Trainspotting

sábado, septiembre 27th, 2014

Considerada una de las pelìculas britànicas màs significativas de la dècada de los 90 y que elevò a su director Danny Boyle al olimpo de los grandes realizadores contemporàneos. Boyle, nacido en la localidad de Radcliffe, nùcleo poblacional de la àrea metropolitana de la industrial ciudad de Manchester, el 20 de octubre de 1.956, en el seno de una familia de emigrantes irlandeses, que como muchos de su compatriotas, abandonaran su entonces rural terruño por la Inglaterra fabril; formado en colegios catòlicos y en la Bangor University en Gales, donde se gradúa en inglès y en drama, comenzando a principios de los 80, en pleno auge del thacherismo, una èxitosa carrera como director teatral y es partir de 1.987 cuando debuta como realizador televisivo. El salto a la Gran Pantalla se produce en el año 1.994 cuando consigue terminar el proyecto de «A tumba abierta», una comedia de suspense, que obtubo una relativa notoriedad, tanto de crìtica como de pùblico, con rodaje en la escocesa ciudad de Glasgow, encargàndose de la producciòn Andrew Macdonald, nieto del mìtico Emeric Pressburger, que contò como guionista a John Hodge que elabora un libreto sobre la novela del mismo tìtulo del controvertido y poco convencional escritor escocès Irvine Welsh y tenìendo como principales intèrpretes a los entonces casi desconocidos Ewan McGregor, de origen caledonio, Christopher Eccleston, de origen inglès y Kerry Fox, de origen neo-zelandès.

Pràcticamente con el mismo equipo humano, dos años despues, en 1.996, Boyle lleva a cabo su segundo proyecto cinematogràfico y es trasladar a la Gran Pantalla las mas polèmica de las obras de Welsh «Trainspotting», publicada en 1.993, donde narra de una forma bastante espèrpentina, grotesca y con amplio sentido còmico, pero dentro de un tono sumamente naturalista, la vida de un grupo de heroìnomanos en la ciudad de Edimburgo, tambièn en Escocia, una urbe sometida al paro, el desencanto y la decadencia, provocada por las duras politicas neo-liberales del periodo de Thatcher y sus sucesores y el cada vez màs indisimulado centralismo inglès sobre la antigua Caledonia, un autentico caldo de cultivo para las revindicaciones independentistas de la naciòn celta al norte de la isla de Gran Bretaña. Los personajes representan todo el desencanto de una juventud sin apenas horizontes vitales, sometidos a un buqle entre mortecino y asfixiante, donde como resultado se presenta la nada, como fin y principio de todo. Welsh, antiguo seguidor del moviento «Punk» en su adolescencia y temprana juventud, se nos antoja como un autor sumamente corrosivo y a la vez pasional que nos hace recordar al francès Cèline, uno de los escritores malditos del siglo XX, pero sin caer obviamente en el corpus ideològico fascista y anti-semita del galo y decatàndose màs bien por elementos anarquizantes, nihilistas y anti-sistema, que ya se empezaban a vislumbrar en los paises occidentales en el otoño de la «Postmodernidad» a mediados de los 90 del siglo XX.

De nuevo con la producciòn de Macdonald y con la traslaciòn a un argumento de celuloide a todo el universo de Welsh por medio de Hogde, cuyo trabajo serìa nominado al mejor guiòn adaptado en la gala de los Oscars en 1.997; en esta labor el libretista intenta y lo consigue, no alejarse del espìritu de la novela original, conservando sus elementos màs polèmicos, fuera de los estereotipos y del buen gusto burguès y desvinculàndose de cualquier moralina, aunque esta pretenda tener buen designio y no ose juzgar a nadie. Hay una visiòn del mundo de la drogodependencia completamente atìpica, que sin desdeñar sus efectos nocivos y corrosivos, no se tantea tranquilizar las conciencias.

La direcciòn de Dany Boyle se nos exhibe muy enèrgica y fresca a la vez, que fluye de una estètica transgresora, con importantes cambios de ritmos pero que no resultan forzados. La puesta en escena se verifica impecable, con un importante toque realista-social muy en consonancia de la tradición del cine britànico .

Boyle dota a la cinta todo la ironìa, todo el sarcasmo y toda la mala leche que es capaz, mostràndose un cineasta que escapa de lo fàcil y còmodo, no queriendo agradar a todo el mundo y lejos de los paràmetros de la correcciòn polìtica; el realizador huye de los tòpicos como los mismos personajes se evaden de su propia existencia; en cierto modo el filme resulta un viaje interior de Boyle, aunque es consciente de que este periplo nunca serà terminado y nunca se encontraràn las respuestas a las claves y las preguntas.

El director consigue que las figuras fluyan por la pantalla, con una espontaneidad que pocas veces se alcanza y determinando una potente verosimilitud; con un casting muy bien rematado, que Boyle lo aprovecha al màximo, sacando de cada actor lo mejor de si, como si los estrujaran a todos, como si incidiera en sus propias almas.

Por este motivo la exègesis de cada ejecutante es sencillamente genial, destacando la participación de Ewan McGregor, que se convertìa casi en el actor fetiche de Boyle, en un rol lleno de sentimientos, del adicto que evoluciona vitalmente con sus inadaptados amigos interpretados por Johnny Lee Miller y Ewen Bremner, junto con el psicòpata violento y pedenciero, cuyo rol lo asume Robert Carlyle en una calidad escalofriante y la chica del siempre dulce-amargo amor ocasional que da vida la hermosa y sensual Kelly Macdonal.

Y si le añadimos una fotografìa pulcra y muy viva, de la mano de Brian Tufano, una magnìfica banda sonora, muy bien sincronizada con temas adaptados de Iggy Pop, David Bowie, Blur y Lou Reed y a un increible vestuario diseñado por Rachael Fleming, nos topamos con una de las raras pelìculas de las ultimas dècadas cercanas a la perfecciòn.

Puede que el origen irlandès de la familia de Boyle le hiciese sentir màs cercano a Escocia, porque en la cinta nos encontramos con un tìmido e incipiente nacionalismo escocès, coincidiendo su filme con el reciente estreno un año antes por parte de Holywood y de la mano de Mel Gibson de «Braveheart, la apoteosis por medio de la Historia de los sentimientos nacionales de la vieja Caledonia, aunque la Escocia de «Transpoting» es màs realista, màs sucia y menos heroica y menos lìrica que la Escocia transmitida por Gibson.

«Traspoting» significò el comienzo ascendente de la carrera cinematográfica de Danny Boyle, que continuarìa con filmes como «Una historia diferente» en 1.997, «La playa» en 2.000, «28 dias despuès» en 2.002, «Millones» en 2.004, «Sunshine» en 2.007, «Slumdog Millionaire» en 2.008, la gran triunfadora en la noche de los Oscars en 2.009, ganadora de 8 estatuillas, incluida a la de mejor director en Boyle y «127 horas» en 2.010. Dos años màs tarde, en 2.012, Boyle fue el encargado en dirigir la ceremonia inaugural de los Juegos Olìmpicos de Londres de aquel año.

2 Responses to “Trainspotting”

  1. Una forma irònica de ver la marginalidad. Es lo que màs me gusta de esta pelìcula. Por otra parte las interpretaciones son muy llamativas.

  2. Una forma irònica de ver la marginalidad. Es lo que màs me gusta de esta pelìcula. Por otra parte las interpretaciones son muy llamativas.

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