The French Connection, Contra el imperio de la droga

lunes, febrero 22nd, 2016

Producciòn estadounidense de 1.971, dirigida por William Friedkin, que junto a filmes como «Bullit», mostrado al pùblico por primera vez en 1.968, con realizaciòn de Peter Yates y protagonizado por Steve McQueen, entonces el actor màs taquillero en Hollywood, junto con «Harry el sucio» de Don Siegel, que entrañarìa la consagraciòn de Clint Eastwood como intèrprete y «Shaft» del afro-americano Gordon Parks, visto como el comienzo del denominado «blaxploitation», ambas cintas de 1.971, significando todas el resurgimiento el cine policìaco en Norteàmerica en el epìlogo de los 60 y el arranque de los 70. Llamada en su original en inglès como «The French Connection», «La Conexiòn francesa» en castellano, en España se le conociò como «The French Connection, Contra el imperio de la droga» y en Hispanoàmerica como «Contacto en Francia»

Con un libreto de la mano de Ernest Tidyman, basàndose en la novela de Robin Moore «French Connection: a True Account of Cops, Narcotics and International Conspiracy», publicada en 1.969, en que inspiràndose màs o menos en hechos reales, se hace un anàlisis gènerico del cultivo de la amapola y su conversiòn en heroìna en Turquìa y su traslado por la mafia marsellesa, teniendo como base la ciudad provenzal, hasta Estados Unidos, actividad que tuvo su auge en los años 50 y 60, coincidiendo con una edad de oro de la delincuencia organizada en el Mediodìa de Francia, gracias a contar con cierto apoyo de los servicios secretos norteamericanos para desplazar del control por parte de los sindicatos comunistas de los puertos del Sur en el paìs galo y la utilizaciòn de sus redes en beneficio del gobierno de De Gaulle para la «guerra sucia» contra los activistas de la O.A.S. La narraciòn se vuelve màs personal cuando se nos presentan los personajes de Jimmy «Popeye» Doyle y Buddy «Cloudy» Russo, miembros de los cuerpos de seguridad y especializados en narcotràfico en la ciudad de Nueva York y sus esfuerzos, una veces titànicos y en la mayor parte del tiempo, fànaticos por interceptar un envìo enorme de sustancias psicotròpicas organizado por el capo francès Alain Charmier y su contacto en suelo estadounidense Sal Boca. Esta lucha de los dos funcionarios no es comprendida por sus superiores, constatando el envilecimiento de las altas esferas.

Evidenciaba la quinta pelìcula de William Friedkin, nacido en la ciudad de Chicago en 1.935 en el seno de una familia de origen judìo-ucranìano y formado como algunos de los directores de su generaciòn en la televisiòn. Su salto a la Gran Pantalla se produce en 1.967 con la «Comedia Musical» con elementos de «Western «Good Times», protagonizada por Cher y por su entonces marido y tambièn pareja artìstica Sonny Bono y continua su trayectoria con «El cumpleaños» en 1.968, largometraje rodado en Gran Bretaña, basado en la pieza teatral del mismo tìtulo de Harold Pinter», uno de los raros ejemplos de la llamada «Comedia de Amenaza», volviendo ese mismo año de nuevo a la «Comedia Musical» en el filme «The Night They Raided Misnsky’s», un homenaje al «Burlesque» y no estrenado en ningun paìs hispano-hablante y en 1.970 consigue poner en marcha la cinta «Los chicos de la banda», una de las primeras incursiones del cinema comercial en el mundo gay. «The french connection, Contra el imperio de la droga» era hasta la fecha su pelìcula con mayor apoyo por parte de la industria, avalada por una «major» como la Fox y con la producciòn ejecutiva de Philip D’Antoni, G. David Schine y Kenneth Utt.

Es de resaltar que Friedkin de forma magistral logra convertir en material fìlmico todo aquel universo de delincuencia y corrupciòn, dentro de unas pautas naturalistas muy bien elaboradas, que en algun momento adquiere cierta forma de documental, regalando al Respetable una sensaciòn de inmediatez que pocas veces se alcanza en cine. Nos encontramos con un verdadero prodigio de realizaciòn, con un ritmo alocado que resulta muy eficaz para las escenas de acciòn, dotadas de muy buena elaboraciòn y coordinaciòn, a lo que se suma una excelente puesta en escena.

Rodada en escenarios naturales de Marsella, Nueva York y Washintong, es sumamente simbólico la distinciòn que manifiesta el director entre diferentes espacios urbanos; en la ciudad mediterrànea que se expresa luminosa, espaciosa y llena de encanto aunque igualmente enviciada, en la gran metròpolis estadounidense que en Manhattan se convierte en una ciudadela de los opulentos y poderosos y en Brooklyn se revela sucia, dura, gris, sòrdida, llena de matones de poca monta, drogadictos y agentes de la autoridad racistas, terminando en la capital administrativa del paìs màs poderoso del mundo, reflejada como una poblaciòn sin vida, casi de platò cinematogràfico y apartada de los auténticos escenarios vitales.

Igualmente Friedkin exterioriza las disimilitudes entre las figuras principales, en un contraste irònico, cuasi humorìstico, con un «Popeye» Doyle, como un oficial vulgar, desaseado, violento, hombre de acciòn màs que de reflexiòn, arquetipo propio una gran urbe en decadencia a un Alain Charmier, con la gracia de un patricio, lleno de encanto y con exquisitas formas sociales; nos topamos con un intento de atestiguar las archiconocidas desemejanzas culturales entre Amèrica y Europa.

La meritoria labor del realizador se ve acompañada por un sòlido equipo auxiliar destacando la fotografìa de Owen Roizman, instrumento esencial de la exhibiciòn de despropociòn entre opuestos ambientes y del objetivismo aledaño, un montaje perteneciente a Gerald B. Greenberg, que sirve de base a la impetuosa cadencia del filme, efecto continuado con el eficaz sonido de Christopher Newman y una Banda Sonora producto de la batuta de Don Ellis que se aviene en un complemento esencial para la propia maniobra dramàtica. Menciòn aparte merecen los actuantes, destacando los papeles de Gene Hackman como «Popeye» Doyle, uno de los mejores roles de su carerra, que se expone desbordande e histriònico y junto al gallego Fernando Rey encarnando a Alain Charmier, entonces el actor con ciudadanìa española màs internacional, que lo podiamos calificar como sencillamente maravilloso y genial y a lo que sumamos los muy correctos Roy Scheider y Tony Lo Bianco respectivamente como «Cloudy» Russo y Sal Boca.

A partir de su debut oficial la cinta agenciò una buena acogida por parte del pùblico y la crìtica, asì como de un merecido reconocimiento acadèmico al convertirse en la edición de los «Oscars» en 1.972 en la gran triunfadora de la velada, obtenìendo los galardones de «Mejor Pelìcula», «Mejor Director» en William Friedkin, «Mejor Actor Principal» en Gene Hackman, «Mejor Guiòn» en Ernest Tidyman y «Mejor Montaje» en Gerald B. Greenberg. En parte de la comunidad cinèfila se creò una cierta polèmica al quedar fuera del palmarès final a producciones de tanta calidad nominadas en aquel año como «La naranja mecánica» de Stanley Krubrick y el biopic històrico sobre el ultimo Zar de Rusìa, «Nicolàs y Alejandra» de Franklin Schaffner.

Lo que si resulta fuertemente llamativo es que un filme de final tan pesimista y tan extrìnseco de la edulcoraciòn y moralina fuera del agrado de los siempre conservadores acadèmicos estadounidenses, lo que le crea de este modo algún halo fascinante y sumamente sugerente.

One Response to “The French Connection, Contra el imperio de la droga”

  1. Una de las mejores películas de los 70 desde mi punto de vista. Me encanta.

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