Sexo, mentiras y cintas de video

martes, octubre 6th, 2015

Con un guiòn escrito en ochos dìas, con un presupuesto de de 1.200.000 dòlares estadounidenses, cantidad ìnfima para el cine norteamericano, incluso para el màs alejado de los Grandes Estudios y con un rodaje de cinco semanas; lo cierto es que «Sex,lies and videotape», llamada en España «Sexo, mentiras y cintas de videos» y en Hispanoàmerica «Sexo, mentiras y video», obtuvo desde el primer momento de su estreno una muy buena acogida de crìtica y pùblico, a lo que se suma un importante reconocimiento acadèmico traducido en la concesiòn de la Espiga de Oro del festival de Cannes en 1.989 y el Cèsar a la mejor pelìcula extranjera en 1.990 y significando finalmente para su novel director y guionista Steven Soderbergh, que en aquel momento contaba con 26 años de edad, el entrar en el limbo de los grandes realizadores contemporàneos.

Por otra parte, este filme supuso un importante cambio socio-cultural al ayudar a partir de ahora a que el Gran Pùblico empezara a valorar el cinema independiente y facilitar a las producciones de bajo presupuesto, en unos momentos en que aun estaba lejana la socializaciòn de internet y la ùnica forma de presentaciòn eran en las salas de exhibiciòn y un mercado de video domèstico no creado y ni tan siquiera utilizado para expresiòn de nuevas formas y tendencias artìsticas.

El tìtulo parece sacado de una cinta eròtica de serie «B» y estoy seguro que un nùmero importante de despistados compraron la entrada en taquilla creyendo que verdaderamente lo era, aunque lo cierto es que nos topamos con una obra delicada, cargada de voluptuosidad pero sin recurrir a ningun desnudo ni escena explìcita, recordàndonos que el principal òrgano sexual de cada ser humano es su mismo cerebro y contando una historia sencilla pero llena de tonalidades, donde un matrimonio de treintañeros formando por Ann y John, residentes en la ciudad de Baton Rouge en Luisiana, llevan una relaciòn estereotipada, aburrida y sin sexo, aunque a ella este aspecto no parece importarle mucho ; John es un abogado narcisista y egocèntrico y es infiel a su mujer con su impulsiva cuñada Cynthia; la llegada a la ciudad de Graham, un antiguo compañero de universidad del jurista va a trastocar a todo este extraño trìo y enteràndose todos de la rara aficiòn del recièn integrado en la escena, que no es otra que grabar las mas ìntimas conversaciones de las mujeres en pelìculas caseras, algo que se prestan tanto Ann como Cynthia.

Con la traslaciòn a la pantalla de esta narraciòn, nos encontramos con un filme que es toda una muestra de talento por parte de su director, en una bùsqueda incesante de originalidad, no escapando de los elementos transgresores que pueda tener la propia creaciòn; Soderbergh a pesar de su supuesta bisoñez se nos antoja como un cineasta con caràcter, dotado de carisma y logrando una cinta matizada y madura.

Hay una manera muy original de presentar a cada personaje, con una capacidad innata de darlos a conocer con escasos datos a lo que se añade una paràbola apoyada en sutilezas, sugerencias y detalles, elementos que puedan ser vistos como superciales o impropios pero posedores de su importancia al remate; estos figurantes se exponen ante el espectador completamente indefensos e invulnerables, con todos sus demonios interiores al descubierto y enfrentados sobre todo a ellos mismos en una sociedad sòrdida y procaz incapaz de proteger o dar un poco de amparo a sus integrantes.

Vemos a un Sur de Estados Unidos denso, càlido y mortecino, pero que por el propio crecimiento econòmico de la dècada de 1.980 se ha modernizado en el fondo y en las formas y ha dejado atràs los tòpicos de la nostalgia de los viejos tiempos oligàrquicos, la reivindicaciòn de la Confederaciòn y la segregaciòn racial; es un novedoso Dixeland, donde la cultura capitalista tìpica de otras zonas del paìs ha entrado de lleno en aquellas tierras con sus componentes de individualismo y competitividad, trastocando a los segmentos de poblaciòn màs jòvenes que no les hacen ascos a las formas hedonistas de la postmodernidad.

Los cambios de ritmo son impresionantes haciendo pàrticipe de estos al respetable, a lo que se suma una mùsica sencilla y en ocasiones monocorde salida de la batuta de Cliff Martinez y una fotografìa realista y limpia producto del trabajo del operador Walt Lloyd. Las interpretaciones por parte de los actuantes son sencillamente geniales destacando Andie MacDowell, en el papel de Ann, antigua modelo y conocida en el mundo del celuloide por haber actuado en el papel de Jane en «Greystoke, la leyenda de Tarzàn», una mirada novedosa del mito de la cultura popular, comercializada en 1.984 de la mano del britànico Hugh Hudson, sìendo la segunda cinta del londinense tras «Carros de fuego», la gran ganadora de la noche de los Oscars de la edición en 1.982; MacDowell logra el mejor trabajo de toda su carrera como una remilgada flor sureña, a los que se suman James Spader, en el rol de John en se nos ofrece en una figuraciòn llena de complejidad, a Laura San Giacomo, que encarna a Cynthia, un autèntico derroche de lascivia que se sale de la misma pantalla y a Peter Gallegher, que se transforma en el extraño Graham, provisto de una rara sensibilidad.

Tras esta pelìcula Steven Soderbergh inicia una fructìfera carrera como realizador, siendo responsable de conocidos tìtulos como «Kafka» en 1.991, «Erin Brockvich» y Traffic en 2.000, «Ocean’s Eleven» en 2.001 «Solaris» en 2.002, «Ocean’s Twelve» en 2.004, secuela de «Ocean’s Eleven», «El buen alemàn» en 2.006, «Che, el argentino» y «Che, guerrilla» en 2.008, sobre el gran revolucionario cubano-argentino o «Contagia o» en 2.011.

One Response to “Sexo, mentiras y cintas de video”

  1. Lo mejor de los años 80.

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