Cinema Paradiso

domingo, marzo 6th, 2016

Los 80 resultaron en su mayor parte una década adversa para el «Séptimo Arte» italiano; Tras años de absoluta brillantez en que los cineastas trasalpinos demostraron estar a una gran altura, le sucede un periodo especialmente decadente, motivado por la retirada de algunos de los grandes maestros, una mayor dependencia por parte de la televisión y cambios de costumbres en las generaciones más jovenes. Sin embargo en la celebración de los «Oscars» en 1.988, una cinta de cooprodución entre Italia y el Reino Unido titulada «El ultimo emperador», realizada por Bernardo Bertolucci, resultó la gran triunfadora de la noche al acaparar un total de nueve estatuillas, entre ellas la de «Mejor Película» y «Mejor Director» y el veterano intérprete de nacionalidad italiana Marcelo Mastroianni obtiene el galardón a «Mejor Actor» por su actuación en el filme soviético «Ojos negros» de Nikita Mijalkov. Independientemente del mérito de los premiados, la academia de las artes y ciencias cinematográficas estadounidense promovía un reconocimiento al pasado del cinema del país mediterráneo.

Ese mismo año de 1.988, el realizador de origen siciliano Giuseppe Tornatore logra poner en marcha su pelìcula «Nouvo Cinema Paradiso», aunque conocida internacionalmente como «Cinema Paradiso», estrenada el 17 de noviembre en curso, que iba a significar un inédito revulsivo a la cinematografía itàlica y el comienzo de una nueva y emergente etapa, donde unos directores como Nani Moretti, Marco Tullio Giordania y el propio Tornatore, sin ser unos neófitos, conseguirían imponer formas frescas y estilos inéditos. Este título representaba el segundo trabajo de Tornatore, que había debutado tras las cámaras con «El Profesor» en 1.986, basado en hechos reales sobre las actividades delictivas del capo de la camorra napolitana Raffaele Cutolo en los convulsos años 70 y las notorias ramificaciones del crímen organizado con la clase política y empresarial; financiada por la cadena televisiva privada Reteitalia, propiedad del magnate Silvio Berlusconi y la histórica productora de cine Titanus; esta creación sería retirada por orden judicial sólo a los dos meses de exhibición a causa de una querella e impidiendo no ser vista otra vez en público hasta su programación por la Pequeña Pantalla en 1.994, cuando había superado todos sus problemas en los juzgados.

En la nueva obra, el realizador nacido en la pequeña ciudad de Bagheria, perteneciente a la área metropolitana de Palermo el 27 de mayo de 1.956, aborda unos temas menos espinosos y turbios, afrontando llevar en imágenes en movimiento la formaciòn sentimental de un niño a través del cine en los duros años de postguerra en un imaginario pueblo siciliano llamado «Giancaldo», que podía funcionar como un microcosmos de toda la isla e incluso de toda Italia. Con un guión elaborado por él mismo y la colaboración inestimable de Vanna Paoli, recibe el apoyo económico de la romana «Cristaldifilm» y la parisina «Les films Ariane, encargándose la napolitana Titanius de la distribución; el prestigioso Franco Cristaldi llevaría la responsabilidad como productor ejecutivo, se busca a Blasco Giurato como operador jefe, se elige como escenógrafo a Andrea Crisanti, se contrata en vestuario a Beatrice Bardone y para la musicalización se dota de los servicios de Ennio Morricone, conocido en un primer momento por ser el autor de las Bandas Sonoras de los famosos «spaghetti-westerns» «Por un puñado de dólares» en 1.964,»El Bueno, el Feo y el malo» en 1.966 y «Hasta que llegó su hora» en 1.968, todos de Sergio Leone, alcanzando la gloria gracias a su batuta en «Novecento» de Bertolucci en 1.976 y «La Misiòn» del británico Roland Joffe en 1.986, últimamente afortunado con la concesión en los «Oscars» en 2.016 a la «Mejor Composición Original» para el filme «Los odiosos ocho» de Quentin Tarantino; finalmente se selecciona un casting enminentemente coral donde tíenen cabida actuantes como Marco Leornadi, Salvatore Cascio, Agnese Nano, Antonella Attili, Pupella Maggio o Leopoldo Trieste e imponiendo la coproductora francesa a los ìntérpretes galos Philippe Noiret y Jacques Perrin.

Se rueda en localidades sicilianas como la Bagheria natal de Tornatore, junto con Cefalù, Castelbuono, Palazzo Adrianno y Chiusa Sclafani, aparte de ciertas tomas en Roma. Es precisamente con la filmación en lugares reales, cuando se puede encontrar ese planteamiento donde se mezcla naturalismo y costumbrismo, como bien viene plasmado en el libreto, que expone una historia con algún elemento autobiográfico, sencilla pero a la vez sumamente llamativa, que como en los mejores clásicos se divide en tres actos, descubriendo la niñez, la adolescencia y la madurez del personaje protagonista. Todo comienza cuando a finales de los 80, un director de cinema de prestigio, residente en la capital administrativa del estado italiano, llamado Salvatore, pero conocido por Totó por la familia e íntimos, vuelve a su pueblo natal de «Giancaldo» para asistir al entierro del antiguo proyeccionista de la sala de cine local y en un socorrido «flashback» vuelven los recuerdos de su infancia, a finales de los 40, cuando se criaba al lado de su hermana, con una madre abnegada que suspiraba por el regreso de su esposo, desaparecido en el frente ruso durante la II Guerra Mundial, hasta que un día recibe en una notificación por parte del Ministerio de Defensa la confirmación de su muerte. El ya oficialmente huérfano Totó, es el monaguillo del padre Adelfio, el sacerdote católico de la población y se hace muy amigo de Alfredo, un hombre analfabeto pero con gran pericia técnica, que se encarga de proyectar las rollos de celuloide en las veladas de cine que el clérigo brinda a los vecinos en su propia parroquia; el hombre de Iglesia censura las escenas subidas de tono, especialmente los besos, pero el proyeccionista guarda para sí los trozos reprobados con la complicidad divertida del pequeño. Una noche, debido a que la sala de la feligresía se encontraba cerrada, los lugareños piden a gritos que se impresione una pelìcula en la pared de una casa contigua, demanda que es atendida, pero ante un incendio en el artilugio, el técnico pierde la vista. Gracias a un morador de la villa que se ha hecho millonario, se construye una flamante paraninfo, que lo llaman «Cinema Paradiso», donde Alfredo, a pesar de su minusvalía sigue encargándose de la proyecciòn con la ayuda de Totó ; las relaciones entre ellos se hacen mas estrechas, el hombre se convierte en el padre perdido del muchacho y éste en en hijo que nunca tuvo; algo ha cambiado y en el moderno local los espectadores se libran de las reprobaciones eclesiásticas. La segunda parte se desarrolla en los 60, Totò es un adolescente vital y apasionado y se enamora perdidamente de un angel rubio llamado Elena, hija del director de una sucursal bancaria y debido a las diferencias de clase entre los dos chicos, se produce la no aprobación por parte del progenitor de ella; el servicio militar del joven hará que se olvide de su primer amor. Y finalmente en la tercera parte, Totó regresa a la isla, que supuestamente ha cambiado porque los caminos de tierra han sido sustituidos por modernas autovías y en se encuentra con su anciana madre, asiste al funeral de Alfredo en que puede reconocer las caras de antiguos conocidos, acude impávido a la demolición del ahora viejo local de exhibición y tiene un fugaz encuentro con Elena, convertida desde hace algunos años en la esposa de un amigo de siempre. Vuelto a Roma, contempla con los ojos llenos de lágrimas, los cortes censurados que habìa guardado el antiguo técnico, como legado vital a su siempre inseparable amigo.

La derivación en fotogramas de toda esta narración es una sabia y llamativa mezcla entre comedia costumbrista y neorrealismo, con una fuerte obstinación de nostalgia de los tiempos pasados, en una visión mítica sobre el arte del celuloide, que lo ve como fuente de sustantividad. Tornatore ofrece al «Respetable» un hermosa partitura, llena de pasión y profundidad, donde tíene la habilidad de que no se convierta en un vulgar producto edulcorado y ñoño. Nos encontramos con un canto que se regodea en la verdadera amistad, nutriendo a la libertad de creación, en una noble evocación de la infancia y la juventud; hay un cierto sentido humanista que nos indica con una fuerte antropología optimista que la vida es la mejor película, consecuencia de ello es la reproducción de diferentes colectividades sociales, siguiendo la estela de la tradición de los grandes maestros italianos, aunque hay unas pautas novedosas que no quieren esconder cierto sentido crítico.

La fotografìa de Blasco Girauto plasma con maestría las dispares etapas del filme, la mùsica de Ennio Morricone es sencillamente genial y nada artificiosa; la dirección artística de Andrea Crisantini y el vestuario de Beatrice Bordone, ayuda a discernir con facilidad y ningun efecto discordante la evolución en el tiempo; mención aparte merece las interpretaciones geniales en la mayorìa de los actuantes como Philippe Noiret en el papel de Alfredo, Salvatore Cascio en el rol de Totó de niño, Marco Leornadi encarnado en Totó adolescente, Jacques Perrin semblando a Totó adulto y donde repite casi el mismo registro en «Los chicos del Coro» del francès Christophe Barratier en 2.004, Agnese Nano que da vida a Elena de chica, Antonella Attilli en el cometido de Madre de Totò joven, Pupella Maggio interviniendo de Madre de Totó anciana y Leopoldo Trieste metiéndose en la piel del cura Adelfio.

Descubrimos escenas inolvidables, como la curiosidad del niño ante los rollos de celuloide, la emisión de un «plépum» en el puerto en una cálida noche de verano, el trágico incendio donde Alfredo se queda ciego, en los distintos grupos humanos que asisten a las sesiones de cine, como señoras mayores que se persignan ante ciertas liberalidades, de peripuestas señoritas buscando marido, madres que dan de mamar a sus bebés o de púberes que se masturban con la rápida anatema del acomodador, la timidez congénita de Totó con Elena, la sabia conversión sobre el amor y la vida entre los dos protagonistas, el derribo del viejo cine, símbolo de la brutalidad economicista de los nuevos tiempos y por supuesto, la lírica secuencia final de los ósculos prohibidos.

La primera versión se estableció en 155 minutos de duración, en la éxegesis internacional del año 1.989 se redujo el metraje en 123 minutos, para la comercialización especial en DVD de 2.004 se merma aun más en 118 minutos, síendo la más larga la traslación del director en 2.007 con 173 minutos. En la edición en 1.989 de los premios «David de Donatello», Ennio Morricone recibe el galardón de «Mejor Banda Sonora»; en el festival de Cannes de aquel año èl de Bagheria recoge el «Gran Premio Especial del Jurado» como director y finalmente en la gala de los «Oscars» en 1.990, «Cinema Paradiso» es premiada como «Mejor Pelìcula en Lengua no Inglesa».

4 Responses to “Cinema Paradiso”

  1. Una auténtica obra maestra, que representa como nada el espirutu de aquel maravilloso país. Resulta curiso que España síendo un país tan vital no se consiga hacer un cine vitalista y sólo haya producciones que producen la indiferencia y el hastío del público.
    ¿Dónde está el Tornatore español?, yo no lo he visto, ni se le espera.

  2. Una película que nos envuelve con su magia, una obra maestra .

  3. Tornatore no volvió hacer una película como esta; parace que ha perdido esa vena artística.

  4. Es un producto agradable sin ser ñoña. Para mí eso es importante.

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