Un condenado a muerte se ha escapado.

martes, mayo 17th, 2016

Producción francesa de 1.956, que significaba el quinto filme de Robert Breson, cineasta nacido en la localidad de Puy-de-Dome, en la región de Avierna en 1.901; interesado en su juventud sobre todo por las artes plásticas y la fotografía, es al llegar a la treintena cuando empieza a mostrarse atraído por el «Séptimo Arte» y en 1.934 dirige el cortometraje «Les afferires publiques» no estrenado en ningún país hispano-hablante, donde parodia los estilos de René Clair y de Jean Vigo. El estallido de la II Guerra Mundial y la ocupación alemana de su patria le supone el internamiento en un campo de prisioneros; una vez liberado realiza su primer largometraje «Los ángeles del pecado» en 1.943, que a pesar de la notable censura por parte de las autoridades del régimen de Vichy, consigue proyectar un desgarrador drama religioso, con una serie de recursos estilísticos que desarrollaría con más amplitud en trabajos posteriores. En 1.945, con la contienda terminada, dirige «Las damas del bosque de Bolonia», una moderna adaptación de un cuento de Denis Diderot, sobre un hombre que se casa con una prostituta para redimirla y en 1.951 logra hacer realidad el proyecto cinematográfico de «Diario de un cura rural», basada en la novela del mismo título de George Bernanos publicada en 1.936, tratando la irrupción de un joven sacerdote católico en una pequeña comunidad agraria del norte del país galo, en una inquietante y misteriosa creación, evitando en todo momento comprender la psicología de los diferentes personajes, recogiendo y evidenciando con maestría los propios planteamientos jansenistas del escritor parisino muerto poco tiempo antes y rechazando la participación de actores no profesionales.

La mayoría de estas premisas están presentes en la cinta posteriormente comercializada en el sexto año de la década de los 50 con la denominación en su lengua original de «Un condamné à mort s’est échappe, con el subtítulo de «Le vent souffle où il veut» aunque en el mundo castellano-hablante fue conocida por el público como «Un condenado a muerte se ha escapado», en una adaptación hecha por el mismo Breson sobre el testimonio autobiográfico del oficial del ejército, magistrado castrense y miembro de la Resistencia Andrè Devigny, tratando sobre la sanción capital del activista por un tribunal marcial alemán el 20 de agosto de 1.943, acusado de actos de sabotaje contra el ocupante y su huida de la prisión de Montluc en Lyon durante la noche del 24 y 25 de agosto de aquel mismo ejercicio, pocas jornadas antes de lo que iba a suponer el cumplimiento de la sentencia; sin embargo en el filme se cambia el apellido de la principal figura de la narración por Fontaine y se añade la presencia de un tímido y apocado adolescente, compañero de celda del protagonista que lo acompañará en la azarosa evasión.

Se nos expone un producto con un evidente carácter trágico, donde los sujetos están esperando su misma muerte, aunque el mensaje es ante todo optimista en una magnificación de la voluntad individual, en una glorificación de la fe, entre místico y humanista a la vez; con un final de la trama ya expuesto en el encabezamiento de la película, se busca hacerla atractiva en la forma más que en el fondo.

Nos encontramos con una historia sencilla en que se juega con el espectador, limitando las sensaciones en un filme hecho con singular pericia, donde la sobriedad junto con la austeridad son los elementos dominantes; se escapa de la grandilocuencia y de sentimentalismos que en la mayoría de los casos pueden resultar notoriamente manipuladores; Breson agencia que no sobre ningun tipo de arbitrio, sabiendo unir de forma majestuosa y ducha diferentes géneros como drama, cine bélico, thriller, suspense y aventura, denotando cierto aspecto ecléctico.

Hay una búsqueda de la propia identidad del cinema, liberándose de las artes escénicas, en una especie de adanismo creativo, donde el autor se convierte involuntariamente en una especie de revolucionario estético, un auténtico filósofo fílmico, desarrollando un personalísimo estilo esquematizado; que a pesar que inicialmente pueda parecer una obra esencialmente naturalista, va adquiriendo cierto tono abstracto, en consonancia de una espiritualidad incómoda y para nada acomodaticia, en un sano ejercicio de introspección y en un trabajo sumamente trasmutado y afinado.

Destaca la manifestación de una realidad en planos cortos y cercanos, con un casi un despojamiento visual, con unos diálogos breves pero a la vez intensos, con una repetición cadenciosa de escenas, siendo notable la utilización inteligente del sonido, dándole incluso un efecto dramático, como pocas veces se había realizado; podemos encontrar una autentica utilización artística de los diferentes ruidos, que en ocasiones marca el ritmo de la misma acción

Con una Banda Sonora no original basada íntegramente en el «Kyrie» de la «Gran Misa» de Wolfgang Amadeus Mozart, se une una fotografía en blanco y negro pulcra y llamativa de la mano de Léonce-Henri Burel, a lo que sumamos el notorio montaje producto de la labor de Raymond Lamy y el importantísimo, en este caso sonido de Pierre-André Bertrand , Joseph Abjean y Guy Rophé, añadiendo una dirección de actores sumamente genial, destacando un reparto en su mayor parte amateur y formado por intérpretes como Francois Leterrirer, Charles Le Clainche, Mauriece Beerblock, Roland Monod, Jacques Ertaud o Jean-Paul Delhumeau.

La película resultó un auténtico revulsivo para los jóvenes colaboradores de «Cahiers du Cinéma» como Francois Truffaut, Jean-Luc Godard, Jaques Rivette, Eric Rohmer o Claude Chabrol, poco antes de pasar de la tinta a las cámaras y la eclosión al final de la década del movimiento de la «Nouveulle vague». Académicamente la cinta alcanzó su reconocimiento con el laurel al mejor director en la edición de 1.957 del festival de Cannes y ese mismo año obtiene asimismo el Galardón de la OCIC y el Premio a la Mejor Película por parte del Sindicato Francés de Críticos de Cine.

2 Responses to “Un condenado a muerte se ha escapado.”

  1. Está película refleja como nadie una época. Personalmente la veo en un exponente histórico.

  2. Me encanta las biografías.

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