Hiroshima mon amour

viernes, noviembre 27th, 2015

Cooproducciòn franco-japonesa de 1.959, dirigida por Alain Resnais, resultando ya llamativa a primea vista por haber surgido en un momento temprano como el proyecto de un documental sobre los horrores de la bomba atòmica arrojada por los norteamericanos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1.945; pero que el propio realizador junto con los productores, los galos Anatole Dauman y Samy Halfon y los nipones Sacha Kamenka y Takeo Shirakawa observaron que podìa tener màs atractivo creativo por medio de una historia de ficciòn. Por todo ello se sirven del inconfundible estilo de Marguerite Duras, que a finales de los años 50 se habìa consagrado como una de las literatas màs significativas en la lengua de Molière, a la que encargan un guiòn que tenga como marco la urbe reconstruida de la prefectura del mismo nombre en la Regiòn de Chugoku.

Resnais nacido en la pequeña comuna bretona de Vannes el 3 de junio de 1.922 y muerto en Parìs el 1 de marzo de 2.014; obsesionado con el cine desde su màs tierna infancia, montador de profesiòn despuès de la II Guerra Mundial, se inicia en el complicado mundo del reportaje cinematogràfico con «Van Gogh» en 1.948, «Gaugain» en 1.950 sobre sendos maestros de la pintura, «Gernika» asimimsmo en 1.950, acerca de la inmortal obra de Picasso, continuando con «Las estatuas mueren tambièn» elaborada entre 1.950-1.953. Con «Noche y niebla» comercializada en 1.955 abandona sus reflexiones sobre las artes plàsticas y se adentra en la crueldad de los campos de concentraciòn nazis; un año despuès es responsable de «Toda la memoria del mundo» un recorrido por la Bibliothèque Nationale de France.

En «Hiroshima mon amour» el cambio de gènero y estilo resulta muy productivo en la persona de Resnais que se obstina de ser un gran artìfice y expone un relato sencillo y la vez lleno de matices, producto del libreto de Duras, donde una mujer francesa tiene un encuentro esporàdico con un japonès en la poblaciòn de Hiroshima; la fèmina es una actriz y se ha traslado al paìs asiàtico para participar en el rodaje de un filme sobre la paz y conoce a un joven arquitecto nipòn y bien pronto los dos desconocidos se convierten en amantes; las atrocidades de la reciente conflagaciòn estàn muy vivas en el recuerdo de ambos y en ella este nuevo afecto de pocas horas le hace evocar su adolescencia, en su localidad natal de Nevers, en Borgoña, donde durante la ocupaciòn tubo una relaciòn pasional con un soldado alemàn, por lo que en los primeros momentos tras la evacuaciòn de la Wehrmacht, fuera rapada al cero por una turba sedienta de venganza acusada de colaboracionismo; èl fuera reclutado por el ejèrcito imperial pero toda su familia pereciò en aquella horrible jornada del ultimo verano de la contienda por un infierno venido desde el cielo.

Lo cierto es que nos vemos transportados a una cinta compleja y llena de matices, donde no existen los blancos y negros, dentro de una forma de hacer cine absolutamente delicada, que acompañado de un lirismo cautivador, se busca nuevas formas imaginativas, no indagando en la provocaciòn si no que simplemente se anhela libertad. De este modo Resnais se muda en un autèntico vanguardista, que busca y encuentra un estilo absolutamente innovador dentro de unas pautas sumamente surrealistas y cautivadoras.

Pocas veces se ha podido describir con conciencia lo que es verdaderamente el amor y èl de Vannes crea un clima emotivo y denso, donde se rezuma sentimientos en cada fotograma y habiendo obtenido el infiltrarse por las verdaderas entrañas del alma, en un verdadera confluencia poètica y singular sobre el arrebato humano; el director se metamorfosea en genuino investigador sobre el valor dràmatico del pasado y de la memoria en la vida de las personas, como si la identidad de todos se fraguara en los recuerdos, aunque fueran efìmeros y que como las palabras pronto fueran arrastrados por el viento.

La mirada de Resnais es cautivadora y la transfigura en pura orfebrerìa fìlmica nutrièndose con una serie de planos detalles donde sobran los objetivos para describir a los personajes, haciendo predominar las sensaciones, asì como la importancia de los silencios y miradas que expresan tanto; la edición de esta forma adquiere una singular importancia y alcanza unos efectos extraordinarios combinando las imàgenes del recuerdo con las del presente en un flash back virtuoso

El escenario casi se muda en un actuante màs, con esa Hiroshima vribante, ìcono del Japòn de postguerra, llena de vestigios del desastre, con calles anònimas, sin caràcter, repletas de transeùntes que parecen ànimas del purgatorio, embriagadas, por no decir embobadas, por los carteles con luces de neòn y en contraste la apariciòn de esa «ville» de Nevers, llena de aire mortecino, decadente y provinciano, dotada de ese estilo de rancia elegancia burguesa que impregna a sus fachadas y plazas, como percepciòn genuina de un viejo continente que aùn no ha parado de lamberse sus propias heridas.

En el apartado tècnico, nos encontramos con una simbiosis perfecta con las apetencias del realizador, gracias a una fotografìa llamativa en blanco y negro por parte de Sacha Vierny y Michio Takahashi, con un montaje sublime y de capital importancia de la mano de Anne Sarraute, Henri Colpi y Jasmine Chasney ,una banda sonora excelsa producto de la batuta de George Delerue y Giovanni Fusco y unas interpretaciones llenas de sentido y profesionalidad por parte de la francesa Emmanuelle Riva, que ha vuelto a brillar con luz propia, con ochenta y cinco años a cuestas, en la màs reciente «Amour» puesta en circulaciòn en 2.012 del bàvaro afincado en Austria Michael Haneke, sumando los trabajos del japonès Eiji Okada y secundarios de lujo como los galos Stella Dassas, Pierre Barbaud y Bernard Fresson.

Con debut el mismo año que «Al final de la escapada» de Jean-Luc Godard y «Los cuatrocientos golpes» de Francois Truffaut, alguna crìtica empezò a ver elementos comunes en estos nòveles cineastas y empezaron a agruparlos en los que denominaron como la «Nouvelle vague» o «Nueva ola» en castellano, que trastocarìa la percepciòn del «Sèptimo Arte»

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