Pasaje a la India

lunes, febrero 1st, 2016

Cooproducciòn entre Gran Bretaña y Estados Unidos, estrenada el 14 de diciembre de 1.984, significaba a primeras, la vuelta a la Gran Pantalla del cineasta nacido en el suburbio londinense de Coydron Sir David Lean, tras catorce años de sequìa creativa tras la monumental cinta «La hija de Ryan» en 1.970 y cuando aùn estaban muy presentes en la memoria audio-visual del gran pùblico majestuosas realizaciones del mismo como «El puente sobre el rio Kwai» en 1.957, «»Lawrence de Arabia» en 1.962 y «Doctor Zhivago» en 1.965. Pero el destino deparò que fuera la ultima pelìcula de Lean, lo que hace que muchos vean en «Pasaje a la India» a su autèntico testamento fìlmico y un compendio de lo mejor de toda su obra.

Nos encontramos con la adaptaciòn de la novela de mismo tìtulo de Edward Morgan Foster, publica en 1.924, uno de los primeros trabajos del autor inglès, tenìendo como productores a Richar B. Goodwin y John Brabourne, nombre profesional de Jonh Knatchbull, sèptimo baron de Brabourne, yerno de Louis Mountbatten, primer conde Mountbatten of Burma, el ultimo virrey de la India, muerto en un salvaje atentado contra una embarcaciòn de recreo de su propiedad por parte del IRA el 27 de agosto de 1.979, en la localidad de Mullaghmore, en el condado de Sligo, en Irlanda; violento episodio donde tambièn perdieron su vida el nieto del aristòcrata e hijo màs jòven de Knatchbull, Nicholas Knatchbull de 14 años y Paul Maxwell, otro adolescente de 15 años residente de la zona que los acompañaba. Con un guiòn escrito por el propio Lean y el indio Shanta Rama Rau, contratando para la fotografìa a Ernest Day y contando para la musicalizaciòn con el francès Maurice Jarre, que anteriormente habìa compuesto las Bandas Sonoras de «Lawrence de Arabia», «Doctor Zhivago» y «La hija de Ryan» y dotàndose de un casting irrepetible destacando a Judy Davis, entonces casi una desconocida, asì como grandes monstruos de la Pantalla como Dame Peggy Ashcroft, Sir Alec Guinness y James Fox, a correctos profesionales como Nigel Havers, Victor Banerjee, Roshan Seth y Michael Culver y el descubrimiento de los asiàticos Art Malik y Saeed Jaffrey

El resultado cinematogràfico es una narraciòn clàsica y convencional, producto de la vieja escuela, donde Lean vuelve a intentar su conocida premisa de aunar el gran espectàculo con la altura intelectual y la introspecciòn psicològica de los personajes. El espectador descubre un convincente retrato en un contexto social, històrico y polìtico muy concreto, que de forma muy sutil y elegante se muestra el notorio choque cultural entre Europa y Asia.

Con todo se intenta escapar de los tòpicos aunque se recurre a cierta pretenciosidad, algo que algunos crìticos no le perdonan al maestro de Croydon, aunque desde mi siempre modesto punto de vista, la ambiciòn, en este caso bien entendida, es uno de los puntos fuertes del director y dotando a sus cintas de una solemnidad que pocas veces se logra alcanzar y tiene la habilidad de mostrarse exhaustivo, sin ningun tipo de superfluos envoltorios; Lean en sus pelìculas anteriores no se dejò llevar por los «cantos de sirena» de la egolatrìa y en este filme menos, donde se adentra por vericuetos llenos de escepticismo, propio de un hombre que ya habìa traspasado siete dècadas de vida y establece una cierta simetrìa entre la llegada a la vejez en su existencia y el ocaso del dominio colonial britànico en la India.

Este epìlogo del Raj estaba muy presente en productos audio-visuales recientes al debut oficial de la cinta, como la producciòn de 1.982 «Ghandi» de Richard Attemborugu , ganadora de ocho Oscars en la edición en 1.983 y la èxitosa serie de la ITV «La joya de la Corona» puesta en antena en el Reino Unido en enero de 1.984, donde alguno elementos de su equipo tècnico y actuantes como Dame Peggy Ashcroft y Art Malik asimismo participarìan en el ultimo proyecto de Lean. Por este motivo el de Croydon no se obstina a dar muchas explicaciones añadidas a un respetable familiarizado con el ambiente y las situaciones.

Por otra parte en los primeros ochenta, el cine de las Islas llegaba a un nuevo momento de auge, que a pesar de seguir siendo desde un punto de vista comercial un apèndice de Hollywood, sabìa encontrar un camino autònomo en el fondo y en las formas y cuando la màs reciente post-modernidad valoraba el clasicismo.

Con una puesta en escena impecable, Sir David Lean vuelve a demostrar que es un autèntico experto en la conjunciòn de los planos, hecho conseguido en algunos aspectos por el soberbio enfoque en càmara del operador Day, captando toda la gama de colores y matices presentes en el desbordante paìs y condimentado con una orquestación de Jarre escasa y en ocasiones mìnima, pero que cumple a la perfecciòn su cometido. Menciòn aparte merecen los actores, destacando la australina Judy Davis, en las que sus rasgos apenas angulados, ayudan a dar un caràcter frio y distante propio de su rol, que en el fondo no es màs que un intento fallido de ocultar una congènita inseguridad, a lo que sumanos el cometido de Dame Peggy Ashcroft, que manifiesta toda la maestría de una larga carrera, la perspicacia alambicada y llena de connotaciones del siempre portentoso Sir Alec Guinness, la apenas disimulada pasiòn de Victor Banerjee y los apropiados papeles de James Fox, Nigel Havers y Saad Jaffrey.

Desde su comercializaciòn el filme obtubo una buena respuesta por parte del pùblico, una acetable acogida en cierta crìtica especializada y un importante reconocimento acadèmico al tener, ni màs ni menos, que once nominaciones a los Oscars en la edicciòn en 1.985, aunque en aquella ocasiòn, la producciòn estadounidense «Amadeus» de Milos Forman fue la gran triunfadora de la velada, sòlo consiguiendo la pelìcula de Lean dos galardones, la de Mejor Actriz de Reparto para Dame Peggy Ashcroft y la de Mejor Banda Sonora para Maurice Jarre.

Se cuenta una historia llena de detalles ìntimos, que esconden todo un calidoscopio de pasiones, aunque obviamente, por necesidad, en el libreto de Lean y Rau, se pierde muchas de las perspectivas internas que exhibe la obra de Foster. Descubrimos a una tìmida y callada joven maestra inglesa llamada Adela Quested (Judy Davis) que en los años 20 viaja a la India acompañada por la señora Moore (Dame Peggy Ashcroft) que va a ser su futura suegra, con el objetivo de encontrarse en Chandrapore con su prometido Ronny Heaslop (Nigel Havers), el magistrado del distrito, un perfecto ejemplo de aquellos altivos funcionarios que sin llegar a la treintena eran los amos de miles de almas dentro de una caduca administraciòn colonial, que sin embargo en la metròpoli no hubieran alcanzado ni de lejos tanta responsabilidad. Muy pronto la chica se ve notablemente influenciada por la fascinante y exhuberante India, deseosa de conocer todos sus gamas y facetas, algo que los colonizadores no pueden vislumbar debido a su fuerte etnocentrismo y a una visiòn homogènea de todos los pueblos del Raj Britànico; pronto ese anhelo se ve satisfecho cuando le es presentado el Doctor Azziz Ahmed (Victor Banerjee), de religiòn musulmana y recientemente viudo, poseedor de unas exquisitas formas sociales y con un alto grado de aculturaciòn occidental. Gracias al facultativo frecuenta la compañìa del caústico y socarròn brahmàn Godbole (Sir Alec Guinness), ejemplo genuino de la sustantividad del subcontinente. En un aciago dia, el mèdico se ofrece acompañar a la docente a una excursiòn en las cuevas de Marabar (trasunto literario de las grutas de Barabar), donde en un extraño suceso, escasamente aclarado en la narraciòn, la muchacha sufre un notorio caso de histerismo sexual, por lo que el galeno es acusado por las autoridades de violaciòn y debido a las tensiones indenpendentistas, el incidente pronto adquiere gran relevancia social y polìtica.

One Response to “Pasaje a la India”

  1. La ultima película de un gran genio.

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