Los diez mandamientos

miércoles, mayo 13th, 2015

Cecil B. DeMille està estimado como uno de los màs grandes cineastas de la Historia. Nacido el 12 de agosto de 1.881 en la villa de Ashfield en el estado norteamericano de Massachusetts cuando sus padres se encontraban de vacaciones; a los pocos dias regresan a la aldea de Pompton Lakes en Nueva Jersey, donde se desarrollarìa la infancia y la adolescencia del futuro profesional del arte cinematogràfico. Era el segundo hijo de la pareja formada por Henry Churchill de Mille, de ascendencia holandesa y Matilda Beatrice de Mille (Salomon de soltera), nacida en Inglaterra pero de origen judìo-alemàn y emigrada a Norteamérica desde los 18 años; los dos de fuertes convicciones episcopalianas, confesiòn que se convirtiera Matilda al casarse con Henry; esta fuerte religiosidad influiria enormemente en la trayectoria personal y artìstica de Cecil. El matrimonio De Mille tenìa una parcial fama en la costa este de Estados Unidos como dramaturgos y empresarios teatrales. En 1.893, con casi 12 años, Cecil pierde a su padre y su madre busca el sustento poniendo en marcha un taller de teatro y una escuela para señoritas y en 1.896 el segundo vàstago de los De Mille entra en el Pennsylvania Militar College; dos años despuès en 1.898 tras la voladura intencionada del acorazado Maine en el puerto de La Habana que provoca la guerra entre Estados Unidos y España, Cecil como casi todos los cadetes del centro intenta alistarse en el ejèrcito pero es rechazado por no tener la edad reglamentaria. Durante los años de formaciòn en la instituciòn acadèmica castrense el joven De Mille la pudo compaginar con lecciones en el American Academy of Dramatic Arts y tras su licencia en 1.900 se deja llevar por la vena creativa heredada de sus progenitores y entra a trabajar como actor en los escenarios de Broadway en la famosa compañía de Charles Frohman gracias a los buenos oficios de su hermano William que desde hace algun tiempo ejercìa como autor dramàtico; Cecil sigue el mismo ejemplo de èste y cambia su apellido de notable reigambre neerlandesa por DeMille, todo junto, para darle una mayor sonoridad comercial. Es en las tablas neoyorquinas donde conoce a una serie de intèrpretes que en un futuro los dirigirà en sus pelìculas como Charlotte Walker, Mary Pickford o Pedro de Córdoba; algún tiempo despuès Cecil B. DeMille empezarà a desempeñar los cometidos de director y productor teatral.

Fuertemente atraído por la nueva tecnologia de imàgenes en movimiento, se traslada a California en 1.913, donde la industria del cine norteamericana habia encontrado su lugar y sòlo un año despues consigue dirigir su primer filme «El pròfugo», que significarìa el comienzo de una prolìfica carrera como realizador, que abarcarìa un total de cinco dècadas y 82 cintas, pasando del cine mudo al sonoro, del blanco y negro al color, en los que en algunas tambièn trabajarìa como productor ejecutivo y en otras menos como actor, convirtìendose en uno de los profesionales del Cinema màs conocido y aclamado por el gran pùblico. Esta larga trayectoria fìlmica abarcarìa todos los gèneros, pero destacando sobre todo dos grandes perìodos, uno marcado por una temàtica ligera con algun toque picaròn y una sustancia èpica y grandilocuente, deslizàndose a veces hacia lo religioso y muy de gusto de aquella Norteamèrica conservadora y aferrada a un sentido bìblico de la existencia. Nos encontramos con unos de los aspectos mas controvertidos del de Ashfield, por lo que sus detratores lo calificaron de fudamentalista protestante y resaltando asimismo una tendencia muy derechizada, siendo reflejo de ello su participaciòn como testigo en la tristemente famosa Comisiòn de actividades anti-americanas del senador McCarthy.

En la ceremonia de los Oscars en 1.95O recibe el galardòn honorifico por sus entonces 37 años de dedicaciòn al séptimo arte y en los faustos de los premios de la Academinia Estadounidense del Cine en 1.953 se le otorga la disticiòn en memoria de Irving Thalberg y una producciòn dirigiada por el mismo DeMille, «El Mayor espectaculo del mundo» consigue los Oscars a la Mejor Pelìcula y al Mejor Argumento. Poco tiempo despuès los mas altos ejecutivos de la Paramount, le ofrecen la ingente tarea de llevar a la Gran Pantalla la epopeya de la liberaciòn del pueblo judìo del yugo egipcio que guiados por Moisès se encaminan a la tierra prometida como viene condensado en «El Exodo.

Cecil B. DeMille ya dirigiera otra versiòn muda en 1.923 de la misma narraciòn, denominada «Los diez mandamientos», aunque en esta ocasiòn no solamente se centraba en la emancipaciòn de los hebreos, si no que es una pelìcula de dos partes diferentes, la primera, como una especie de pròlogo sobre el mencionado episodio bìblico y una segunda, la mas larga, cuya acciòn se desarrolla en la època del rodaje, donde cuenta la historia de dos hermanos con dispares comportamientos morales, transfiguràndose la trama en una aguda crìtica de la corrupciòn que costumbres que sufriera Estados Unidos tras el final de la I Guerra Mundial. DeMille continuarìa inspirandose en las Sagradas Escrituras con filmes como «Rey de Reyes» en 1.927, «La señal de la cruz» en 1.932 y «Sànson y Dalila» en 1.948.

Al nuevo proyecto tambièn se le denomina como «Los Diez mandamientos», pero al contrario de la primera traslaciòn, se centrarìa al completo en la historia mosaica. DeMille se habìa cosechado una fama de rodar nuevas glosas de cintas anteriores suyas pero teniendo en cuenta los avances tecnològicos y las nuevas formas de realizaciòn y en esta ocasiòn no se iba a dejar atràs y ademàs contando con el mayor presupuesto que hasta entonces tuviera una producciòn cinematogràfica, con un total de 13.272.381 dòlares estadounidenses de entonces. Para el titànico guiòn se cuenta con Eneas Mackenzie, Jesse L. Lasky, Jack Gariss y Fredic M. Franck, en que se basan en el propio Antiguo Testamento, en fragmentos del Còran y en las novelas «El prìncipe Egipto» de Dorothy Clarke Wilson, «Columna de fuego» de JH Ingraham y «Sobre alas del àguila » de AE Southon. La fotografìa se le encomienda a Loyal Griggs, los efectos especiales a John P. Fulton y la banda sonora a Elmer Berstein. Se consigue un espectacular casting con lo mejor del Star System del momento con Charlton Heston, Yul Brynner, Anne Baxter, Edward G. Robinson, Ivonne De Carlo, Debra Paget y John Derek, con unos secundarios de lujo como sir Cedric Hardwicke, Vicent Price, Martha Scott y John Carradine.

Para los escenarios naturales se eligen espectacular parajes como las orillas del Nilo y las estribaciones del Sinaì en Egipto, con los mayores set de rodaje construidos hasta entonces y en un momento que el paìs norteafricano pasaba por situaciones convulsas por la caida de la monarquìa del rey Faruk y la subida al poder del nacionalista àrabe general Nasser. Se continua con la filmaciòn en las cercanìas del Gran Cañón del Colorado y terminando las escenas interiores en los estudios de la Paramount en Los Angeles.

El resultado es un trabajo que tiende a ser perfecto, donde se ve el genio de un director minucioso y exigente, que rueda con una forma verdaderamente exquisita. DeMille es un enamorado de la càmara y es capaz de crear todo un mundo su alrededor.

La narraciòn se muestra con una interesante carga mìstica y èpica, en la se crea la leyenda sin demasidas estridencias; sin embargo los propios libretistas ofrecen una interpretaciòn literal de la Biblia, sin ningún tipo de exegis muy del arbitrio de la tradición evangèlica lo que provoca caer en algunas ocasiones en anacronismos e incongruencias descriptivas y no liberarse de tòpicos y clichès impuestos.

El operador nos muestra unas imàgenes coloristas y exhuberantes, en algun momento hasta podemos considerarlas kitsch, pero teniendo en cuenta que estaban dentro del gusto pùblico de la època. Los decorados son sugerentes, basados en la grandilocuencia y el colosalismo a lo que añadimos unos efectos especiales hermosos y contundentes, una verdadera magia para el espectador de los 50, aderezado con una Banda Sonora excelsa e insuperable.

La direcciòn artìstica es abrumadora y todos los actuantes estàn en su mejor forma, destacando un Chalton Heston como Moisès tajante y lleno de carisma, Heston se convierte en el actor-fetiche de DeMille tras haber protagonizado «El mayor espectàculo del mundo», encontrando lo que serìa el segundo mejor papel mejor de su carrera despuès de protagonizar «Ben-Hur» comercializada tres años màs tarde, a la que añadimos un Yul Bryner como Ramsès II correcto y a la vez impecable, una Anne Baxter como Nefertari verdaderamente sublime, un Edward G. Robinson como Datàn excelso y una Yvonne De Carlo como Sèfora dulce y deliciosa.

Se estrena en Los Angeles el 8 de noviembre de 1.956, consiguiendo desde el primer momento una muy buena acogida por parte del pùblico, tanto es asì que hoy en dia es el sexto filme màs taquillero de todos los tiempos ajustando la inflaciòn actual . Sin embargo desde un punto de vista acadèmico no obtuvo tanta suerte, en la edicciòn de los Oscars en 1.957 fue nominada en las categorias de mejor pelìcula, mejor direcciòn artìstica, mejor fotografìa, mejores efectos especiales, mejor montaje, mejor sonido y mejor vestuario, obteniendo solo el premio para los mejores efectos especiales, siendo la vencedora de aquella noche, «La vuelta al mundo en 80 dias» de Michael Anderson, vista por muchos como una cinta menor.

One Response to “Los diez mandamientos”

  1. Me encanta el cine biblíco y «Los diez mandamientos» es un ejemplo genuino de este género.

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