Mad Max, el guerrero de la autopista.

miércoles, junio 8th, 2016

Tras años donde el cinema australiano dio poco de sí, se logra cambiar las tornas a finales de los 70, con la aparición de nuevos y jóvenes realizadores como Peter Weir, Bruce Beresford y George Miller, que con estilos y actitudes innovadoras, supusieron una auténtica bocanada de aire fresco para el sector y exponiendo unas configuraciones bastantes atractivas para todo tipo de espectadores, por lo que bien pronto acabarían dentro del engranaje de Hollywood.

Mención aparte merece la figura de George Miller, nacido en la ciudad de Brisbane, en el estado de Queensland el 3 de marzo de 1.945, sólo unas semanas antes del final de la II Guerra Mundial, hijo de un matrimonio de emigrantes de origen griego procedentes de Citeria y que tras su llegada a la Isla-Continente anglicanizan su apellido de Miliotis por el de Miller; estudiante de medicina por deseo de sus progenitores en «Univeristy of New South Walles, aunque el futuro cineasta se mostrara más interesado por las artes escénicas y las creaciones audio-visuales; es en el ultimo año de carrera en 1.971 cuando realiza con su hermano más pequeño Chris un corto de sólo un minuto que es agraciado con el primer premio en un concurso en su respectivo campus. Conseguida la licenciatura asiste a un taller de cine en la «Melbourne University» donde conocería a Byron Kennedy también interesado en la experimentación en el «Séptimo Arte», siendo el comienzo de una fructífera colaboración entre ambos. Miller obtiene plaza como médico residente en el St Vicent’s Hospital de Sydney y en su tiempo libre se dedica a su gran pasión y junto con Kennedy ponen en circulación en 1.972 el cortometraje «Voilence in Cinema: Part 1», aún no comercializado en ningún país hispano-hablante, en que tomando forma de documental se hace un análisis pormenorizado sobre el exabrupto en el celuloide, cosechando un fuerte interés tanto en el público como en los medios de comunicación especializados. Abandonada la profesión de galeno, Miller funda con Kennedy la empresa cinematográfica «Kennedy Miller Productions» en 1.978 con sede en la localidad de Kings Cross, distrito de Melbourne, en Nueva Gales del Sur.

Al año siguiente el primer proyecto de la productora se hace realidad, con el estreno en el país del hemisferio sur del filme «Mad Max, también conocido entre las naciones que tienen como propia la lengua de Cervantes con el título de «Mad Max, el guerrero de la autopista». Se cuenta una historia simple pero sumamente atractiva, en una Australia futura completamente desolada, donde los grandes centros urbanos son abandonados y la mayoría de la población se convierte en nómada para poder sobrevivir; una serie de bandas de hombres armados aterrorizan a los ciudadanos indefensos y uno de estos grupos asesinan a la mujer y el hijo de Max Rockatansky, un duro policía de carretera, que bien pronto tomará su venganza.

En esta cinta Miller asume la dirección y la confección del guión original junto con la colaboración de James McCausland, Kennedy se responsabiliza de la producción ejecutiva, se contrata como operador jefe a David Eggby, para la banda sonora se dota de la batuta de Brian May y se recurre de los servicios de Tony Patterson y Cliff Hayes para el montaje; se opta por un casting de actores fuera de los círculos del «Star System» local como Mel Gibson, Joanne Samuel, Hugh Keays-Byrne, Steve Bisley o Tim Burns.

De todo este reparto es especialmente obligado citar la figura de Mel Gibson, entonces un desconocido; venido al mundo en la población de Peekskill, en la área metropolitana de Nueva York el 3 de enero de 1.956, hijo de un empleado de ferrocarril y una ama de casa; en el año 1.968 cuando contaba sólo 12 años de edad, se traslada con toda su familia a Australia para evitar que sus hermanos mayores fueran movilizados para la guerra de Vietnam; interesado en la interpretación desde su adolescencia, debuta en el cine en 1.977, como ejecutante de reparto con sólo 21 años en la película de serie «B» «Summer City». Dos años después recibe el papel protagonista de «Mad Max» y según se cuenta en alguna leyenda urbana, la contratación de Gibson fue un tanto extraña, ya que se presentó a la prueba un día después de haberse peleado en un bar y con el rostro lleno de moratones, encontrando de este modo los responsables del filme la dureza y brutalidad necesaria para su personaje.

El resultado en imágenes en movimiento es una creación muy bien lograda a pesar de haber sido realizada de forma tan artesanal y austera; hay una fructífera mezcla de géneros como la distopía, la ciencia ficción, la Road Movie y el Western futurista, a la que se añade unas interesante dosis de cine experimental. El de Brisbane llega concebir una llamativa puesta en escena, dotada de una salvaje belleza visual, a pesar de una propensión a cierto feismo, en unas escenas magníficamente rodadas y acaparando un estilo propio.

Miller mantiene el pulso narrativo en todo momento, gracias a un ritmo endiablado y concediéndole al «Respetable» un torbellino de buenos momentos y acción, no ocultando en ningún instante la violencia, que hasta en algún fotograma se puede apreciar que se recrea en ella, lo que no impide en transmitir cierto aspecto místico. Sin embargo el director no se muestra especialmente preocupado en la excelencia artística, ocasionando que esta falta de ambición sea uno de los aspectos que puedan provocar una sensación de empatía hacia toda esta producción

Una cierta «Crítica» demasiado ideologizada ve en esta cinta algún sesgo ultra-derechista, por su propensión al ensañamiento y la defensa a ultranza del orden social y familiar a pesar de la situación extremadamente delicada en el espacio donde se desarrolla la trama, aunque este supuesto aspecto político pronto se ve diluido por el ardor, la aspereza, la visceralidad y la rotundidad, como si la forma superase al fondo.

La fotografía de David Eggby es hermosa y rigurosa a la vez, convirtiéndose en un elemento indispensable, la música de Brian May hace su función sin demasiadas estridencias, ya que estas están más presentes en otros aspectos de la película, lo que no entorpece que posea una pizca de contundencia, la edición de Tony Patterson y Cliff Hayes es extremadamente eficaz e inteligente al suplirla con inventiva y originalidad la falta de recursos económicos; las interpretaciones son sublimes y eficientes, sobre todo en Gibson muy oportuno en su glosa, algo que le siguen a la zaga su «partenaire» Joanne Samuel y los competentes secundarios Hugh Keays-Byrne, Steve Bisley y Tim Burns.

El apreciable éxito en taquilla del filme aconsejó que se realizara nuevas secuelas y así en sólo dos ejercicios después en 1.981, se estrene «Mad Max, el guerrero de la carretera», contando de nuevo con la dirección de Miller, auxiliado por casi el mismo equipo técnico, pero con un presupuesto mucho más holgado, asumiendo de nuevo Mel Gibson el rol de protagonista y entrando de lleno en el circuito de la distribución más tradicional, donde el universo de la primera entrega, en que aún se conservaba ciertos elementos de civilización a pesar de la decadencia, se ve transformado en una destrucción total, sin ningún resquicio de ley y orden; en 1.985 se presenta oficialmente ante el público «Max Mad, más allá de la cúpula del trueno», contando con el apoyo de los grandes estudios norteamericanos y destacando esta vez la presencia al lado del sempiterno Gibson, el empaque de Tina Tarner, que igualmente interpreta el tema » We don’t need another hero», que llegó en aquel mismo año al número uno de la listas musicales en países como Australia, Canadá, Irlanda, Alemania Federal, Suiza y España, aparte de la posición tres en Estados Unidos y Reino Unido, aunque en esta cinta el pesimismo antropológico notorio de las anteriores, se ve dulcificado por un moderado halo de esperanza. Y finalmente en 2.015 se comercializa la esperadísima «Mad Mad, Furia en la carretera», con un Miller cumpliendo los 70 años y con el británico Tom Hardy y la sudafricana Charlize Theron como actores principales, una vuelta de tuerca actual a los personajes y situaciones creados en aquel ya lejano 1.979.

4 Responses to “Mad Max, el guerrero de la autopista.”

  1. Me ha gustado la forma de ver la violencia de esta película.

  2. Miler no se recrea en la violencia, ve en ella elementos estéticos, como otros grandes maestros del cinema y sus distopías es un auténtica crítica a los tiempos que nos ha tocado vivir.

  3. No la veo de extrema-derecha; Lo que pasa que muchos críticos están super-politizados. Es una película de evasión con una buena factura técnica, nada más.

  4. Me encanta la forma de rodar de Miller. Es un realizador de gran talento y con una gran habilidad.

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