Performance

sábado, enero 14th, 2017

Esta producción británica fue rodada en el significativo año de 1.968, en pleno florecimiento del movimiento «Hippie», en que se recordaba el anterior «Verano del Amor» en San Francisco y estaban muy presente los adoquines levantados de las calles de París y el nacimiento de la denominada «contracultura». Sin embargo por lo novedoso de sus propuestas en se retrataba sin ambages los cambios de costumbres y actitudes sociales de aquel tiempo en el mundo occidental, sus responsables no se atrevieron estrenarla y estuvo dos ejercicios en las estanterías.

Esta espera favoreció con el tiempo a la cinta y cuando se comercializó por fin el 3 de agosto de 1.970 el idealismo de los acontecimientos recientes estaban en declive y se podía hacer una mirada más objetiva y menos estridente por parte del mismo público que descubría cualidades innatas que la propia inmediatez podía haber ocultado.

Nos encontramos con un proyecto del productor de nacionalidad estadounidense y radicado en Reino Unido Sanford Lieberson y fundador de la «Goodtimes Enterprises» junto con David Puttnan, optándose por una dirección bicéfala en las personas del escocés Donald Cammel y el inglés Nicolas Roeg, hasta entonces conocidísimo operador jefe y responsable de la fotografía de míticos filmes como «Lawrence de Arabia» y «Doctor Zhivago» de David Lean y «Fahrenheit 451» del francés Francois Truffaut; encargándose también Cammel del guión original y como no podía ser menos, Roeg se encomendaba de los fotogramas, significando para los dos su primera experiencia como realizadores.

Se busca los servicios de John Clark para los decorados, de capital importancia en una película de estas características, se recurre a Jack Nitzsche, muy conocido por ser el compositor de algunas canciones de «The Rolling Stones» para ser el autor de la banda sonora original, se contrata como montador a Anthony Gibbs y se nutre de un casting sumamente atractivo donde destacan las figuras de James Fox, actor que ya estaba consagrado en el cosmos fílmico de las «Islas», a Mick Jagger en su primera incursión en el «Séptimo Arte», la intérprete alemana nacida en Roma Anita Pallenberg, la casi desconocida Michéle Breton y a eficaces secundarios como Ann Sidney, John Bindon, Stanley Meadows, Allan Cuthbertson o Johnny Shannon.

En el libreto de Cammel se narra las insólitas peripecias de un gánster londinense llamado Chas especializado en ajustes de cuentas, por lo que recibe el epíteto de «ejecutor» o «performance», que decide abandonar sus actividades criminales y huyendo de sus perseguidores encuentra refugio en una extraña vivienda en las afueras de la capital, que mismo parece un parque de atracciones, donde vive Turner, una estrella de rock retirada acompañado por dos chicas que responden a los nombres de Pherber y Lucy, envueltos en un mundo de sexo y drogas sin control ; el antiguo delincuente cambia de aspecto físico y de estilo vital gracias a la acción catalizadora de Turner junto a las dos jóvenes y la fascinación mutua entre ellos; difuminándose al final todos los personajes, con la pérdida de sensación de pertenencia a una identidad.

La consecuencia de este entramado de percepciones en imágenes en movimiento, es ante todo una apuesta osada, con ciertos elementos de audacia y experimentación, abruptamente resuelta con gran creatividad, en un acto de malabarismo virtuoso, intencionalmente confuso en una forma de expresar muy inspiradora y a la vez insólita. Todo parece un auténtico choque visual y mental, en que las nociones del tiempo y el espacio desaparecen.

La realización resulta movida y frenética, en que destacan los cortes bruscos y los ángulos extremos, con un mayor peso de las premisas de la «Nouvelle vague» de finales de los 50 y principios de los 60 en su búsqueda incesante de la condición humana aislándola de la propia sociedad, sobre todo en los componentes más pequeños-burgueses. La influencia de los productos psicotrópicos en algunos de los sujetos crea una situación de distorsión, donde el arte y la identidad se entrecruzan y la línea de fantasía y realidad se desdibuja, renunciando a cualquier tipo de racionalidad.

Se nos antoja un guión que a pesar de la falta de mensaje y cierta torpeza, resulta muy llamativo, con una clara influencia de las formas literarias del argentino Jorge Luis Borges y su incesante indagación en la insolvencia de la filiación individual, a lo que se suma la escenografía de Clark que parece sacada un mal sueño psicodélico, unida a una edición de Gibbs nerviosa y que pretende ser enmarañada y sirviéndose al final de instantáneas llenas de vida y con profusión de colores chillones.

Hay un buen acierto en el casting que hace destacar las glosas de figurantes como james Fox, muy creíble en su rol, muy imitado en prototipos más contemporáneos en películas de Quentin Tarantino, Guy Ritchie y Jonathan Galzer, de un Mick Jagger representándose a si mismo, con todos sus claro-oscuros y presente su aureola, incorporando las figuras de Anita Pallenberg y Michéle Breton, dos auténticas sílfides de una dimensión irreal y los siempre profesionales Ann Sydnet, John Bindon, Stenley Meadows, Allan Cuthbertson y Johnny Shannonm.

Visto por parte de alguno sector del «Respetable» y de la «Crítica» como la autentica cinta más cercana al universo de «The Rolling Stone», debido a la incorporación de Jagger al elenco al lado de Pallenberg que fuera pareja sentimental primeramente de Brian Jones y posteriormente del mismo Jagger y Keith Richards, por la musicalización surgida de la batuta de Nitzsche y coincidiendo en el año de la presentación pública del documental «Gimme Shelter» dirigido por Albert Maysles, David Maysles y Charlotte Zwerin, filmado sobre todo en el accidentado concierto en la localidad californiana de Altamont el 6 de diciembre de 1,969, a sólo unos meses después del no del todo aclarado óbito de Jones y donde se produjeron incidentes llenos de violencia como un homicidio perpetrado por un miembro de los «Hells Angels» encargado de la seguridad del evento, así como tres muertes accidentales (dos sendos accidentes de tráfico y un ahogado en el canal), hechos que alimentó de por si, la leyenda maldita de la banda británica.

A pesar de ser un producto muy revelador de su tiempo, en el día de hoy aún sigue resultando inquietante y desconcertante, con gran impacto sociológico y cultural, consiguiendo cierto éxito comercial y algo de prestigio en ámbitos más «Snob»; nos topamos con un ejemplo genuino de filme independiente, de gran libertad creativa y con escasa intervención por parte de las productoras, lo que lo hace especialmente sugerente.

One Response to “Performance”

  1. Es mucho más que la película de los «Rolling Stones».

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