Lincoln

domingo, marzo 27th, 2016

Producción estadounidense de 2.012, que sin ser obviamente la mejor película de Steven Spielberg, encierra todo lo mejor de su cine, tanto el cercano a todo tipo de públicos, como el más comprometido y con mayor profundidad intelectual; vista por muchos como un producto enteramente épico dentro de un drama de época, lo cierto es que podemos vislumbrar una cinta donde su director intenta trasmitir emoción y poesía, en una lograda búsqueda de lo sublime, aunque se huye de cualquier tipo de maniqueísmo, anhelando un rigor historiográfico. Con todo resulta un filme sobrio, hasta lo podemos llegar a considerar como solemne, librado de fisuras y riesgos y con cierta complacencia tanto por sus mismos responsables como al «Respetable».

Por su título nos hace pensar encontrarnos con un típico «biopic», aunque sólo cubre los últimos cuatro meses de la vida del presidente que aseguró la integridad de la nación norteamericana y acabó con la institución de la esclavitud en la parte más meridional de su propio país en medio de una cruenta guerra civil que dejó un reguero de millones de muertos. La narración se centra en los esfuerzos desde el mes de enero de 1.865, tras su segunda toma oficial del poder, para que la «Decimotercera Enmienda» a la constitución federal fuera aprobada por la «Cámara de Representantes de Estados Unidos», lo que significaba una abolición de facto de la servidumbre involuntaria; sin embargo se incide que este hecho no fue tan sublime como se puede hacer creer desde el principio con una lectura meramente superficial del hecho; dos años antes en 1.863 se proclamó por parte del gobierno de Washington, dos decretos por los que se declaraba la emancipación de los no-libertos en los estados rebeldes, no en los que se mostraran leales a la Unión, aunque muchos dudaban de la legalidad de esta medida, vista en ciertos sectores políticos como un mero «bando de guerra». Con la nueva reforma se conseguía la seguridad jurídica deseada, pero para su aprobación se tuvo que recurrir a métodos no muy ortodoxos, como la entrada de Francis Preston Blair, uno de los fundadores del Partido Republicano, en una futura comisión bilateral, dentro de la más que probable negociación de paz con los confederados, asegurándose así el voto favorable del sector más derechista de la organización y el simple soborno a diputados demócratas por medio de persuasivos agentes secretos del gobierno.

Pero Spielberg no desmitifica la Historia, incluso la imagen de Lincoln puede permanecer impoluta, ya que estas prácticas son más bien realizadas por sus subordinados y se ambiciona ante todo el fin independientemente de los medios; esta aptitud en Europa sería culturalmente inconcebible, sufriendo los personajes, de esta manera, una merma importante de su encubrimiento entre los mismos espectadores. Debemos recordar que fue precisamente Hollywood y no los expertos de la materia, los que han dado una visión denodada e idealista de las causas de la contienda entre el Norte y el Sur, pasando por alto los intereses económicos contrapuestos y las intrigas partidarias.

El de Cincinatti con todo este material construye una película muy sólida, que no escapa de cierto academicismo, con una escenografía fria pero correcta, en una soberbia puesta de escena, donde no se escatiman las fórmulas para lograr una buena representación histórica, aunque no se libra de una palpable distancia conceptual que nos hace recordar levemente a un tono cercano al documental; el realizador conoce bien el oficio y es capaz de topar todos los elementos que dotan a la obra de una llamativa belleza plástica y genio cinematográfico.

Hay una importante sobriedad en la formas, se recurre a un plano reposado, cuasi teatral, en una inspiración preclara de la pintura clásica de la sexta década del siglo xix y los siempre estáticos daguerrotipos. Se invoca a un ritmo apacible, casi sin ningún artificio, alejándose de los postulados más comerciales y cercanos a la creatividad más interiorizada del director.

Peyorativamente algunos críticos la han calificados como una «Cinta de Oscar», en una supuesta indagación incesante de reconocimiento académico, aunque más bien, mirándola con ojos más benévolos, resulta un anhelo perenne por la excelencia. Puede que haya un continuismo inventivo en esta aptitud, pero no podemos dejar de olvidar un esfuerzo intelectual persistente y exhaustivo para alcanzar los empeños.

El guión de Tony Kushner, basado en el libro «Team of Rivals: The political Genius of Abraham Lincoln» de la prestigiosa catedrática de la universidad de Harvad Doris Kearns Goodwin, es brillante y suficientemente atractivo a lo que se une los llamativos decorados brotados del genio de Rick Carter y Jim Erickson que se manifiestan denodadamente espectaculares, con una fotografía magistral del polaco Janus Kaminski, habitual en los trabajos de Spielberg, al lado de una Banda Sonora casi imperceptible surgida de la batuta de John Williams. Las interpretaciones son gloriosas, destacando el papel del británico Daniel Day-Lewis ,notoriamente fulgente, donde se mete en la piel del personaje, resultando especialmente creíble en la tormenta interior del mismo, no ahorrándose las notorias contradicciones tanto políticas como psicológicas y a unos secundarios de lujo, como Sally Field, Tommy Lee Jones, Lee Pace o la canadiense de origen afro-americano Gloria Reuben, todos muy profesionales y correctos.

Como era de esperar el filme consiguió una sustancial identificación en laureles, al obtener en la edición de los «Oscars» en 2.013, Daniel Day-Lewis el premio a «Mejor Actor principal», que significaba el tercero de su carrera después de los adquiridos en 1.990 por su actuación en «Mi pie izquierdo» del irlandés Jim Sheridan y en 2.008 por su labor en «Pozos de ambición» del californiano Paul Thomas Anderson; también en el palmarés del célebre certamen en el decimotercero año del siglo XXI, Rick Carter y Jim Erikson se alzaban con la «Mejor Dirección Artística». En los BAFTA, los galardones de la Academia Británica del Cine y la Televisión, en la ceremonia del mismo curso, de nuevo a Day-Lewis le fue correspondido el reconocimiento a mejor actuante.

2 Responses to “Lincoln”

  1. Los americanos cuando tratan su Historia la representan bien, intentan no cometer errores de bulto; no pasa la mismo cuando tratan la Hisotoria de los demás países, lleno de tópicos e equivocaciones.

  2. buena lección de Historia y poco más.

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