El cuchillo en el agua

sábado, noviembre 26th, 2016

Producción polaca de 1.962, significaba el primer largometraje de Roman Polanski, cineasta nacido en la ciudad de París el 18 de agosto de 1.933 en el seno de una familia de emigrantes procedentes de Cracovia y de origen judío que regresaron a su patria en el año 1.936; con la invasión y posteriormente ocupación alemana del país centroeuropeo, sus congéneres fueron víctimas del «Holocausto», falleciendo su madre en el campo de exterminio de Auschwitz y sobreviviendo milagrosamente su padre al internamiento en Mauthsausen-Gosen, hechos que influirían notablemente en la trayectoria personal y creativa del futuro director. Interesando por el arte del celuloide desde su adolescencia, terminado sus estudios de secundaria, se matricula en la Escuela de Cine de Lódz y con sólo 21 años realiza su primer cortometraje titulado «La bicicleta» en 1.955, continuando su trayectoria con las películas que no pasaban de 20 minutos como «Una sonrisa», «Interrumpiendo la fiesta» y «Asesinato» en 1.957, «Dos hombres y un armario» en 1.958 y «La lámpara» y «Angeles caídos» en 1.959, hoy en día muy valoradas y producidas en un momento en que el cinema polaco entraba en una etapa de auge artístico gracias a figuras como Leonard Buczkowski, Andrzej Wadja o Jerzy Kawakeriwucz.

Es a principios de los 60 cuando Polanski quiere probar una cinta de mayor amplitud en su duración, un proyecto que el pone el nombre de «Nóz w wodzie», traducido al castellano como «El cuchillo en el agua», contando con un guión firmado por el propio Polanski además de Jerry Skolimowski y Jakub Dreyer Goldberg , buscando el apoyo y la financiación de la estatal «Kamera Film», consiguiendo que se postule como productor ejecutivo Stanislaw Zylewicz, agenciándose los servicios del operador Jerzy Lipman, contratando a Krysztof T. Komeda para componer la banda sonora original y sirviéndose de un casting reducido sólo a tres actores en las personas de Leon Niemzyk, Jolanda Umecka y Zygmunt Malanowicz.

Se parte de la premisa de un libreto que cuenta una historia sencilla pero sumamente original, escarbando en un insólito triángulo entre una pareja treintañera, formada por Andrzej, un periodista aburguesado y adocenado y su sensual esposa Krystyna, a la par de un joven estudiante de 19 años que en ningún momento de la descripción se da a conocer su nombre. El matrimonio se encamina por carretera en un largo fin de semana hacia los lagos de Masuria, donde son poseedores de un yate y recogen a un chico en autoestop, que bien pronto empatizan con él por lo que lo invitan a navegar con ellos y en un corto periodo de tiempo surge el enfrentamiento entre los dos «gallitos», provocada por la tensión sexual por la fémina e intentando el universitario demostrar una mayor superioridad intelectual sobre el profesional más maduro, lo que conducirá a una pelea, la cual aparentemente acaba en tragedia, creyéndose que el mozo ha caído al agua, aunque éste permanece escondido en una forma de broma macabra; tras discutir con su señora de cómo abordar la situación, finalmente Andrzej decide volver a tierra para avisar a la policía del accidente y en este periodo de ausencia aparece de nuevo el desconocido que seducirá a Krystyna. Cuando regresa el marido, no creerá la verdad que le cuenta su mujer.

El resultado creativo es ante todo una obra bastante sólida, muy meditada en cada escena, donde conscientemente su autor mezcla géneros como drama y thriller, en que se muestra ante el espectador como sumamente sorprendente y perturbador, algo que continuaría en su trayectoria cinematográfica posterior. Nos encontramos con un Polanski muy inspirado, donde demuestra tener una capacidad innata para crear una atmósfera y a pesar de su juventud en aquel momento nos podía hacer pensar en un realizador en ciernes, denota una madurez muy significativa, sabiendo aunar sobriedad y talento.

Es notoria la búsqueda de la perfección, en un anhelo de equilibrio fílmico, que lleva irremediablemente a cierta severidad. Podemos notar un afán de novedad y vanguardia, pero sin esconder la notable influencia de maestros como Alfred Hitchocok, Orson Welles y René Clément, lo que provoca que se pueda apreciar una notoria característica ecléctica

Nos encontramos con un libreto muy bien estructurado, lleno de insinuación y sugerencia, a la par de absorbente y malicioso, que hace transportar a un intenso juego psicológico; hay una trama que se centra en un hilo conductor de acción y reacción, que deja desarrollar un interesante estudio de los personajes y situaciones, donde se otorga un inusitado protagonismo a los pequeños detalles, en unas escenas llenas de un humor muy peculiar, más ácido que negro, bastante cercano al carácter de los polacos, con lo que se puede analizar toda la idiosincrasia de un pueblo en todas sus clases sociales y tramos generacionales.

La fotografía de Lipman es brillante y llamativa, en un blanco y negro casi a modo de tragedia griega, a lo que se une una música surgida de la batuta de Kemeda excelentemente apropiada al desarrollo dramático de la cinta; mención aparte merece la labor de los únicos figurantes Leon Niemzyk, Jolanda Umecka y Zygmunt Malanowicz perfectamente medidos en su expresividad, donde el realizador les sabe sacar una serie de actos muy coherentes con el propio carácter de cada rol.

En una época donde los filmes procedentes de los países del Este era muy bien recibidos por la «Crítica» occidental, obteniendo el premio especial de la «FIPRESCI» (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) del Festival de Venecia en 1.962 y nominada como «Mejor Película de habla no inglesa» en la noche de los «Oscar» en 1.964 y en el mismo ejerció candidata en los premios BAFTA de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y Televisión en la análoga especialidad; hechos que supondría un mayor conocimiento fuera de las fronteras de su país de Roman Polansky y el comienzo de una fructífera carrera internacional en Reino Unido, Estados Unidos y Francia. No volvería a dirigir una producción de capital polaco hasta «El pianista» en 2.002, una especie de homenaje a su patria, junto con una dura retórica de expulsión de demonios familiares.

One Response to “El cuchillo en el agua”

  1. Encuentro todas las características posteriores del mejor Polansky.

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