El color de la granada

domingo, enero 24th, 2016

Pelìcula maldita y director maldito, con una trayectoria artìstica y vital especialmente tràgica, como exponente del martirizado pueblo armenio que le tocò nacer en su seno. Nos encontramos ante todo con una cinta distinta que escapa de los elementos màs convencionalistas, aunque no pretende ser vanguardista y se nutre de la tradición secular de otras artes junto con la sugestiva identidad de un territorio que es un cruce entre diferentes culturas.

Con este filme conocemos la brillante personalidad de su realizador, Serguèi Paradzhànov, de nacionalidad soviètica, nacido en la georgiana ciudad de Tiflis el 9 de enero de 1.924, hijo de padres armenios que se dedicaban al arte. Es en 1.945, recièn acabada la II Guerra Mundial, cuando se traslada a Moscù para estudiar en la VGIK (La Universidad Panrusa Gueràsimov de Cinematografìa), entonces considerada como una de las principales academias del Sèptimo Arte de Europa y tres años despuès es acusado por las autoridades de haber mantenido relaciones homosexuales con un agente del KGB, por lo que es sentenciado a cinco años de càrcel y que por presiòn de los reputados cineastas Aleksandr Dovzhenko y Igor Sàvchenko, profesores del mismo Paradzhànov, la condena se reduce sòlo a tres meses. En 1.950 con el objetivo de tapar su tendencia gay, èl de Tiflis se casa con una mujer de origen tàrtaro y religiòn musulmana, conversa al cristianismo para poder acceder al matrimonio y asesinada por sus propios familiares acusada de apostasìa. Poco tiempo màs tarde un desencantado Paradzhànov se traslada a Kiev y participa como realizador y productor ejecutivo en una serie de documentales, dentro de unas pautas consideradas como de «Realismo Socialista» en consonancia con las directrices polìticas del propio règimen y tenemos que esperar a 1.964 para ver el debut como director del armenio, en el largometraje de ficciòn «Los corceles de fuego», trabajo tambièn conocido como «Sombras de los antepasados olvidados», rodado en ucraniano; una visiòn antropològica pero a la vez lìrica de la minorìa ètnica de los hutsules, habitantes de los Càrpatos, que obtuvo un importante reconocimiento por parte de la crìtica especializada occidental.

En 1.968 Paradzhànov regresa al Sur del Càucaso de sus ancestros y se embarca en la filmaciòn de «Saya Novat», superficialmente una biografìa del poeta, cortesano y diplomàtico armenio del siglo XVIII Harutyun Sayatyan, mas conocido por su seudònimo literario de Saya Novat (maestro de los cantares en persa) que tras servir a Erekle II de Georgia, entonces feuditario de Persia, es expulado por el mismo monarca de la corte debido a que el bardo se ha enamorado de su hermana y pasa el resto de su vida como vate itinerante hasta que en su vejez es ordenado sacerdote e ingresa en el monasterio de Haghpat, donde encontarìa su muerte a la edad de 83 años al ser ocupado el cenobio por las tropas del sha Agha Muhammad Khan Qajar.

Con una rodaje que se iba a realizar en lengua armenia, contando con la ayuda en la direcciòn de Sergei Yutkevich, la inestimable fotografia de A. Samvelyan, Martyn Shakhbazyan y Suren Shakhbazyan, la sugestiva banda sonora de Tigran Mansuryan y un interesante elenco de intèrpretes la mayorìa procedentes del Armenia y Georgia como Sofiko Chiaureli, Melkon Aleksanyan, Vilen Galstyan, Gioirgi Gegechkori, Spartak Bagashvili, Medea Djaparidze y Onik Manasyan; significaba el mayor esfuerzo de la cinematografìa de la República Socialista Soviètica de Armenia hasta la fecha.

Paradzhànov intenta reunir los esperados elementos llenos de semblanzas con una bùsqueda de unas pauas surrealistas y experimentales, como una especie de anhelo utópico en la forma de entender el arte del celuloide. En vez de hacer una narraciòn lineal, èl de Tiflis se encarga de construir una serie de lo que los francòfonos definen como «tablou vivant», unos cuadros vivientes en que en clave eminentemente simbólica representan episodios de la vida del poeta, como su infancia, su juventud, su estancia en el palacio real, su entrada en el monasterio, su enfrentamiento con el «àngel de la muerte»; estos capìtulos se desarrollan a partir de fragmentos de sus obras, los cuales aparecen subtitulados y narrados en una voz en off.

El resultado final no gustò al gobierno de Moscù, debido al fuerte nacionalismo perifèrico y la abundancia de iconografìa cristìana, exponente de aquel estado intrìnsecamente centralista a pesar de reconocer teòricamente en su constituciòn el principio de autodetermianciòn de los pueblos, fundamento que paradòjicamente serìa utilizado como el marco jurìdico-legal para la desintegraciòn de la Uniòn Sovietica en 1.992. La obra es groseramente mutilada, purgando sus elementos identitarios y ètnicos, imponiendo la narraciòn en lengua rusa y cambiando el tìtulo por «El color de la granada». Tenemos que esperar hasta principios de los 90, con una Armenia recièn independizada, cuando se encuentre en un oscuro estudio de Erevàn la versiòn original, en la que se permite gozar de algunas tomas y secuencias nuevas que aunque no puede ser considerada la definitiva, es de momento la mejor disponible.

Lo cierto es que en ambas versiones nos topamos con un sorprendente uso de encuadres similares a retablos, que recuerda a los estrechos espacios de las primeras pelìculas a principios de siglo XX. Los fotogramas tienen una fuerza inaudita y fascinante, imbuidos de intriga, inmediatez y belleza, como una especie de miniaturas persas sobrepasadas de èxtasis. El autor busca crear magnificencia, transmitir sentimientos y enamorar con la propia imagen; se muestra un encanto sublime, que el mismo espectador goza con los ojos y con el alma.

Se descubre un caràcter crìptico y simbolista, lleno de sensualidad y cierto barroquismo pero que nunca es excesivo, dentro de una especie de mosaico entre mìstico e històrico, donde una poesia desenfrenada y los caprichos metafóricos parecen que anhelan nuevas formas de genio innovador escapando de cualquier formulismo.

Todas las influencias culturales armenias, georgianas, azerbayanas, rusas, turcas e iranìes tìenen un punto de encuentro, compartiendo juntas una rara divinidad cautivadora. Se trasmite una idea de hermandad entre los pueblos, libràndose de las rìgidas estructuras estatales, dentro de una reivindicaciòn nacionalista que puede ser universal o por lo menos aspirar a intentarlo.

Paradzhànov a pesar de ser un creador muy particular no desdeña el trabajo de los colaboradores y se sirve de sus excelentes operadores A. Samvelyan, Martyn Shakhbazyan y Suren Shakhbazyan para mostrar un estallido de luz y color que desborda la propia pantalla, que encuentra un complemento ideal en la mùsica de Tigran Mansuryan y unas interpretaciones llenas de sentido, destacando la actriz georgiana Sofiko Chiaureli, que se convierte en la propia musa del director, provista de encanto y misterio, a la vez las actuaciones masculinas de Melkon Aleksanyan y Vilen Galstyan

En diciembre de 1.973 Serguèi Paradzhànov es sentenciado a 5 años en un campo de trabajo en Siberia por mantener «relaciones incestuosas y propagaciòn de pornografìa», convirtiéndose de esta manera en unos de los màs conocidos disidentes sovièticos. Un grupo de realizadores occidentales y de tendencias izquierdistas como Jean-Luc Godart, Francois Truffaut, Luis Buñuel y Michelangelo Antonioni piden su excarcelaciòn a los principales dirigentes de la URSS, que le es concedida 4 años y 11 días despuès a finales de 1.977. En 1.982 vuelve a prisiòn acusado esta vez de «cohecho», sìendo liberado en menos de un año por motivos de salud. En 1.984 con cierta suavizaciòn de la vida pùblica se vuelve a poner por detràs de las càmaras y rueda «La leyenda de la fortaleza de Suram» en lengua georgiana y en 1.988 en el marco de la «Perestroika» de Gorvachov dirige «Ashik Kerib» tambièn en georgiano y basada en una obra del poeta romàntico Mijaìl Lèrmentov. Posteriormente Paradzhànov emprende un magno proyecto denominado «La confesiòn», contando con la colaboraciòn de una parte importante de aquel equipo que se formò para la filmaciòn de «El color de la granada» a finales de los 60; sin embargo esta intenciòn no pudo realizarse al morir vìctima de un càncer el gran realizador armenio en Erevàn el 20 de julio de 1.990.

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