El árbol de los zuecos

lunes, marzo 27th, 2017

Comercializada en 1.978 y que desde una óptica excesivamente ideológica se vio como la respuesta demócrata cristiana al «Novecento» marxista de Bernardo Bertolucci, suponiendo un proyecto casi personal de Ermano Olmi, asumiendo la dirección, el guión, la fotografía y el montaje, dándole el epígrafe de «L’albero degli zoccoli», traducido a la lengua castellana como «El árbol de los zuecos», contando con el apoyo económico de la RAI, la radiotelevisión publica italiana, aparte de las romanas» Gruppo Produzione Cinema», «Italnolegio» «SACIS» y la mítica productora parisina «Gaumont»; rodada en bergamasco, dialecto del lombardo, contaba con los decorados de Enrico Tovaglieri, el vestuario de Francesca Zucchelli, así como un amplio reparto con preeminencia de actores «amateurs» destacando las interpretaciones de Luigo Ornaghi, Francesca Moriggi, Omar Brignoli, Teresa Brescianini, Antonio Ferrari, Giuseppe Brignolo o Carlo Rota.

Olmi nacido el 24 de julio de 1.931 en la localidad de Treviglio, conocida ciudad del norte del país transalpino por sus factorías de maquinaria agrícola; estudiante de arte dramático en Milán a principios de los años 50 y entrando posteriormente a trabajar en la empresa eléctrica «EdisonVolta», donde bien pronto realiza una serie de publirreportajes para la misma y en 1.959 dirige su primer largometraje denominado «Tre fili fino a Milano», no estrenado en ningún país hispano, comenzando de este modo una fructífera carrera cinematográfica que incluirían señalados títulos como «El empleo» (1.961), «Los novios» (1.962), «Un cierto día» (1.968) y «La circostanza» (1.974), unos someros retratos de la Italia contemporánea, poblada por figuras sometidas a intensas mudanzas en una sociedad cada día más industrializada y deshumanizada.

Su siguiente trabajo fue «El árbol de los zuecos», donde el realizador cambia por completo de registro y podemos observar una auténtica recreación elegíaca de la cotidianidad de una comunidad campesina en la comarca de Bérgamo en Lombardía a finales del siglo XIX, aun sometida a un férreo sistema cuasi-feudal en que los cambios políticos recientes no habían afectado lo más mínimo y se suceden una serie de sencillas historias, observadas desde una óptica cercana a una especie de epopeya de la vida corriente, como el noviazgo y posterior matrimonio de una joven pareja de escasos recursos económicos, un anciano que abona una pequeña plantación de tomates con estiércol de gallina, la siempre cruenta matanza del cerdo, un niño que explica con gracia que en el agua habitan pequeños animalitos invisibles, un padre que tala un árbol que pertenece a su señor para hacer zuecos a su hijo que se pondrá para ir a la escuela.

Nos topamos en esta cinta con cierto compromiso social, aunque resaltando los efectos positivos de la fe religiosa en la vida de las personas, donde los sujetos son retratados desde la estimación y respeto, penetrando en la alma del labriego, con un fuerte elemento documental, en el testimonio de un mundo que verdaderamente existió aunque se encuentre olvidado por las generaciones más mozas y convirtiéndose en una semblanza sobre la naturaleza humana en una sutileza enternecedora.

Se vislumbra un gran lienzo de pausada belleza visual, en momentos de gran emotividad y lirismo que inunda la pantalla en un tipo de cinema lleno de sustancia, concibiendo verdaderamente el arte, que desde el primer fotograma se busca una forma desnuda y nada estilizada, renunciando a elementos de fantasía, dramatización, fascinación y espectacularidad, donde el director no subraya nada pero crea una obra contemplativa, serena y reflexiva.

Si bien es cierto que esta película adolece de una falta de empaque argumental, Ermanno olmi demuestra su talento creando una serie de recursos fílmicos, algunas veces cargados de esteticismo y en otras ocasiones sumamente innovadores como la brevedad de las tomas permitiendo una expansión hacia múltiples rumbos a lo que se une un buen tratamiento de todos los personajes, como un tono y ritmo constante en todo el metraje.

Reconociendo la exhibición de un «Neorrealismo» tardío, aunque la sustantividad nunca es intempestiva, se respira la influencia de maestros como Roberto Rossellini o Luchino Visconti que daban más importancia a la afectividad que la propia trama, así como la de los escandinavos Ingmar Bergman y Carl Theodor Dreyer en su austeridad y misticismo; por otra parte el realizador consigue desdibujar los roles de género, con mujeres fuertes y decidas, hombres llenos de sensibilidad y niños sobrados de perspicacia.

El libreto resulta llamativo y no esconde cierta dureza condimentado con perturbaciones creativas contenidas, a la par de imágenes llenas de colorido donde parecen porvenir exclusivamente de luces naturales y una edición hábil y llena de recovecos; la escenografía de Tovaglieri y los diseños de Zucchelli cumplen a perfección los postulados naturalistas, sin podemos olvidarnos de una banda sonora no original que osa recurrir de las composiciones barrocas de Johann Sebastian Bach, dando sensación de discreción y precisión, sumergiendo al oyente-espectador en una presencia casi sin mediar y unas glosas por parte de los actores evidenciada como una mezcla entre lo comedido y lo auténtico.

La producción fue deudora de importantes reconocimientos académicos, destacando «La palma de Oro» del festival de Cannes de 1.978, así como del «Premio del Jurado Ecuménico» de la citada muestra cinematográfica de la ciudad de la Costa Azul, recibiendo posteriormente en la ceremonia de los «David de Donatello» en 1.979 de «Mejor Película», galardón que compartió con «Cristo se paró en Eboli» de Francesco Rossi y «Dimenticare Venezia» de Franco Brusati; ese mismo año obtiene en las «Nastro d’argento», las distinciones del sindicado de críticos de cine italianos dentro de las especialidades de «Mejor Film», «Mejor Guión Original» en Ermano Olmi, «Mejor Fotografía», «Mejor Escenografía» en Tovaglieri y «Mejor Vestuario» en Zuchelli.

2 Responses to “El árbol de los zuecos”

  1. Hermosa visión de la vida rural, que no esconde para nada su dureza.

  2. Es una auténtica elegía del mundo rural. Es muy realista pero tíene un halo poético muy llamativo.

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