Good bye Lenin

sábado, junio 6th, 2015

Cuando hace algun tiempo realicè en este mismo blog una clasificaciòn de pelìculas según su sesgo ideològico, a «Good by Lennin», producciòn alemana del año 2.003 y dirigida por Wolfgang Becker, la cataloguè como una cinta anti-marxista, sin embargo, paradòjicamente algunas otras personas lo vieron como un filme ultra-izquierdista y hasta una vez, pude observar en que figuraba en la lista de una retrospectiva sobre productos cinematogràficos supuestamente revolucionarios propiciada por gropùsculos que se auto-denominaban como «anti-capitalistas». Lo cierto es que nos encontramos con una pelìcula polìtica pero no dependiente de un credo y llena de ironìa, en ocasiones de sarcasmo y por parte de sectores interesados se pude ver al pie de la letra, sin ningùn tipo de ponderaciòn y no atisbar sus segundas intenciones.

Hay una crìtica aunque a veces muy sibilina y llena de matices al règimen comunista de la antigua Rèpublica Democrática Alemana y donde el humor y un supuesto vitalismo hace que pueda parecer como una realizaciòn màs frìvola y alejarse de una visiòn màs descarnada y dura de aquel sistema como nos encontramos en cambio en la màs reciente «La vida de los otros» de Florian Henckel von Donnersmark, estrenada en el año 2.006 y Oscar a la pelìcula de habla no inglesa en la edición en 2.007.

Lo que verdaderamente llama la atenciòn de este producciòn es su original punto de partida, con un argumento completamente novedoso, comenzando de unas premisas que muy pocas veces se hubieran dado, aunque por parte de sus responsables son conscientes de las propias dificultades de esta propuesta que los condenan a caminar en la cuerda floja, porque en el arte como en la vida diaria el romper moldes entraña una serie de riesgos.

El argumento sòlo con describirlo resulta ya sumamente atractivo y atrayente; en los convulsos meses de 1.989 en Alemania Oriental, una mujer de mediana edad llamada Christiane Kener, activa militante del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), muy entregada a la polìtica desde la huida de su marido a Occidente, aunque ella y su familia no son agraciados de los previlegios y prebendas de la «nomenclatura del règimem, reacciona con bochorno e incredulidad cuando observa que su hijo Alexander participa en una manifestaciòn anti-gubernamental y fortuitamente recibe el impacto de una pelota de goma por parte de las fuerzas anti-disturbios, trayendo como consecuencia que permanezca en coma durante unos 8 meses. En todo ese tiempo se producen una serie de cambios vertiginosos, como la caìda de Honneker, el derrumbamiento del muro de Berlin, las primeras elecciones multi-partidarias, la extensiòn de la validez del marco federal al Este y finalmente la reunificaciòn de las dos Alemanias, mas bien la absorciòn de la RDA por la RFA. Posteriormente Christiane despierta y su vàstago Alexander temiendo que el fin del sistema comunista pueda afectar negativamente en la salud de su progenitora, tìene la genial idea de recrear todo lo del viejo orden para que su madre, postrada en la cama en una habitaciòn de su domicilio, siga creyendo que ha sobrevivido todo aquello; asì Alexander se convierte en un experto en buscar los alimentos màs consumidos en la anterior època, actualmente fuera del mercado, consigue que jòvenes pioneros uniformados canten a la señora vetustos himnos revolucionarios, recrea con la ayuda de Denis, un amigo suyo aspirante a cineasta, los informativos de la DDR-FS; este habitàculo es una verdadera isla anclada en el pasado, como una especie de cèlula independiente del socialismo real en medio de un organismo capitalista, al tiempo Ariene, hermana de Alexander, tiene un hijo con su pareja y abandona sus estudios en la universidad para trabajar de empleada en una hamburgueseria de capital norteamericano y el propio protagonista comienza una relaciòn sentimental con una simpàtica enfermera de nacionalidad soviética llamada Lara y en lo que entonces fue el Berlìn Occidental se reencuentra con su padre Robert,que ha formado una nueva familia.

Con todo este material, el director Wolfgan Becker, nacido en la pequeña ciudad de Hemer en el lander de Renania del Norte-Westfalia en 1.954, que colabora en el guiòn con Bernd Lichtenberg, crea una cinta llena de gracia, donde dentro de un tono nada transcendente conjuga causticidad y lucidez a partes iguales. Becker no huye intencionadamente de un sentido tragicòmico del relato donde en algunas ocasiones consigue endulzarlo con pequeñas pizcas de sàtira; nos encontramos con un producto fresco, algo muy poco frecuente en el audio-visual de las ultimas dècadas, en que agencia transmitir simpatìa y carisma y donde queda demostrado que lo sencillo no tìene que ser cicatero si hay una buena idea detràs.

A pesar que desde un punto de vista superficial se presenta como una comedia de enredo, hay momentos que logra emocionar al espectador gracias a que se desnuda psicològicamente a los personajes principales, los que los hace màs humanos. Hay como un sentimiento por no perder a la figura y el tòten de la madre, el sustento moral de la mayorìa de los humanos y se ve esta circunstancia simbòlica en la pèrdida de la Alemania del Este, como si esa obsesiòn de protecciòn en el fondo no es màs que una forma de resguardarse de realidades poco reconfortantes; nos topamos con una metàfora sobre la necesidad de mantener la felicidad y la ilusiòn aunque esten impostadas y teatralizadas.

Con un montaje convulso y ràpido en abierta sincronìa en aquella època de cambios radicales que verdaderamente significaron el fin del siglo XX, con una fotografìa colorista y alegre fuertemente llamativa al pùblico de la mano de Robert Richardson y una mùsica minimalista y melancòlica producto de la batuta del bretòn Yann Tiersen que tambièn fuera el responsable de la Banda Sonora de «Amèlie» de Jean-Pierre Jeunet.

Las interpretaciones son excelentes, destacando el actor hispano-germàno Daniel Bruhl como Alexander, que lleva con toda dignidad el peso de su personaje, junto con Katrin Sass como Christiane, muy profesional y correcta que desmuestra ser una de las grandes divas cinematrogràficas del paìs centroeuropeo y descollando como intèrpretes secundarios la bella y sensual actriz rusa de origen tàrtaro Chulpan Khamatova como Lara y la casi debutante Maria Simon, nacida en aquella Alemania de marxismo cientìfico y de reminiscencias militaristas prusianas en el papel de Ariane.

Vista junto con «El Hundimiento» de Oliver Hirschbiegel, comercializada sòlo un años despuès y «La vida de los otros», como los tres mejores filmes alemanes en lo que llevamos de siglo; «Good bye Lenin» es ante todo una lùcida reflexiòn sobre la influencia de los avatares polìticos sobre las personas, dentro de una perspectiva plenamente humana y sin grandes estridencias.

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