El satiricón

miércoles, marzo 25th, 2015

Coproducción entre Italia y Francia, estrenada en 1.969, significaba la 14 pelìcula de Federico Fellini como director, encargàndose tambièn del guiòn de la misma, junto con la colaboraciòn de Brunello Rondi y Bernadino Zaponi, que desde unos comienzos con unas pautas netamente neorrealistas, es a partir de su inolvidable «Las noches de Cabiria» en 1.957, cuando nos encontramos en la transiciòn hacia un cine barroco, sensual y mas personalista, tendencia que se consolidarìa con tìtulos como «La dolce vita» en 1.960, «Ocho y medio» en 1.963 y «Julieta de los espìritus » en 1.965.

«El Satiricòn» significaba a primeras una continuaciòn de la tendencia comenzada desde finales de los 50 y estaba basada en la novela en prosa y en verso del mismo tìtulo del siglo I despuès de Cristo, atribuida mayoritariamente a Petronio, cortesano y literato nacido en Massalia, la actual Marsella, que tras ocupar importantes cargos polìticos en la administraciòn imperial romana, como procònsul en Bitinia y posteriormente cònsul, se convierte finalmente en uno de los consejeros màs importantes de Neròn, hasta su participaciòn en una conjura contra este emperador, que tras ser descubierto se quita la vida mediante el macabro mètodo del sangrado . Sòlo se han conservado algunos fragmentos de esta creaciòn, por lo que su adaptaciòn a la Gran Pantalla resultaba un autentico ejercicio de arqueologìa, pero que permitìa una mayor libertad creativa y tener menos en cuenta la rigidez de un argumento prefabricado.

El propio Fellini describiò el libreto, como una adaptaciòn franca de la inmortal obra latina, aunque esta era la ùnica tònica posible ante la escasez de fuentes y donde se narra sobre la lucha entre dos jòvenes patricios, llamados Encolpio y Ascito para atraer el amor homosexual del adolescente Gitòn, que finalmente elige a Ascito; Encolpio completamente disgustado intenta suicidarse, pero un terremoto hace que abandone esta idea y comienza una serie de aventuras y tambièn desventuras en el populoso barrio de La Sabura al lado del mìsmisimo foro de Roma, poblado por prostitutas, proxenetas, chaperos, maleantes, vendedores ambulantes, charlatanes y aventureros; un distrito urbano edificado sin orden ni concierto, sobre las colinas de Vimial y Esquilo y donde destacaba la construcciòn de altos edificios como consecuencia de una agresiva especulaciòn del suelo.

Se puede interpretar como un viaje iniciàtico esta incursiòn de Encolpio en mundos desconocidos, atrayentes y peligrosos a la vez, donde siempre se bordea el desastre y la muerte, pero que finalmente en todas las ocasiones consigue escapar; sin embargo el propio caràcter cìnico del protagonista nos lleva a un anàlisis de la decadencia de la sociedad imperial y su traslaciòn al devenir contemporàneo de la civilizaciòn occidental y se expresa o se quiere expresar en una narraciòn dividida en veinticinco episodios diferentes, unidos en una tenue conexiòn por la presencia del propio Encolpio.

No es, como puede imaginarse uno al principio, una recreaciòn històrica al uso, aunque no se oculta que se beba de fuentes clàsicas y liberàndose por completo de las convenciones de gèneros como el «peplum» que moldeò el imaginario colectivo de varias generaciones sobre el periodo romano. Por la propias circunstancias del relato asignado a Petronio, no se intenta comprender el pasado, si no solamente observar una pizca muy diminuta de este pasado.

Fellini reinterpreta todas las fuentes primitivas del guiòn, en un tono caricaturesco y a la vez sensual, en un exceso visual y alegòrico, en la que no se esconde una atmòsfera fastuosa, que en ciertos momentos el realizador tìene la habilidad de transformarla en pesadilla. Nos encontramos como una bùsqueda estètica del caos, donde se desecha por completo la mìnima coherencia y lo acostumbrado, eliminando cualquier atisbo de elipsis, tratando de atrapar todo el espacio que se cuenta, en un afàn exhaustivo de revelar lo absoluto.

Esta pelìcula es hija de su tiempo y en ella està presente todos los cambios y convulsiones que la dècada de los 60 supuso para el mundo màs desarrollado, especialmente la revoluciòn sexual. Hay por parte del genio de Rìmini una profundidad intelectual y una serie de esfuerzos estilìsticos aunque menos visibles que en cintas anteriores, que significa a mayores una complicidad con cierta parte del pùblico, como si fueran poseedores de la comprensiòn de un còdigo seudo-oculto por parte del director.

La fotografìa de tonos cromàticos que hacen evocar levemente la imagen pop propia de la època del rodaje, la debemos a Giuseppe Rotuno, el mismo operador de la monumental «El Gatopardo», a la que se suma una mùsica sumamente sugestiva de Nino Rota, compositor precoz de operas, que tambièn habìa colaborado en el filme viscontiniano de 1.963 y fuera el responsable con anterioridad de las bandas sonoras de creaciones del propio Fellini, como «La estrada» en 1954, «Las noches de Cabiria»,»La dolce vita», «Ocho y medio» y «Julieta de los espíritus». Poco tiempo despuès Rota se encargarìa de la musicalizaciòn de la genial producciòn estadounidense de «El Padrino» de Francis Ford Coppola en 1.972 y su nueva asistencia lìrica al emiliano-romaño un año despues en la la superlativa «Amarcord».

El casting resultò todo un acierto en un reparto eminentemente coral, con fuerte presencia internacional, en que destaban intèrpretes como el britànico Martin Potter como Encolpio, el estadounidense Hiran Keller como Ascito y el alemàn Maz Born como Gitòn.

Como en toda la filmografìa de Fellini, las escenas son muy atrayentes a cualquier espectador descollando las del burdel con prostitutas y clientes obesos, sacrificios humanos ahogados en rios de sangre, el encuentro con el minotauro, que nos hace invocar la aventura de Teseo, la relaciòn de Encolpio con la ninfòmana en el desierto o la vulgar fiesta de los plebeyos enriquecidos.

La posterior pelìcula del genial director italiano fuè «Roma» en 1.972, una especie de secuela con con una serie de episodios, aparentemente sin orden ni concierto, aunque en este caso coetàneos al periodo de filmaciòn y donde se expresa nuevamente una realidad contradictoria y multiforme, que no es màs que el prisma con que Fellini ve este estraño mundo que nos ha tocado vivir.

Leave a Reply