Cabaret

martes, julio 8th, 2014

A principios de la dècada de los 70 del siglo XX, el gènero musical en el cine llega a una profunda transformación, al buscarse nuevos elementos artìsticos, creativos, estèticos e intelectuales que con anterioridad no se habìan deparado y de un escapismo colorista y efectista se evoluciona hacia un realismo sincero y humanista, que no le hace ascos al anàlisis social e incluso ideològico.

El francès Jacques Demy, ya lo habìa experimentado en su inolvidable cinta «Los paraguas de Cherburgo» en 1.964 y la industria hollywodiense, siempre muy atenta al devenir del cinema del viejo continente, adapta estas premisas que empiezan a estar presentes en filmes como «La leyenda de la ciudad sin nombre» de Joshua logan en 1.969 y «El violinista en el tejado» de Norman Jewison en 1.971.

Es un año despues, en 1.972 con el estreno de «Cabaret» se consolida la profunda renovaciòn del gènero; dirigida por el tambièn bailarin, coreogràfo y actor Bob Fosse, que habìa debutado como realizador cinematogràfico tres años antes con «Sweet Charity», una adaptaciòn de la honònima comedia musical, basada a su vez en la genial pelìcula «Las Noches de Cabiria» de Federico Fellini; a pesar del fracaso comercial del filme, ya se advierte un profundo genio innovador por parte de Fosse.

«Cabaret» surge como version fìlmica de la obra de mìsmo tìtulo, estrenada sobre las tablas de Broadway el 20 de noviembre de 1.966, con libreto de Joe Masteroff, con mùsica de John Kander, con canciones de Fred Ebb y con coreografìa de Ron Field, sìendo el debut londinense de la misma el 28 de febrero de 1.968. Nos encontramos con una traslaciòn de «Adios a Berlin», un relato corto, de caràcter semi auto-biogràfico, publicado en 1.939, del escritor inglès nacionalizado estadounidense Christopher Isherwood, narraciòn que serìa incluida en la colecciòn «Historias de Berlin», editada en 1.945. En 1.951, el dramaturgo de origen inglès, tambièn con ciudadanìa estadounidense John van Druten, recrea en el escenario teatral el «Adios a Berlin» de Isherwood, con su obra «Soy una càmara», que pronto tiene su exègesis en la Gran Pantalla con la producciòn britànica del mismo tìtulo en 1.955, con direcciòn del sudafricano Henry Cornelius y protagonizada por Laurence Harvey y Julie Harris, que ya habìa participado como actriz principal en la apertura de la pieza de Van Druten.

La primitiva narraciòn de Isherwood nos lleva hasta el Berlin de las postrimerìas de la rèpublica de Weimar, donde la grave crisis polìtica, econòmica y social favorece las ansias de poder por parte de los nacional-socialistas, cada vez màs envalentonados por su creciente apoyo en amplios sectores en la opiniòn pùblica y la complicidad mal disimulada de ciertas autoridades. Es en estas circunstancias cuando dos jòvenes britànicos, desplazados por distintas razones a la capital alemana se conocen y surge entre ellos algo parecido al amor; son Sally Bowles, cantante del cabaret Kit Kat Club, uno de los màs conocidos en la ciudad, que sueña con ser actriz y Brian Roberts, antiguo alumno de Cambrigde, que intenta ganarse la vida impartiendo clases de inglès; a ellos se unen unos llamativos personajes secundarios, exponentes del momento que estaba pasando la naciòn alemana, como el caza-fortunas Fritz Mendel, pretendiente de la rica heredera judia Natalia Launder , el aristòcrata decadente Maximilan von Heune, de caràcter bisexual y enamorado secreto de Brian, que junto con Sally forman un extraño trio, el histriònico maestro de ceremonias del local nocturno, el autor de escritos pornogràficos Herr Ludwig, o la prostituta Fraulen Kost. Al final en su totalidad no resulta màs que un viejo cuento de afecto y ambiciòn mal entendida y donde todo es destinado al fracaso y a la melancolìa.

Con el conjunto de este material de Isherwood, de Van Druten y de Masteroff , Fosse pone en marcha un proyecto ambicioso en lo artìstico-creativo y en lo econòmico-comercial, con el apoyo de la ABC Pictures y de Allied Artists, con un rodaje en la misma Repùblica Federal de Alemania, en las poblaciones del entondes llamado Berlin Occidental, Munich (Ciudad que el mismo año del estreno de la pelìcula fue sede de los Juegos Olìmpicos de verano), Lubeck y Eutin, siendo la filmaciòn de interiores en estudios de Berlin Occidental y Munich. El guiòn de la mano de Jay Presson Allen, que introduce elementos que ya en la època podìan resultar polèmicos, como la homosexualidad, el aborto, el racismo, junto con la intolerancia y donde se cambia el origen britànico del personaje de Sally por una procedencia norteamericana, un tipo de operaciòn muy presente en el cine de Hollywood con el objetivo de buscar una mayor empatìa y cercanìa por parte de pùblico estadounidense a la descripciòn; a ello se cumplimenta con una excelente y limpia fotografìa por parte de Geoffrey Unsworth y contando con la banda sonora adaptada de Ralph Burns. Sin embargo se permuta la importante coreografìa con respecto a la primaria, introduciendo el propio Fosse elementos de su cosecha.

Lo que nos encontramos, es un autentico goce de los sentidos en un torbellino de creatividad y buen hacer, en una pelìcula que se expresa ante todo en su puesta de escena y en la que no se escatima una resulutiva audacia en recursos visuales, con una planificaciòn dinàmica en correspondencia al espacio, en un montaje convulso, optando en determinadas ocasiones a la càmara al hombro y no huyendo del primer plano.

La parte cantada es antològica y puede parecer separada del desarrollo dramàtico, lo que permite un mayor realismo, pero no hay ni por asomo una ruptura entre las dos porciones y ello se consigue con unas sugerentes referencias a la vida de los protagonistas y a la situaciòn polìtica y social del entorno. Todas las canciones menos una se desenvuelven en el platò del club, como «Willkomen», «Mein herr», «Maybe this time», la archiconocida «Money, money», Two ladies», la instrumental «Sitting pretty», «Tiller girls»,»Heiranten», «If you could see her», «Cabaret», y «Finale»; es la pieza «Tomorrow belongs to me», la unica que se deslia en un escenario exterior, en este caso en un biergarten (cerveria al aire libre) y sìendo tambièn la unica tonada de toda la cinta no incluida en la representaciòn escènica incial; composiciòn original de Mark Lambert y contra el parecer de muchos no era un himno de las Juventudes Hitlerianas traducido al inglès.

Fosse alcanza con los intèrpretes una complicidad absoluta, que favorece el propio desarrollo de los personajes, destacando una Lizza Minnelli en el papel de Sally, la mejor actuaciòn cinematogràfica en su carrera y donde construye un ser humano lleno de ternura y dulzura bajo una capa de libertinaje y frivolidad, un Michael York, como Brian, que evoluciona en todo el filme, desde una timidez enfermiza a un mejor conocimiento de su personalidad, un Helmut Griem, el caduco patricio Maximilian, lleno de claro-osucuros y recovecos y sobre todo un Joel Grey, el maestro de ceremonias, el bufòn de unos tiempos tràgicos y convulsos.

En las ceremonias de los Oscars en 1.973, «Cabaret» fue la gran vencedora de la noche, ganando ocho estatuillas, superando incluso a la mìtica primera parte de «El padrino» de Francis Ford Coppola, algo que en su dìa creò una agria polèmaica. La mejor direcciòn recayò en Bob Fosse, la mejor actriz principal en Lissa Minnelli, el mejor actor de reparto en Joel Grey, la mejor fotografìa en Geoffrey Unsworth, la mejor banda sonora adaptada en Ralph Burns, el mejor montaje en David Bretherton, la mejor direcciòn artìstica en Rolf Zehetbauer, Hans Jurgen Kiebach y Hebert Strabel y el mejor sonido en Robert Knudson y David Hildyard.

2 Responses to “Cabaret”

  1. Gran pelìcula «Cabaret», mi musical favorito, sin duda.

  2. Buena visiòn de las postremerias de la rèpublica de Weimar.

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