Lautrec

lunes, abril 11th, 2016

Henry Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa, más conocido artísticamente como Tolouse-Lautrec, nació el 24 de noviembre de 1.964 en el castillo de Albi,en el departamento de Tar, en la actual región francesa de Languedoc-Rosellón-Mediodía-Pirineos, localidad que en el pasado tomara su nombre la secta herética de los albigenses, para cuya represión el Papa Inocencio III en 1.209 promoviera una cruzada, donde las tropas del monarca galo Felipe II Augusto, al mando de Simón de Montfort cometieran auténticas masacres entre la población civil; era el primogénito del matrimonio formado por Alphonse conde de Toulouse-Lautrec-Montfa y Adèle Toulouse-lautrec-Montfa, apellidada Tapié de Celeyran de soltera, los dos primos-carnales y descendientes de la familia real de navarra de los Albret y de los poderosos señores de Toulouse. Debido al exceso de endogamia, propio de la mayoría de las estirpes aristocráticas, el niño Henry era especialmente enfermizo y a los diez años pudo empezar a padecer la rara enfermedad de «picnodisostosis», descrita por primera vez en 1.962 y precisamente conocida en la literatura médica como «Síndrome de Toulouse-Lautrec», que se caracteriza por una notoria fragilidad de los huesos, fracturas espontáneas, malformaciones del cráneo y escaso crecimiento, por lo que el joven se desarrolló con un tronco normal pero brazos y piernas muy cortos y alcanzar posteriormente de adulto la baja estatura de 1,52 cm; este hecho traumatizaría a sus progenitores y haría despertar en Henry unas innatas cualidades hacia el dibujo y la pintura y mostrarse especialmente poco atraído por su clase social.

Tras una formación primaria impartida por preceptores, estudió bachillerato en el Lycèe Condorcet en la capital del país y a partir de 1.881 y con el apoyo de su tio Charles consigue hacerse discípulo de Léon Bonnat, el retratista de moda en aquel momento y un año despues ante el cierre del taller de éste, logra un nuevo maestro en la persona de Fernand Cormon, teníendo como compañero de formación al holandés Vicent van Gogh.

En 1.884, entrando en la veintena, se consolida como pintor y se traslada al barrio de Montmartre, donde encontraría como vecinos a notables como Paul Degas y Aristide Bruant. Fuertemente sugestionado por los locales nocturnos de diversión de la zona, se hace un cliente habitual de algunos de ellos como el «Folies Bergère», el «Moulin Rouge», el «Moulin de la Galette» o «Le Chat Noir», que le inspira fuertemente y al contrario de los «Impresionistas» que en aquel periodo dominaban las artes plásticas en Francia, huye del género del paisaje y se decanta por espacios cerrados, iluminados con luz artificial, teníendo como protagonistas a seres marginales, a desheredados de la fortuna, que el propio Toulouse-Lautrec se sentía que formaba parte de su colectividad y donde era aceptado entre ellos a pesar de su minusvalía; al contrario de su antiguo condiscípulo Van Gogh, si pudo vender sus cuadros y vivir de su talento, teníendo especialmente éxito sus carteles publicitarios de establecimientos de esparcimiento más que de sus óleos, conviertíendolo en una figura especialmente conocida en aquel París de los comienzos de la III República.

Un estilo de vida notoriamente festivo y hedonista le hace caer en el alcoholismo, deteriorando su salud tanto física como psicológica, sufriendo manías persecutorias, depresiones y neurosis; internado en un manicomio en 1.899, pudo ser traslado a una finca propiedad de la familia de su madre en la aldea de Saint-André-du-Bois, perteneciente al departamento de Gironda, muriendo postrado en la cama el 9 de septiembre de 1.901, contando con 36 años de edad.

Obviamente una personalidad así resultaba especialmente atractiva para llevar su vida a la «Gran Pantalla» y el primer intento se establece en el año 1.952 en la producción británica «Moulin Rouge», con realización del estadounidense John Huston y protagonizada por el actor puertoriqueño José Ferrer; una visión triste, pesimista y decadente del artista, cercana a los postulados del «Realismo Poético» que comenzaran en los 30 cineastas galos como Jean Vigo, Renè Clair o Marcel Carné.

Es a finales de los 90, cuando la industria del arte del celuloide francesa decide hacer el «biopic» definitivo sobre el genio de Albi y pone el marcha el filme «Lautrec» estrenado el 9 de septiembre de 1.998, en el noventa y siete aniversario del fallecimiento del creador, con la financiación de la estatal «Centre Nationale de la Cinématographie», la privada «Les Films du Losange», asi como las cadenas televisivas de «France 3» y «Canal+», contando con la producción ejecutiva de Margaret Menegoz y anterior responsable de promover interesantes e importantes trabajos como «La marquesa de O» en 1.975, «Pauline en la playa» en 1.982 y «El rayo verde» en 1.985 del francés Eric Rohmer, de los proyectos alemanes «La ruleta china «en 1.976 de Reiner Werner Fassbinder, «El amigo americano» en 1977 de Wim Wenders y «El amor de Swann» en 1.983 de Volker Sclöndorff y mismamente la película «Europa, Europa» en 1.990 de la polaca Agnieszka Holland. Para la dirección se recurre a Roger Planchon, también encargado del guión, uno de los intelectuales más conocidos del «Hexágono», que aparte de realizador cinematográfico destacaba en sus faceta de actor, escritor y dramaturgo; esta cinta significaba su tercera labor tras las cámaras que había iniciado con «Dandin» en 1987, una adaptación de la conocida pieza de Molière y «Luis, el rey niño» en 1.993, un drama histórico sobre la infancia del futuro monarca absolutista durante la rebelión nobiliaria de la «Fronda» en 1.649. Gérard Simon seria el operador jefe, Isabelle Devinck se encargía del montaje, Jacques Rouxel se comisionaría de la escenografía, de capital importancia para una película de època y Jean-Pierre Fouquey llevaría la tarea de la composición de la «Banda Sonora» original; se recurre a un amplio casting de actores como Régis Royer, Elsa Zylberstein, Aménome, Claude Rich, Micha Lescot, Claire Borota, Hélène Babu, Jean-Marie Bigard o Vanessa Guedj.

El resultado en imágenes en movimiento es una descripción concienzuda del sujeto principal, así como las personas que le rodeaban, en una pasión casi enfermiza y arrebatadora por la profesión e intensidad en el trabajo, cargada de anécdotas vitales pero sin llegar a la banalización; hay un acercamiento esmerado a la estampa del virtuoso, destacando el torrente de su capacidad inventiva y su postura iconoclasta y verdaderamente revolucionaria, aparte de su sensibilidad y ternura, que se muestra en sus obras y en sus relaciones humanas.

Nos topamos con una perspectiva vitalista y alegre, como verdaderamente era Tolousse-Leutrec y en cierto modo se le encomienda la plana al gran Huston, al escaparse de las premisas del filme de los 50. Sin esconder para nada cierto afán didáctico, sobresale una soberbia ambientación, en un regusto por el detalle histórico, en una finura que casi la podíamos calificar como versallesca.

Planchon demuestra ser un realizador eficaz, lleno de suspicacia y buen oficio, capaz de transmitir lo más hondo del alma de los figurantes y el espíritu de un interesante tiempo pasado; sabe crear una átmosfera, elemento bastante raro en el cine actual y entiende cómo puede llegar al público con seducción pero nunca sin negar la propia inteligencia de éste. No pretende ser un prestidigitador, pero tampoco aspira ser un creador excéntrico y alejado.

Los actores alcanzan una cierta notoriedad, destacando los cometidos de Régis Royer, que parece como si el «brujo» del Mediodia francés ser reencarnara en su cuerpo, unida a la interpretación de la hermosa Elsa Zylbertein, transfigurándose en Suzanne Valadon, la auténtica musa de la «Belle Epoque»; la escena donde Zylbertein, con las nalgas al descubierto y sentada sobre una mesa preparada para un prolífico banquete, resulta uno de los momentos más sensuales y atrayentes que pudo dar el cinema mundial en estas últimos ejercicios; mención aparte merece el quehacer de esa gran dama de las tablas y los platós de la antiguas Galicas, como es Anémona, en el papel de la madre, siempre correcta y unica, la profesionalidad y el buen cometido de Claude Rich en la piel del padre y para terminar la cierta cabalidad de Micha Lescot como Gabriel de Céleyran, el primo y médico personal del de Albi.

En la edición de los «Cèsar» en 1999, los prestigiosos premios de academia francesa de cinematografía, Anèmone recibió el galardón a «Mejor Actriz Secundaria», hecho que produjo un extraño consenso en la siempre polémica «Crítica» especializada. «Lautrec» desgraciadamente sería la ultima película dirigida por Roger Planchon, que fallece en París el 12 de mayo de 2.009.

2 Responses to “Lautrec”

  1. Represanta mejor que nunca la «Belle epoque»

  2. Me encanta la mezcla entre erotismo y sensibilidad de esta producción. Zylertein es una verdadera musa.

Leave a Reply