Los niños del paraiso

domingo, febrero 14th, 2016

Ejemplo significativo de lo que puede influir los acontecimientos externos en la realizaciòn de una pelìcula; «Los niños del Paraîso», dirigida por Marcel Carnè y estrenada el 9 de marzo de 1.945 estuvo muy motivada por el desembarco de los aliados en las playas de Normandìa, cuyo èxito provocò el fin de la ocupaciòn alemana de toda Francia y el colapso del règimen colaboracionista de Vichy. Otro ejemplo fidedigno de filme incidido por los eventos foràneos es «El viaje de los comediantes» del heleno Theo Angelopoulos, cuya presentaciòn oficial al pùblico fue en el año 1.975, con una temàtica muy estimulada por la caìda de la dictadura militar en Grecia, denominada «Junta de los Coroneles», ante la derrota bèlica contra Turquìa en la crisis de Chipre.

Mencionada como «Les enfants du paradis» y traducida en todo el mundo castellano-hablante como «Los niños del paraîso»; en un primer momento surgiò como una respuesta europea a la cinta estadounidense «Lo que el viento se llevò» de Victor Fleming comercializada en 1.939 en los primeros compases de la II Guerra Mundial. Con el apoyo de la mìtica «Pathè cinema», nacida en los primitivos albores del cine en 1.896 y con cierto soporte de capital italiano, significaba un esfuerzo por parte de la industria cinematogràfica francesa sin precedentes y tenìendo en cuenta a una situaciòn de dominio militar alemàn sobre el paìs galo tras la aciaga primavera de 1.940. Contando como productores a Raymond Bordeire y Fred Orain, con la direcciòn de Marcel Carnè, con un guiòn de Jacques Prèvert, con la musicalizaciòn de Joseph Kosma y Maurice Thiriet, con los operadores Roger Hubert y Marc Fossard, con la direcciòn artìstica de Alexander Trauner, Leòn Barsacq y Raymond Gabutti. Para el casting se sirviò de lo màs granado de lo que habìa quedado de los intèrpretes del Hexàgono como Arletty, Jean-Louis Barrault, Pierre Brasseur, Maria Casares, Robert Le Vigan, Pierre Renoir, Marcel Pères, Etienne Decroux o Jane Marken.

Los decorados se construyeron en los estudios de «La Vitorine» de la urbe mediterrànea de Niza, en la zona controlada por el gobierno de Philippe Pètain; ni màs ni menos se erigiò la fachada de una calle decimonònica de medio kilòmetro de largo, reproduciendo hasta los mìnimos detalles de la època. Se necesitaron la colaboraciòn de 1.800 extras y el rodaje se iniciò en 1.943 y no se terminò hasta 1.944. Desde el primer momento este ingente trabajo se vio sometido a una serie de dificultades añadidas, adquierndo tintes de autèntica empresa heroica; el transporte, los materiales, el vestuario, hasta los rollos escaseaban; el decorador Alexander Trauner y el compositor Joseph Kosma, por ser los dos de origen judìo, se vieron obligados a ejercer su encargo de forma clandestina y a comunicar sus ideas a intermediarios; los coproductores italianos del principio abandonaron el proyecto tras la caìda de Mussolini y la rendiciòn a los aliados por parte del gobierno de Badoglio, asi como la huida a Alemania tras el dia «D» del actor Robert Le Vigan, de conocidas tendencias pro-nazis y sustituido a ultima hora por Pierre Renoir, hermano del realizador Jean Renoir e hijo del pintor Pierre-Auguste Renoir.

Precisamente por ser un cometido surgido en la Francia de Vichy, una visiòn superficial y escasamente documentada hizo que la pelìcula fuera calificada como fascista, pero tenìendo en cuenta que el libreto contiene elementos progresistas y la trayectoria verdaderamente democràtica y republicana por parte del director e incluso anarquizante en la persona del guionista, esta acusaciòn carece de coherencia històrica y fundamento intelectual. Por otra parte nos encontramos con una autèntica reivindicaciòn del espìritu francès, en un momento de dura tribulaciòn colectiva, de una patria, hogaño tierra de emancipaciòn, que se intenta levantar tras la humillaciòn del tirano. Hay quien ve ademàs un arriesgado acto de verdadero sabotaje al teutòn.

Marcel Carnè nacido en la ciudad de Parìs el 18 de agosto de 1.906, inicia su carrera en el mundo del cine como ayudante del director de origen belga y afincado en Francia Jacques Feyder, considerado uno de los fundadores del realismo poètico en el Septimo Arte. Es en 1.929, cuando Carnè sòlo contaba con 25 años, logra la elaboraciòn de su primer largometraje «Nogent, Eldorado dimanche», no estrenado de momento en ningun paìs que tenga como lengua mayoritaria el español y significando el comienzo de una fructìfera colaboraciòn con el guionista y literaro Jacques Prèvert que darìa su provecho en la realizaciòn de cintas como «Drole de drame» en 1.937, un bizarro filme fantàstico, «El muelle de las brumas», visiòn pesimista de una Francia al borde de la guerra en 1.938, «Amanece» en 1.939, thriller lleno de amargura y exultaciòn y «Los visitantes de la noche» en 1.942, filme de temàtica medieval, rodado en una naciòn ya sometida al III Reich, contando Carnè como auxiliar suyo a Michelangelo Antonioni

«Los niños del paraìso» personificaba la quinta colaboraciòn entre Carnè y Prèvert y su acciòn se desarrolla en el Parìs de 1.828, en el «Boulevard du temple», conocido popularmente por el «Boulevard del crimen», debido a los innumerables delitos cometidos en los conocidos teatros de esta via pùblica. Los espectadores somos llevados a las postrimerias del reinado de Luis XVIII el borbòn restaurado desde el derrocamiento de Napoleòn I y dos jòvenes artìstas Baptiste Deburreau y Frèdèric Lemaitre (personajes reales, por cierto) debutan en el teatro, comenzando asì una buena amistad. Una hermosìsima y misteriosa mujer llamada Garance irrumpe en sus vidas y los dos camaradas se enamoran de ella; Baptiste no se atreve a declararle sus deseos y Frèdèric màs osado la convierte en su amante, compitiendo por sus favores con el rico y pragmático conde de Montray, mientras la dulce y sensible Nathalie anhela y adolece por los sentimientos de Baptiste. Tras una serie de extraños asesinatos, Garance desaparece misteriosamente y pasado unos años, cuando la revoluciòn de 1.830 acaba con el absolutismo de Carlos X, el sucesor de Luis XVIII y se impone la monarquìa burguesa de Luis Felipe I, podemos observar a Garence como esposa de Montray, aunque suspirando en el fondo de su corazòn por Baptiste, en la ternura de una ansia que nadie pudo vislumbrar, un Baptiste ahora entregado a la melosidad cotidiana de Nathalie.

Cinematográficamente hablando nos topamos a toda con una celebraciòn gozosa del mundo de la tablas y con un evidente guiño al cinema, al ver unas evidentes coincidencias entre las dos disciplinas; es la vida a travès de las artes escènicas, como si estas verdaderamente representasen la existencia humana, porque según los autores apenas no hay diferencias entre los platòs y la vida.

Carnè construye una pelìcula densa y compleja, donde los sentimientos humanos se muestran a flor de piel, gracias a unos diàlogos fluidos, llenos de gracia, con personajes muy tangibles y una puesta en escena magistral. El Respetable se puede recrear ante una reflexiòn bastante lùcida y plagada de matices sobre la naturaleza de la fantasìa, la representaciòn y la faràndula.

La fotografìa de Roger Hubert y Marc Fosssard en un blanco y negro limpio y lleno de matices resulta muy llamativa, los decorados de Alexander Trauner, Leòn Borsarq y Raymond Gabutti, son de un autèntico portento, evocando inventiva y alma, la banda sonora de Joseph Kosma y Maurice Thiriet es apabullante a lo que sumamos unas actuaciones de ensueño por parte del cuarteto principal formad por Arletty, como Garence, Jean-Louis Barraut como Baptiste, Pierre Brasseur como Frèdèrick y la gallega Maria Casares como Nathalie, hija del primer ministro de la II República Santiago Casares Quiroga y exiliada al Norte de los Pirineos desde el comienzo de la guerra civil de 1.936 en España.

A pesar de todo este filme desde su debut oficial no gozò mucho del favor del pùblico, vìendose como una especie de seudo-fracaso, aunque con los años empezò a tener una gran consideraciòn por parte de los profesionales del mundo del celuloide. El propio Francois Truffaut la calificò como la mejor cinta francesa de la Historia y en 1.995 fue considerada como la pelìcula de màs calidad de toda la trayectoria cinematografica mundial por los crìticos franceses ante el centenario del invento del cinema, aunque he de reconocer, sin caer en los tòpicos, que pecaron un poco de chauvinismo.

2 Responses to “Los niños del paraiso”

  1. Cine romántico en estado puro,. Creo que tíene una de las formas más dulce de expresar el amor en el cine.

  2. Una hermosa visión de la vida y del amor, por medio de las Artes Escénicas y el cine. Como si el cine fuera la forma más hermosa y brillante de ver la existencia. Pocas veces el cine se acercó tan cerca a lo que es la vida.

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