Fanny y Alexander

lunes, febrero 6th, 2017

Se quiso ver como el regreso de Ingmar Bergman a Suecia tras seis años de una suerte de exilio voluntario en Alemania Occidental en protesta por la fuerte presión fiscal en su país, base para el financiamiento del hipervalorado «estado de bienestar», por lo que remataba una breve etapa artística en la nación centroeuropea que había significado la puesta en marcha de cintas como «El huevo de la serpiente» en 1.977, una lúcida y original reflexión sobre los origenes del nazismo, » Sonata de otoño» en 1.978, rodada en Noruega con capital germano y con la participación de Ingrid Bergman y Liv Ullmann, interesante análisis del arte y las relaciones humanas y «De la vida de las marionetas» en 1.980, donde muestra un angustioso «thriller» con elementos fantásticos.

«Fanny y Alexander» surge en un principio como proyecto televisivo, teniendo la implicación de las suecas «Sviriges Televisión» y «Cinematrograph för Filmisnstit», junto con la francesa «Gaumont» y las alemanas occidentales «Personalfilm» y «Tobis Filmkunst», en una división en cuatro partes y 312 minutos de duración; como ya ocurriera en 1.972 con «Secretos de un matrimonio», se opta también por una versión para la «Gran Pantalla» de 188 minutos, siendo esta exégesis la primera en ser estrenada el 17 de diciembre de 1.982 en la ciudad de Estocolmo.

Bergman asume la realización y el guión, acompañado por el finlandés Jön Donner como productor ejecutivo, encomendándose a Sven Nykvist como operador jefe, aceptando la dirección artística en Susanne Lingheim y Anna Asp, valiéndose de los diseños de la rusa Marik Vos-Lundh en el vestuario, teniendo en cuenta a Owe Svensson y Bo Persson para el sonido, sirviéndose de la musicalización de Daniel Bell, contratando a Sylvias Ingmarsson para el montaje; se hace inclinar por un casting numeroso y llamativo en que destacan las figuras de Pernilla Allwin, Bertil Guve, Ewa Fröling, Allan Edwall, Gunn Wallgren, Jar Kulle, Börje Ahlstedt, Christina Schollin, Jan Malmosjö o Erland Josephson.

Se cuenta una historia, con algún ribete autobiográfico que se desarrolla en Upsala, la ciudad natal del director en 1.907, en un reino de Suecia que se reinventa como estado tras la separación de Noruega el año anterior y donde se presenta las peripecias de una familia burguesa de carácter alegre, bullicioso y vitalista, formada por Helena, la matriarca del clan, antigua actriz del teatro perteneciente a su parentela, su hijo Oscar, figurante y director del mismo, su esposa la bella Emilie, padres a su vez de dos niños llamados Fanny y Alexander, aparte de otros vástagos de la anciana como Gustaf Adolf, empresario de hostelería de patente carácter lascivo y Carl un docente acomplejado que maltrata a su mujer de origen alemán. Tras una Navidad en que todo fue alborozo, Oscar muere en un ensayo de «Hamlet» y poco después su viuda Emilie se casa con Edvard Vergèros, el obispo protestante de la localidad del que siempre estuvo enamorada.

La vida de los chicos de Emilie sufre un brusco cambio, de una casa suntuosa y llena de juguetes y esparcimiento pasan a una austera vicaría; el religioso somete a sus nuevos hijastros dentro de los parámetros de una dura disciplina y se manifiesta enormemente despiadado y posesivo, por la que Emilie bien pronto queda arrepentida de sus recientes nupcias. Alexander empieza ver espectros en la casa y al exponer este hecho es cruelmente castigado por Vergèros y enterada de esta situación su abuela Helena organiza un plan de huida de los dos pequeños con la ayuda de Isak, un antiguo amante de ella de origen judío, marchante de arte y prestamista y tras el éxito de la operación tanto Fanny como Alexander permanecen escondidos en el almacén del hebreo.

Por otra parte Gustaf Adof como Carl intentan convencer a su cuñado que se divorcie de Emilie, que se ha visto convertida en una prisionera en su propia casa. Es en estas circunstancias cuando muere Vergèros consecuencia de la ingestión de un caldo cargado de somníferos suministrado por su cónyuge, aunque ésta queda eximida de consecuencias judiciales tras una investigación policial. Emilie regresa a su antiguo hogar familiar donde se reencuentra con sus hijos y volviendo todos a su pasional afición al teatro.

La traslación de todo este universo a imágenes en movimiento es una extraordinaria recapitulación de toda la obra del maestro de Upsala, en que trata con gran pericia las verdaderas y más importantes cuestiones de la existencia de cada individuo; partiendo de la base de una atmósfera extraña y de cierta quimera, resulta una película dramática, intimista y evocadora, que no esconde un verdadero torrente de emociones, expresando a pesar de la narración sombría e intimista, unas características pasionales, ardientes y de inusitada vitalidad.

Bergman llega con este producto a su máxima plenitud expresiva, donde siguen presentes los elementos que han condicionado toda su obra desde los tempranos inicios a mediados de los 40 del siglo XX, como el paso del tiempo, la muerte, la metafísica luterana , la inconsciencia del amor y la relación entre el arte y la vida, aunque en este filme podemos vislumbrar en el director una búsqueda incesante de lo ornamental y estético.

Nos encontramos con una exaltación de la magia e inventiva, donde se rinde tributo a los espacios escénicos, considerándose el cinema como deudor de todas ellos, en un verdadero presente para los sentidos, con una cámara que se mueve con sabiduría y creatividad, mostrándose elegante y plácida, topando todos los recovecos, provocando que cada fotograma tenga vida propia y pudiendo llegar a un preciosismo estético.

El libreto se revela en una clara influencia literaria, sobre todo en autores como Charles Dickens y E.T.A Hofmann, a lo que se suma una fotografía hermosa y a la vez vertiginosa por parte de Nykvist, con unos decorados surgidos de la imaginación de Lingheim y Asp de córporeo ensueño, mismas características desarrolladas en el vestuario de Vos-Lundh, un sonido de Svensson y Persson con claras intenciones creativas, agraciada banda sonora surgida de la batuta de Bell que no tiene empacho a recurrir a composiciones de Robert Schumann, Benjamin Britten y Fréderic Chopin, rematando en una edición ducha y fulgente que se la debemos a la profesionalidad de Ingamarsson.

Las interpretaciones son todas prodigiosas tanto en los entonces niños Pernilla Allwin y el hispano-sueco Bertil Guve, como en los adultos Ewa Fröling, Allan Edwall, Gunn Wallgren, Jar Kulle, Börje Ahlstedt, Christina Schollin, Jan Malmosjö o Erland Josephson, donde parecen que cada uno son capaces de dar lo mejor de su talento y buen hacer.

Desde el momento de su presentación oficial ante el público, esta cinta ha recibido un señalado reconocimiento académico, siendo de destacar los galardones en la noche de los «Oscars» en 1.984 dentro de las especialidades de «Mejor Película de habla no-inglesa», «Mejor Fotografía» en Sven Nykvist, «Mejor Dirección Artística» en Anna Asp y Susanne Lingheim y «Mejor Vestuario» en Marik Vos-Lundh, un marcado alto número de premios de la Academia de Cinematografía estadounidense y observado por la «Crítica» como algo inusual para una producción no anglo-sajona.

One Response to “Fanny y Alexander”

  1. Mi película favorita de Bergman, donde queda relejada lo mejor de todo su cine. Como has dicho es un auténtico goce de los sentidos en una significativa armonía estética.

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