La cinta blanca.

jueves, diciembre 22nd, 2016

Una de las últimos trabajos del bávaro nacionalizado austríaco Michael Haneke, estrenado en 2.009 con el título de «Das weibe Band-Eine deustsche kindergeschichte», algo así como «La cinta blanca-Una historia infantil alemana» en lengua castellana, aunque optándose para el mercado hispánico por el epígrafe más sencillo de «La cinta blanca». Supone un esfuerzo conjunto de las cinematografías de Alemania, Austria, Francia e Italia, aunque rodada solamente en lengua alemana y con actores procedentes de zonas germanófonas. Tras su presentación oficial en el festival de Cannes de aquel ejerció, en su 62 edición, donde se le otorgó la «Palma de Oro» y siendo el comienzo de una serie continua de reconocimientos académicos que también incluirían el premio FIPRESCI y del Sistema Educativo francés de la citada muestra, a la par del galardón de la «Crítica» del certamen de San Sebastián del mismo lapso, con la prolongación de los laureles en la Academia del Cine Europeo en las especialidades de «Mejor Película», «Mejor Director» y «Mejor Guión» en Heneke, nominada en la noche de los «Oscars» en 2.010 como «Mejor Cinta de habla no-inglesa» y la gran triunfadora en las distinciones de la «Deustcher Filmpreis» en los apartados de «Mejor Película», «Mejor Relizador», «Mejor Libreto», «Mejor Intérprete Masculino» en Burghart Klaubner, «Mejor Intérprete Femenina Secundaria» en Maria Victoria Dragus, «Mejor Fotografía» en Christian Berger y «Mejor Diseño de Producción» en Christoph Kanter.

Contando con el guión del propio Haneke, sirviéndose de la producción ejecutiva de Christian Friedel, Veit Heiduschka, Michael Katz, Margaret Ménégoz y Andrea Occhipinti, contratando a Christian Berger como operador jefe, teniendo en cuenta el trabajo de montadora en la persona de Monika Willi, beneficiándose de la labor de Anja Muller como directora artística, contratando al prestigioso Christoph Kanter como diseñador de producción y descubriendo un reparto eminentamente coral destacando las glosas de Christian Friedel, Ernst Jacobi, Leonie Benesch, Ulrich Tukor, Ursina Lardi, Michael Kranz, Maria Victoria Dragus, Susanne Lothar o Levin Henning.

Una visión excesivamente simplista ha visto en el largometraje una incesante indagación de unos de los grandes enigmas históricos de nuestra época, que es la génesis del nazismo y queriéndola descubrir en un férreo sistema de autoritarismo, oligarquía, sumisión y puritanismo, aunque el realizador indaga en muchos más elementos, sobrepasando con esta medida el propio contexto histórico. El libreto hace desarrollar la narración en un ficticio pueblo en el norte de Alemania en los meses posteriores al estallido de la I Guerra Mundial y funcionando el lugar en una especie de microcosmos de toda la nación germánica; se brinda una serie de extraños sucesos que conmocionan a la pequeña comunidad como el intento de atentado contra el médico, el accidente de una obrera agrícola, el secuestro del hijo del barón, el incendio de un inmueble propiedad del aristócrata, las dolencias de un recién nacido, el apuñalamiento en los ojos de un niño con deficiencia mental, incidentes que van tomando forma de mortificación solemne; las autoridades no encuentran explicaciones racionales y aumentando de esta manera la incertidumbre colectiva y no pudiendo tapar estas circunstancias una serie de tragedias personales y familiares. La percepción objetivista y llena de retrospectiva por parte de un joven profesor que se convierte con su «voz en off», en el narrador de las chocantes peripecias, permite una pequeña dosis de neutralidad sobre los sujetos protagonistas y sus vicisitudes; finalmente la movilización general por parte del Káiser en el verano de 1.914, va a suponer una forma de liberación personal y social para muchos de ellos.

El resultado cinematográfico es apabullante y lleno de virtudes audiovisuales, en una narración compleja y de gran potencia, abogando por un sólido ejercicio del retrato de los personajes, a su vez entrelazados por virtuismo y desafecto; recreándose e enriqueciéndose en los pequeños detalles y descubriendo una serie de golpes corolarios bastante suaves, unido a imágenes evocadoras en medio de una excesiva abstracción. El director utiliza una cadencia lenta como elemento creativo y buscando una necesaria colaboración e incluso complicidad con el «Respetable».

Nos topamos con una clara influencia de maestros clásicos como Dreyer y Bergman, en el uso de la potencia metafórica de paisaje al lado de una alusión de comunidades cerradas fuertemente influenciadas por una cosmovisión religiosa, que siempre se convierte en totalitaria. Se indaga y se encuentra una perspectiva turbadora y ascética, bastante cercana al denominado «efecto de distanciamiento» típico del teatro de Bertol Brecht, que igualmente ha influenciado a cineastas de la talla de Jean-Luc Godard y Rainer Werner Fassbinder.

Heneke se muestra como un verdadero cirujano que disecciona los males de la colectividad, en una narración compleja e interesante, en una intención subrepticia de intentar tambalear los cimientos sociales; como en la mayoría de la filmografía del bávaro hay una obsesión por la crueldad y la depravación humana en un panorama completamente sobrecogedor.

El guión es inteligente y sutil, huyendo de un desenlace convencional, a lo que añadimos una fotografía pulcra y llamativa dentro de un blanco y negro, surgido de un anterior lavado de los fotogramas en color por parte de Berger, topándonos con una sugerente dirección artística en Muller, en un diseño de producción totalmente sugestivo gracias al quehacer de Kanter, al lado de un montaje armonioso, efectivo y lleno de profesionalidad en la prestigiosa Willi.

Por ultimo hemos de destacar la estimulante exégesis de los figurantes, donde parece que todos dan lo mejor de sí, sobresaliendo las actuaciones de Christian Friedel, Ulrich Tukor, Ursina Lardi, Maria Victoria Dragus y Susanne Lothar, que ya en 1.997 había protagonizado la inquietante «Funny Games» dirigida por el sempiterno Heneke.

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