Eijanaika

martes, julio 21st, 2015

Desde 1.600 a 1.868 Japòn viviò el periodo denominado «Shogunato Tokugawa», donde el emperador a pesar de ser el jefe del estado era una figura meramente retòrica y el poder efectivo era ejercido por el «Shogun» una suerte de dictador militar contemporàneo, poseyendo esta instituciòn de un marcado caràcter dinàstico al ser siempre ocupada por miembros de la familia Tokugawa. Sometidos al «Bakufu» o gobierno del «Shogunato» estaban los «Daimyos» o señores feudales, que si bien poseìan una amplia autonomìa en sus respectivos «hans» o dominios, tenìan la obligaciòn de morar durante continuados periodos de tiempo en Edo (la actual Tokio), la residencia oficial del «Shogun».

Una de las caracterìsticas màs significativas de esta època fue el «Sakoku» un rìgido sistema de aislamiento con el exterior, con el que incluso se castigaba con la pena capital el intentar salir o entrar del archipiélago, siendo excepciones a esta regla el pequeño enclave holandès en la isla artificial de Dejima, enfrente de Nagasaki, asi como los pequeños intercambios de mercancías en la isla de Tsushima, perteneciente al han de Tsushima-Fuchu con Corea y en el reino insular de Ryukyu, la actual prefectura de Okinawa, perteneciente al han de Satsuma con China.

El país nipòn de tener un marcada condiciòn rural, a finales del siglo XVIII sufre un importante proceso de urbanizaciòn debido a la emigraciòn masiva de campesinos hacia las ciudades y en la primera mitad del siglo XIX el fèrreo «Sakaku» crea una serie de tensiones con potencias occidentales como los incidentes de la fragata britànica Phaeton en 1.808 y el del carguero estadouniense Manhattan en 1.843.

Es en 1.852 cuando el presidente de Estados Unidos Millard Filmore, ordena la partida para las costas japonesas de una flota de guerra al mando del comodoro Matthew Perry con el objetivo de obligar al règimen shogunal a una apertura exterior; ante esta demostraciòn de fuerza los nipones ceden y firman un tratado de amistad y cooperaciòn con los norteamericanos a lo que bien pronto suceden similares acuerdos con Francia, Reino Unido y Países Bajos.

El fin del «Sakoku» y la llegada cada vez màs numerosa de extranjeros provoca la formaciòn del movimiento Sonno joi (Expulsar a los bàrbaros, reverenciar al emperador»), de marcada ideologìa xenófoba y que abogaba por el fin del «Shogunato Takugawa» y un mayor papel polìtico del monarca, surgiendo los Shishi, la rama armada de la propia corriente que pronto se caracterizarìan por sus acciones terroristas y subversivas; para combatirlos el «Bakufu» crea el Shinsengumi, en Kyoto, sede de la corte imperial y el Shinchogumi en Edo, una mezcla entre milicias paramilitares y policìa polìtica.

Por otra parte parte tambièn se producen importantes cambios sociales y de costumbres que muy pronto se van canalizadas en la formaciòn de la denominada tendencia «Ei Ja nai Ka» (què màs da),una mezcla de fiestas religiosas y populares, con elementos bufos y carnavalescos en un autentico desafío a la moral tradicional, visto por algunos como un elemento de protesta y revindicaciòn polìtica, que surgiendo de la regiòn de Kansai, cerca de la imperial Kyoto se extendiò por todo Japòn desde Junio de 1.867 a mayo de 1.868.

A los amuletos sagrados vistos por la religiosidad popular como caìdos del cielo, se extendìan celebraciones y festivales de acciòn de gracias por ellos mismos en bailes por parte de los jòvenes donde la relajaciòn sexual, el nudismo y travestismo eran los elementos dominantes.

El propio sincretismo religioso en el paìs nipòn ayudò a la extensiòn de estos eventos colectivos entre las diferentes comunidades, tanto rurales como urbanas asì como en las distintas clases sociales y que con el paso del tiempo el movimiento adquiera un marcado caràcter àcrata y excèptico, donde se empezaba a poner en cuestión a todo.

El comienzo de la «Guerra Boshin», una conflagración civil entre los partidarios del poder imperial y los pro-shogunales que iba a deparar el fin del shogunado y el comienzo del Japòn moderno, terminò con estas pràcticas que fueron vista como sumamente pertubadoras por las nuevas autoridades, procediéndose incluso a la persecuciòn y represiòn de los lìderes tanto religiosos como comunales de la corriente.

Inspirandose en estos hechos, Shohei Imanura dirige el filme «Eijanaika», estrenado en Tokio el 14 de marzo de 1.981, aunque hubiera una premiere incial en Nueva York el 8 de enero anterior. Para Inamura nacido el 15 de septiembre de 1.926 en Tokio, significaba su 14 pelìcula, con una trayectoria artística iniciada con «Nusumareta Yokujo, producida en 1958 y nunca estrenada en ningun paìs hispano-hablante; docente de la escuela de cine de Yokohama y visto por los academicistas de siempre como uno de los màs genuinos representante de la Nueva Ola japonesa de los años 60; lo cierto es que èl de Tokio se ha convertido en el realizador japonès màs conocido internacionalmente despuès del gran maestro Kurosawa.

«Eijanaika» resultaba un proyecto personal de Imanura, de que asimismo se encargaba de la producciòn ejecutiva junto con Shoichi Ozawa, Shigemi Sugisaki y Jiro Tomoda; con un guiòn de Hisashi Yamauchi, no era una reproducciòn literal de los hechos històricos, resaltanto sumamente los aspectos ideològicos y que culmina con una marcha sobre la recientemente rebautizada Tokio, que se transfomara en la unica capital del estado tras el traslado de la corte imperial desde Kyoto; motìn que acabarà en masacre ordenada por los pro-hombres del nuevo règimen Meiji.

Inamura con este material construye una cinta sumamente llamativa, llena de humor socarròn e irreverente que no oculta ni pretende hacerlo a una verdadera montaña rusa emocional por parte de los personajes. Presenta un autentico calidoscopio social pero incidiendo sobre todo en las clases màs bajas que en tiempos revueltos muestran un vitalismo extremo, como si fueran indiferentes a su suerte en una especie de nihilismo èpico.

Con una realizaciòn prodigiosa que se sirve de la limpia fotografìa de Masahisa Himeda, a lo que acompaña una sugestiva banda sonora por parte de Shinichiro Ikebe. La direcciòn de actores es excelente lo que permite valorar las interpretaciones de Kaori Momoi, del igualmente poeta y cantante folk Shigeru Izumiya, Ken ogata que trabajarìa con Inamura en «La balada del Narayama», junto con la tambièn participante Mitsulo Baisho y con colaboraciones en el cine occidental como en «The Pillow book» del galès Peter Greenaway y Shigeru Tsuyuguchi, completados por el resto de un reparto sumamente coral exponentes de los anhelos colectivos de una sociedad en profundos cambios.

Dos años después en 1.983, Inamura se encargarìa de la realizacion de «La balada del Narayama» que iba ser su filme màs reconocido y laureado a nivel internacional y una de las mejores obras cinematrogràficas niponas de los años 80.

2 Responses to “Eijanaika”

  1. Me encanta el cine Japonés. Y esta película me atrae.

  2. Una utopía anarquista fuera de un ámbito cultural occidental, por lo que convierte a todo en una creación sumamente llamativa.

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