contra del criterio de la mayoría de la colectividad emigrante de la época, decidieron que el pequeño siguiera conservando la nacionalidad británica. Con 7 años de edad Mackendrick pierde a su padre víctima de la «gripe española» y la madre decide enviarlo a Glasgow para ser cuidado por sus abuelos; en esta ciudad se forma en la «Hillhead High School» y en el «Glaswgow School of Art», entrando tras su traslado a Londres a principios de los años 30 en el entonces balbuceante mundo de la publicidad y en 1.937 junto con su primo Roger MacDougall colaboran en el guión del filme «Midnight Manece», dirigido por Sinclair Hill y no estrenado de momento en ningún país castellano-hablante. Durante la segunda guerra mundial el bostoniano es contratado por el «Ministerio de Información» para la realización de documentales de propaganda bélica estando presente tanto en el frente norteafricano como el italiano y en 1.945 en la capital del estado transalpino recientemente liberada por los aliados, asume la tarea de ser el director de segunda unidad de la inmortal «Roma, ciudad abierta» de Roberto Rosellini.

Con una estipulación fija de «Ealing Studios» en 1.949 realiza «Whisky a go-go», inocente y divertida apología del alcoholismo en un marco caledonio, continuando con «Mandy» en 1.952, el drama de una niña sordomuda que inspiró notablemente la más conocida «El milagro de Anna Sullivan» del norteamericano Arthur Penn; ese mismo año logra estrenar «El hombre vestido de blanco» una magnífica farsa fantástica influenciada por autores como H.G. Wells y prosiguiendo con «La bella Maggie, ocurrente muestra del choque cultural entre Europa y América.

En 1.955 Alexander Mackendrick puede rodar «The Ladykillers», conocida en el mundo hispánico como «El quinteto de la muerte», que muy pronto se convertiría en una de sus películas más conocidas, contando a Michael Balton como productor, con libreto original escrito por William Rose, asumiendo el checo Otto Heller la terea de operador jefe, agenciándose como director artístico a Jim Morahan, Tristan Cary arrogándose de la musicalización y requiriendo los servicios de Jack Harris para el montaje. Se opta por una amplio casting que incluía a figurantes de la talla de Katie Johnson, Cecil Parker, Herbert Lom, Peter Sellers, Danny Green, Alec Guinness y Jack Warner.

El guión nos ofrece un argumento que pretende ser singular, donde se cuenta la historia de una simpática mujer en la tercera edad llamada señora Wilfore, propietaria de una vivienda al lado de un túnel ferroviario cercano a la estación de King’s Cross al norte de Londres; la venerable dama es muy conocida en la comisaría de policía de la zona por sus infundadas denuncias. Un variopinto y esperpéntico grupo de ladrones formado por el mayor Courtney, Harvey, Robinson, Lawson y liderados por el profesor Marcus se convierten en huéspedes de Wilfore haciéndose pasar por un quinteto de músicos aficionados, aunque lo que pretenden es planificar un atraco a un furgón. Al principio el objetivo es resuelto con mas o menos facilidad, hasta los delincuentes consiguen manipular a la añosa mujer para que vaya a recoger en la consigna el baúl con el dinero robado, sin embargo Wilfore está a punto de arruinar la operación cuando se ve envuelta en un altercado que significa que ella y los cuartos acaben en dependencias de las fuerzas de seguridad, pero poco después un par de bonachones agentes llevan el arca al domicilio de la fémina. Cuando finalmente los bandidos se disponen abandonar la vivienda, escondido el resultado del botín en sus respectivos instrumentos de cuerda y se despiden de Wilfore, la funda del chelo de Lawson se engancha a una puerta y los billetes caen al suelo descubriéndose así la verdadera identidad de los hombres; ante esta nueva situación deciden asesinar la que hasta ahora fuera su casera, pero ninguno quiere ser el brazo ejecutor por lo que deciden echarlo a suertes y le toca a Courtney cuya primera reacción es intentar huir con lo afanado pero es muerto por Harvey; Lawson cree que Robinson ha inmolado a la arrendadora y en venganza lo liquida después de ponerse a favor de ella, pero Lawson es tiroteado por Harvey y finalmente los dos miembros restantes, Harvey y Marcus se aniquilan mutuamente en el subterráneo inmediato y ambos cuerpos junto a los demás de la banda caen en distintos departamentos de un mercancías. Wilfore cuenta todo lo sucedido al superintendente y no creyéndole lo sucedido, le sigue la corriente aconsejándole con clara intención irónica que regrese a su hogar con el resultado de la rapiña y la longeva y perspicaz ciudadana lo acepta con marcada sorpresa.

Nos topamos en esta cinta una muestra de un humor muy británico, basado más en la inteligencia que en astracanadas, con admirable concepción estética, donde se mezcla sin pudor cierto terror gótico decimonónico lleno de detalles con un expresionismo desfasado e hiperrealista; podemos observar un retrato cáustico y corrosivo, con ingredientes de crítica social, en una colectividad enfrentada a una punzante nueva realidad pero incapaz de dejar atrás desfasados elementos victorianos.

Mackendrick capta lo mejor de la trama y de cada uno de los personajes, con unos movimientos de cámara muy expresivas que refleja ante todo las rostros y las expresiones humanas, unido a un ritmo trepidante, que no impide llegar a una tangible búsqueda de la perfección. A pesar de todo, él de Massachusetts se nos antoja tremendamente sencillo, casi llegado a lo artesanal, en que con pocas piezas alcanza una creación llena de fascinación y provista de un acabado visual impecable.

El libreto de Rose es notablemente modélico, en una singular estructura circular, ofreciendo una serie de sugestivos gags y situaciones fulgentes, basado más en tesituras jocosas que en la misma comicidad, en unas figuras que rozan la caricatura; a estas virtudes se suma la fotografía especialmente lustrosa y a la vez naturalista de Heller, una puesta en escena exquisita, muy detallista y en ocasiones hasta milimétrica, producto del buen hacer de Moraham como decorador, banda sonora original de Cary especialmente ilustrativa y una edición preclaramente sagaz por parte de Harris. Las glosas de los actores son sencillamente geniales, destacando el trabajo de Katie Johnson (Wilfore) que logra dar una marcada veracidad a su rol, añadiendo la significativa compostura de Cecil Parker (Courtney), Herber Lom (Harvey), Danny Green (Lawson) y Jack Warner (Superintendente), sin poder olvidar a Peter Sellers (Robinson), en su primera aparición en la «Gran Pantalla», donde ya demostraba todo su potencial inventivo y a Alec Guinnes (Marcus) convertido en una auténtico monstruo de la escena.

Tras su estreno esta película se vio agraciada con una muy buena respuesta por parte del público y un merecido reconocimiento académico, acaparando en la ceremonia de los BAFTA en 1.956 los galardones de «Mejor Actriz» en Katie Johnson y «Mejor Guión Británico» en Rose; es en la noche de los «Oscars» en 1.957 la cinta resulta agraciada con el premio a «Mejor Libreto Original».

Lo cierto es que esta producción significó el fin de toda una era fílmica, ya que poco después de su comercialización los viejos platós de «Ealing Studios» fueron comprados por la estatal BBC y el establecimiento definitivo de Alexander Mackendrick en su país de nacimiento, entrando en el fascinante pero a la vez complejo engranaje de Hollywood.

En el año 2.004, los norteamericanos hermanos Coen realizan un «remake» de la vieja película de los 50, trasladando la acción al estado sureño de Mississipi en periodo actual con Tom Hanks en el papel principal, pudiendo alcanzar toda la osadía, irreverencia e hilaridad de la cinta original.

2 Responses to “El quinteto de la muerte.”

  1. Siendo admirador de los Coen, reconozco que no le llegan a la altura de la cinta de los 50.

  2. Lo más interesante del cine británico de los 50. Esta década fue oscura y triste en las «Islas» y tíene su reflejo en el «Séptimo Arte» patrio, aunque ya se puede intuir todas las energías que saldrían a flote en posterior decenio.

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