Quemado por el sol

domingo, mayo 25th, 2014

Nos encontramos con la pelìcula rusa màs significativa desde la desintegraciòn de la Uniòn Sovietica y asì mismo, la màs conocida a nivel internacional del vasto paìs eslavo en las ultimas dècadas. Dirigida y protagonizada por èl siempre controvertido Nikita Mijalkov, un extravagante y polèmico personaje, con una agitada vida personal y sentimental, que incluso en algun momento, pensò en presentarse como candidato a la màs alta magistratura de su propio paìs; director del Festival de Cine de Moscù desde el año 2.000 y presidente de la sociedad rusa de cineastas, a pesar de la oposiciòn de realizadores rìvales que siempre lo han acusado de nepotismo, egolatrìa y narcisismo. Hijo del literato Serguèi Mijalkov, autor del himno soviètico y del nuevo himno ruso, aunque conocido principalmente por sus libros para niños, hermano del tambièn cineasta Andrèi Konchalovski, director de recordadas cintas como «Siberiada» en 1.979, la ultima gran epopeya cinematogràfica del periodo soviètico y de su participaciòn en el show business estadounidense, con populares filmes como «El tren del infierno» en 1.985 y «Tango y Cash» en 1.989, protagonizada por Silvester Stallone y Kurt Russell; con estos precedentes familiares, Nikita Mijalkov se decantò desde su màs tierna infancia hacia el mundo del arte y de la creaciòn.

Formado como actor en el Teatro del Arte de Moscù y en la Escuela Schukin del Teatro Vajtàngov, sìendo su primera incursiòn como intèrprete en el Sèptimo Arte en «Un paseo por Moscù» de Georgi Daneliya en 1.964, donde catapulta a Mijalkov a la fama, convirtièndose en unos de los artistas màs conocidos de la URSS y no fue hasta el año 1.974 cuando realiza su primer largometraje «En casa entre extraños», uno de esos raros filmes, calificados como «Westerns Rojos», donde se aplican elementos y situaciones del gènero cinematogràfico norteamericano por excelencia a historias ambientadas en la estepa rusa o en las comarcas asiàticas del estado soviètico, principalmente en el periodo de la revoluciòn bolchevique y la posterior guerra civil.

A esta cinta, le siguen sugestivas producciones como «La esclava del amor»en 1.976, «Platanov», en 1.977, basada en una pieza de Anton Chekhov, «Cinco Tardes» en 1.978, «Oblòmov» en 1.980, «Relaciones de Familia» en 1.981, «Sin testimonio» en 1.983, «Ojos negros» en 1.987, cooproducida con Italia, nominada al Oscar a la Mejor Pelìcula de habla no-inglesa y Oscar al Mejor Actor en Marcello Mastroiani en la edicciòn de 1.988 y «Urga» en 1.991, cooproducida con Francia.

Es en el año 1.994, cuando Mijalkov realiza su obra màs personal e igualmente màs controvertida, «Utomlyònnyie sòlntsem» traducida al castellano como «Quemado por el sol», una visiòn crìtica y a la vez analìtica del estalinismo. A pesar de ser su progenitor unos de los intelectuales oficiales del règimen comunista, el cineasta desde el comienzo de la «Perestroika», toma una actitud revisionista con respecto al sistema implantado en su patria desde 1.917, comenzando en un primer momento por una nostalgia del antiguo periodo zarista y la Rusia tradicional, como bien se ve reflejado en «Ojos negros» a un autèntico compromiso ideològico anti-marxista, acompañado por un entusiasta activismo.

En «Quemado por el sol», nos topamos con una cinta polìtica que busca ante todo remover las conciencias, con un guiòn agresivo en el buen sentido de la palabra, donde muestra sin fisuras y sin caer en medias tintas y en la auto-complacencia el horror y la insensibilidad que puede llegar una estructura completamente sometida a los delirios mesiànicos de un tirano endiosado y embriagado de poder absoluto. Este libreto rubricado por èl mismo Mijalkov y por Rustam Ibraguimbèkov, con un tìtulo influenciado en una popular canciòn polaca, con elementos del tango rioplatense, en los años 30 del siglo XX y traducida al ruso, con gran èxito entre el pùblico soviètico de la època; inspiràndose en el papel de Dmitri en la figura històrica de Nikolai Skoblin, un alto mando del ejèrcito blanco, que actuò en el exilio francès como agente doble y responsable del secuestro del general Miller, uno de los principales lìderes anti-bolcheviques en el exterior, la mayorìa, en cambio, son personajes imaginarios pero representivos de las vìctimas de las purgas del periodo de Stalin, como el coronel Kòtov,(encarnado por el propio Nikita Mijalkov hèroe de la guerra civil que disfruta de un periodo vacacional al lado de su familia en una dacha campestre en aquel sangriento verano de 1.936, cuando recibe una extraña visita de un hombre llamado Dmitri (Oleg Mènshikov), en otros tiempos pretendiente de su esposa, antiguo oficial zarista, que no lo ve desde 1.923 y que ahora trabaja para Moscù, descubriendo el militar con el paso de las horas, el verdadero motivo de su encuentro, que no es otro que su pròxima detenciòn por parte de agentes de la policìa polìtica acusado de alta traiciòn.

Hasta ese hecho se nos permite descubrir a una maravillosa familia, que a pesar de todo aùn guarda elementos burgueses y cosmopolitas, con una fina atracciòn de Europa Occidental, principalmente Francia, aunque sin olvidar su identidad primitiva. El vitalismo y la alegrìa por la existencia de este grupo parece como si llenara de felicidad y sugestiòn al espectador, que se enamora de personalidades como la esposa de kòtov, Marusia (Ingeborga Dapkutaine), ademàs mujer en la vida real de Mijalkov, quintaesencia de la discreciòn y dulzura femenina, la hija de ambos, la inteligente y pizpireta niña Nadia (Nadezhda Mijalkova), vàstago igualmente de Mijalkov y Dapkutaine, los padres de Marusia, Philippe (Andrè Oumansky) y Mokhova (Svetlana Kryuchkova), prototipos sociològicos de una vieja y romàntica Rusia que se resiste a perecer. Pero el incial tono dichoso de la cinta que se ve reflejado en los rostros de la parentela, adquiere con los minutos una expresiòn misteriosa y amenazante, el bucolismo de un principio se convierte en drama y la historia deliciosa acaba en pesadilla.

El resultado artìstico se nos antoja muy vistoso, predominando fluidez y frescura, con lo que se consigue una cierta complicidad con la concurrencia; a pesar de cierta egolatrìa por parte del director, que no rehúsa a jugar machaconamente con la sìmbolos, se consigue un estilo visual y formal que da cuerpo a la producciòn.

Se nos antoja una pelìcula que expresa un infortunio existencial, aderezado con resabiados toques costumbristas en que se bebe del gran maestro Chèjov, aunque hay momentos que nos hace recordar el cine de Kusturika, pero ante todo hay una influencia de Fellini, especialmente en su inmortal «Amarcord», en esa yuxtaposiciòn de lo grotesco de la figura de Mussolini, que en esta ocasiòn se convierte en Stalin.

La fotografìa llena de luz y color, cercana a los grandes maestros pictóricos de la luminosidad y el resplandor, que funciona como contraposiciòn a la gran tragedia que se nos narra, se la debemos a Vilen Kalyuta; la mùsica intimista y atrayente surge de la batuta de Eduard Artèmiev, el mayor maestro ruso de la composiciòn en el cine, autor de la banda sonora de los clàsicos de ciencia ficciòn «Solaris» y Stalker de Andrèi Tarkovski

«Quemado por el sol» obtuvo un importante reconocimiento acàdemico fuera de sus fronteras, ganado el Gran Premio del Jurado en el festival de Cannes en 1.994 y el Oscar a la Mejor Pelìcula de habla no-inglesa en la edicciòn
de los Oscars en 1.995.

3 Responses to “Quemado por el sol”

  1. Una gran producciòn rusa. Me encanta este filme.

  2. Una gran pelicula, me encanta.

  3. Expresa muy bien lo que era el estalinismo

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