Unico Testigo

sábado, enero 7th, 2017

Su título original en inglés es «Witness» algo así como «Testigo», aunque fue conocida en España como «Unico Testigo» y «Testigo en peligro» en Hispanoamérica; siendo estrenada a principios del año 1.985, significando el primer filme en Estados Unidos del cineasta australiano Peter Weir, nacido en la ciudad de Sidney el 21 de agosto de 1.944; estudiante de derecho y arte durante los 60 aunque fuertemente influenciado por lo audio-visual y las artes escénicas, comenzando su carrera como ayudante de dirección para series en la televisión de su país y realizando sus primeros cortos y documentales a principios de los 70. Es en 1.974 cuando dirige su primer largometraje «Los coches que se comieron París» una original comedia terrorífica a la que continua con «Panic at Hanging Rock» en el ejercicio siguiente, historia fantástica dentro de un marco victoriano, «La ultima ola» en 1.977, reflexión sobre el choque de culturas, profetizando el fenómeno de la globalización, «Gallipoli» en 1.981, un llamativa película anti-bélica protagonizado por la estrella en ciernes de Mel Gibson y «El año que vivimos peligrosamente», comercializada al lapso posterior, también con Gibson en el rol principal acompañado por una sensual Sigourney Weaver, donde se narra un azorado romance entre un periodista y una diplomática en la Indonesia del golpe militar contra Sukarno en 1.965.

«Unico Testigo» surgiera en un principio para lucimiento personal de Harrison Ford, actor que en aquel momento se encontraba en la cumbre de su carrera tras haberse dado a conocer al «Gran Público» en su papel de Han Solo en «La guerra de las galaxias: Episodio IV, una nueva esperanza» de George Lucas en 1.977 y en las dos primeras entregas de la saga de Indiana Jones, «En busca del arca perdida» en 1.981 e «Indiana Jones y el templo maldito» en 1.984, ambas realizadas por Steven Spielberg. Con un guión original por parte de Earl W. Wallace, Pamela Wallece y William Kelley, contando a Edward S. Feldman como productor ejecutivo y agenciando la distribución de la poderosa «Paramount Pictures»; tras haberle sido ofrecida la dirección al británico John Badham anterior responsable de exitosos trabajos como «Fiebre del sábado noche» en 1.977 y «Juegos de Guerra» en 1.983, que la acaba rechazando por ver poco fiable el proyecto, optando finalmente Feldman por Weir, que tampoco las tenía todas consigo, aunque por profesionalidad el neo-galés del sur acepta el empeño, contratando aparte al gran Maurice Jarre como compositor original, el gran favorito de sir David Lean y que previamente ya había trabajado con Weir en la elaboración de la banda sonora de «El año que vivimos peligrosamente», requiriendo de los servicios de John Seale como operador jefe, procurando la inventiva de los escenógrafos Stan Jolley y John H. Anderson y conviniendo el encargo de Tom Noble como montador. Se busca un casting llamativo que junto al propio Ford, se convoca la presencia de intérpretes como Kelly McGillis, Dany Glover, Alexander Godunov, Josef Sommer, Lukas Haas o un desconocido Viggo Mortensen.

Se cuenta una historia que se pretende que sea original, exponiéndose las circunstancias de un niño llamado Samuel, perteneciente a la comunidad etno-religiosa de los «amish», un extraño grupo de procedencia germano-suiza que han apostado por vivir sin los últimos adelantos tecnológicos con unos standards de vida más propios del siglo XIX y en su primera visita a la gran ciudad de Philadelphia presencia por casualidad un asesinato en los baños de una estación de autobuses. John Book, un duro y experimentado agente de la autoridad, será el encargado de proteger al pequeño junto a su progenitora, una guapa y joven viuda de nombre Rachel. Al enterarse Book que el crimen puede estar relacionado con la corrupción en los mismos cuerpos de seguridad, decide refugiarse con madre y vástago en un poblado de la colectividad a la que pertenecen éstos últimos.

Con un rodaje en la misma urbe de Philadelphia y en las villas de Lancaster, Strasburg y Parkesburg, todas en el estado de Pensilvania, los «amish» se negaron a participar como extras de la cinta, por lo que se hubo de recurrir a individuos de confesión menonita, menos recelosos con la producción. Por otra parte pronto surgieron desavenencias entre Weir y los guionistas, al pretender el primero dar un toque más policial y centrarse menos en la historia de amor de los protagonistas a la par de una una lucha de egos entre el director y Ford. Aunque con los días se fueron limando asperezas y al remate el proyecto llegó a buen puerto.

En el producto final, Weir se muestra especialmente hábil y eficaz, donde puede unir sencillez y maestría, empleando elementos clásicos y una encomiable economía de medios, en un notorio ejercicio fílmico donde encuentra una extraña e inusitada belleza, provista de elegancia formal sin desmerecer las cualidades descriptivas.

Nos encontramos con un drama lleno de acción en una película llena de acontecimientos desiguales que con cada minuto que pasa se convierte en un «thriller» que no le hace ascos a elementos románticos pero sin caer en lo folletinesco. Hay cierto afán naturalista condimentado en un costumbrismo que bebe ante todo de difundidos «Westerns» como «Solo ante el peligro» de Fred Zinnermann en 1.952 y «Centauros del desierto» de John Ford en 1.956.

El de Sidney juega con una serie de encuadres perfectamente planificados, que proporciona al filme de un buen ritmo, acaparando una magistral simetría entre el comienzo y el final gracias al buen uso de elipses narrativas y dotando de brillo a casi todas las escenas. El realizador planifica una serie de fecundos y creativos silencios, asignando de este manera una significativa identidad a la película, en que pocos cineastas contemporáneos lo han logrado.

El libreto de Earl W. Wallace, Pamela Wallace y William Kelley es eficiente y sumamente cuidado, donde persiste una hermosa e interesante subtrama, en que se juega y se recrea la colisión sociológica que sobrepasa incluso la acción; la partitura de Jare es brillante y sublime, conjuntada a una fotografía excelsa gracias al quehacer de Seale a lo que unimos una ambientación insólita, en una escenografía exquisita, un auténtico goce para los sentidos regalado por Jolley y Anderson y una edición competente y sugerente de parte de Noble. Las actuaciones de los figurantes son excelentes en casi todos, destacando a Harrison Ford en un papel hecho en su medida, lleno de fisicalidad y versatilidad, a la que sumamos una Kelly McGillis en un personaje lleno de sutilezas y escondida sensualidad, agregándose una serie de secundarios de lujo dotados de una gran corrección técnica como Danny Glover, Alexander Godunov, bailarín de origen soviético huido a Occidente y que suponía su primera incursión como actor, junto con Josef Sommer, Lukas Hass y Viggo Mortensen.

Tras su comercialización el filme obtuvo un importante respaldo el taquilla a lo que se sumó a unos significativos reconocimientos académicos y en la ceremonia de los «Oscars» en 1.986 fue nominada a un total de 8 estatuillas y consiguiendo los galardones de «Mejor Guión Original» en Earl W. Wallace, Pamela Wallace y William Keley y «Mejor Montaje» en Tom noble.

One Response to “Unico Testigo”

  1. Interesante filme. Creó las formas de lis futuros thrillers, muchas veces imitado, pero pocas veces han logrado alcanzarlo.

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