Ran

lunes, octubre 13th, 2014

En el año 1.985, el gran maestro Akira Kurosawa cumplìa los setenta y cinco años y estrenaba la pelìcula que muchos vieron como su autentico legado fìlmico, la producciòn «Ran», donde imprimiò toda su sabiduria y todo su caràcter artìstico y vena creativa; tenìendo como resultado una autèntica joya cinematogràfica, uno de los mejores filmes de la Historia, sin duda.

Para todo ello Kurosowa contò el apoyo explìcito del cada vez màs poderoso audio-visual japonès y del cinema francès, con la asociaciòn entre la tokiota productora Nippon Herald Films y las parisinas Heraldo Ace y Greenwich Films Productions, debido al prestigio y reconocimiento del genio del antiguo Katay en el paìs galo. Con un presupuesto de 12 millones de dòlares, se habìa convertido en la pelìcula japonesa màs cara de la Historia, a lo que se añadiò a una serie de facilidades para el rodaje otorgados por el propio gobierno de Tokyo, al permitir la filmaciòn en parajes naturales protegidos como las estribaciones del monte Aso, el mayor volcàn en activo de todo el archipièlago, asì como en importantes patrimonios històricos como los castillos de Kumamoto y Himeji, junto con las ruinas de la fortaleza de Azusa.

Hisao Kurosawa, hijo de Akira, junto con Katsumi Furukawa, Masato Hara y Serge Silberman fueran los productores ejecutivos de la cinta, Silverman, de origen judìo-ruso y nacionalidad francesa habìa sido el responsable de la producciòn de los filmes de Buñuel, «Diario de una camarera» en 1.964, «El discreto encanto de la burguesìa» en 1.972, ganador al Óscar al la Mejor Pelìcula en Lengua no Inglesa en la edicciòn en 1.973 y «Ese oscuro objeto de deseo» en 1.977.

Asakazu Nakai, Takao Salto y Masaharu Ueda se encargaron de la fotografìa que adquiere una importancia insòlita y primordial, que se pretende y en esta ocasiòn se consigue, en convertirse en un elemento donde el director esculpe de forma armonìosa y edificante todo un autentico entramado estètico, con una fidedigna pasiòn por el color y las formas. La banda sonora producto de la batuta de Toru Takemitsu, que con un estilo minimalista, se hace un excelente uso de la flauta y la percusiòn, lo que acentua el caràcter èpico de la pelìcula. Y a lo que hay que añadir una direcciòn artìstica sumamente llamativa de la mano de los hermanos Yoshiro y Shinobu Muraki, junto con un apabullante, en ocasiones barroco, pero efectivo vestuario, trabajo de Emi Wada, que serìa recompensado con el Óscar a la especialidad en la edición en 1.986.

El guiòn està firmado por el mismo Akira Kurosawa junto con Masato Ide y Hideo Oguni, sìendo una versiòn bastante libre de la pieza de teatro «El rey Lear» de William Shakespeare, en la que no transcribe la obra literaria, si no que sòlo utiliza sus conceptos y percepciones. Aparte de la atracciòn por parte de Kurosowa de la cultura occidental y la inspiraciòn de determinados filmes del realizador para significativos westerns, la faceta màs estudiada del director nacido en la poblacion de Shinagawa, en la àrea metropolitana de Tokyo, es su inculcaciòn del universo shakesperiano, presente en cintas anteriores a «Ran» como «Trono de sangre», estrenada en 1.957 e imbuido por «Macbeth» y «Los canallas duermen en paz», comercializada en 1.960, con ciertos pararelismos con «Hamlet»; aparte de ello se unen elementos netamente nipones, como la leyenda de «Las tres flechas» y la vida semi-mìtica del Daimyo (señor feudal) del siglo XVI Mori Motonari, uno de los protagonistas destacados de la era Sengoku, un largo periodo de guerras civiles que ensangrentaron Japòn desde 1.467 hasta 1.615.

«Ran» en lengua nipona significa rebeliòn, disturbios, confusiòn, que se convierten en la alma mater del filme. La violencia es el hilo conductor de toda una historia, donde un poderoso señor de vastos dominios llamado Hidetora decide abdicar y repartir su patrimonio entre sus tres hijos, Taro, Jiro y Saburo, disgustando al menor, Saburo, que se considera muy perjudicado por la decisiòn, por que su padre lo desehereda, comenzando asì una espiral de exabruptos entre todos los vàstagos que nadie ni nada es capaz de parar.

Se mezcla en la propia narraciòn elementos como el honor, familia, religiòn, ambiciòn, soledad, traiciòn, locura, venganza, rabia, furor, envidia, codicia; es un genuino relato de las luchas de poder a cualquier precio y donde sale lo peor de la especie humana; hay un trasfondo sumamente pesimista, que llena de melancolìa y desesperanza al propio espectador.

Kurosowa no huye de un tono teatral, algo muy frecuente en la mayor parte de sus obras y la forma de actuar de los actores està fuertemente influenciada por la escuela del teatro noh, encontrando un lenguaje cinematogràfico distinto, fuera de los paràmetros realistas, como revìndicando un mayor tributo a las artes escénicas tradicionales.

El director se nos antoja fuertemente abstracto, con un ritmo pausado, lento, algo que siempre se ha considerado como poco comercial, pero con notable valor ornamental; se recurre mucho a la contraposiciòn de escenas de acciòn al aire libre a otras ìntimas; nos topamos con una sabia utilizaciòn de la tècnica de la filmaciòn con tres càmaras a la vez, lo que permite captar diferentes àngulos y matices; se alcanza el cènit creativo en los fragmentos de batallas, recordando que Kurosowa ha sido junto con Eisenstein los que mejor han podido captar el horror de la guerra en escenas sublimes y llenas de belleza plàstica, con una planificacion y una potestad del montaje verdaderamente extraordinario, combinado sabiamente diferentes piezas, como los combatienes, las armas, las banderas, los estandartes y pendones, los caballos, los accidentes del terreno, hasta el tiempo atmosfêrico, como si en el horror y la depravaciòn guardarse algo de ser transmitido y sospechando que en lo màs oscuro se pudiera encontrar algo hermoso.

Las interpretaciones de los actores son excepcionales, destacando Tatsuya Nakadai, como el gran señor Hidetora, incapaz de acabar con las luchas fratricidas y que demuestra una fiera resistencia a los acontecimientos, mezclada con desesperaciòn, el travestido Shinnosuke Ikehata, el bufòn Kyoami, el narrador irònico de los acontecimientos, Akira Terao, el hijo mayor, Taro, engañado por su propia esposa, Jinpachi Nezu, el mediano Jiro, amante de su cuñada, Daisuke Ryu, como el impulsivo vàstago pequeño Saburo y Mikeo Harada, señora Keade, mujer de Taro, que comete adulterio con Jiro, un personaje con una fiereza y perversidad que sobrecoge.

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