Dia de Fiesta.

sábado, enero 25th, 2014

Desde hace bastante tiempo se ha considerado al francès Jacques Tati, como uno de los cineastas màs significativos de la toda la Historia, aunque en algunas ocasiones se habìa visto poco comprendido y durante algunos años casi que olvidado. Sin embargo, en cierto modo, el «chauvinismo» del país galo, con su respectiva estimaciòn de los artistas y creadores patrios, ha permitido que su figura sea realmente valorada contemporàneamente y hoy en día se reconozca como un autentico estilista cinematogràfico y dotado de una fina inventiva y originalidad.

Nacido en 1.907 en la localidad de Le Pecq, en el extrarradio de París y bautizado e inscrito en el registro civil con el nombre y apellido de Jacques Tatischeff, procediendo su familia paterna de la aristocracia rusa y cuando su familia materna era de extracciòn burguesa  y de origèn  italo-holandès. Tras una vida titubeante, en la que se dedicò a varios oficios y la pràctica de deportes como rugby, tenis y equitaciòn, empezò a vislumbrar su verdadera vocaciòn ya entrados los años 30, como còmico de music-hall, adoptando el seudònimo artìstico de Jacques Tati, reduciendo las  letras de su apellido original y dàndole una forma y una sonoridad màs francesa; es en esta època cuando intervine como actor en varios cortometrajes de humor. La II Guerra Mundial y la ocupaciòn alemana de Francia significa un paròn en la carrera cinematogràfica de Tati; terminada la contienda, el còmico de Le Pecq, comienza su trayectoria como director, con la puesta en marcha del cortometraje «L’Ecole des facteurs», («Escuela de carteros»)  estrenado en 1.946, sustituyendo al ya consagrado Renè Clement, que a ultima hora declinara llevar la responsabilidad del filme; Tati nos muestra en esta producciòn una estrafalaria forma de aprendizaje por parte de unos aspirantes a carteros, en los que destaca el larguirucho e histriònico Françoise, personaje interpretado por el mismísimo realizador y que protagoniza una serie de llamativos y delirantes gags.

Es en el año 1.947, cuando Tati se presta a dirigir su primer largometraje, que lo denomina «Jour de fete» («Dia de fiesta») en castellano, que pretendìa ser una de las primeras pelìculas francesas en color y para ello se contrata al laboratorio Thomson, promotor del sistema Thomson-color, como alternativa al estadounidense Technicolor, pero debido a las propias dificultades tècnicas del mètodo y los problemas financieros de la empresa, aconsejan a Tati, que en prevenciòn de futuros imprevistos, ruede todas las escenas doblemente, tanto en color como en blanco y negro; el tiempo dà la razòn al antiguo còmico de music-hall, ya que en pleno rodaje se produce la quiebra de Thomson, con lo que la unica copia posible para el estreno, era la de blanco y negro y finalmente se produce la presentaciòn oficial de la cinta al pùblico el 4 de mayo de 1.949. En 1.964 Tati hace estrenar una nueva versiòn con algunos fotogramas pintados a mano por èl mismo y finalmente en 1.995, 15 años despues de la muerte de Jacques Tati, su hija, la tambièn directora y montadora Sophie Tatischeff, promueve una restauraciòn de la copia en color, gracias a las nuevas tècnicas de digitalizaciòn, siendo esta versiòn las màs apreciada por la Crìtica actualmente.

El rodaje se efectuò en la localidad de Sainte-Sèvere-sur-Indre, en el departamento de Indre, en el valle del Loira y se utiliza a sus propios moradores como actores y extras, con lo que se consigue un marcado estilo naturalista y reflejar con indudable realismo el ambiente rural y provinciano de la Francia Central y como imàgen prototìpica de todo el Hexágono; es en este escenario donde se busca y se encuentra el humor basado en el costumbrismo y lo cotidiano, pero visto con unos ojos renovadores en la estètica y en el estilo.

El resultado es una ruptura con el tipo de comedia que hasta entonces se habìa realizado, aunque no se busca por parte del director unas coordenadas esencialmente vanguardistas, ya que hay una notable influencia de los maestros del humor cinematogràfico como Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd y de las realizaciones delirantes y vertiginosas de Mack Sennett; Tati se muestra deudor del cine mudo y revindica el humor existente en el, un humor eminentemente fìsico y muy deudor de las artes escènicas, mostràndose contrario a su olvido, provocado por la nueva y fascinante aureola que hizo mella en los cineastas y en pùblico la apariciòn del sonoro, que en algunos aspectos cortò de raìz la propia evoluciòn del lenguaje del celuloide

Tati tiene la valentìa y tambièn la desfachatez de intentar retomar la propia evoluciòn del Sèptimo Arte y de buscar nuevas formas de expresiòn, con un fuerte sentido del ritmo y una cierta estructura circular de la pelìcula, empleando poco diàlogos entre los personajes, encontrando el sonido como una especie de aliado, como si se pudiera prescindir de la banda sonora, a la que se añade una serie de secuencias donde predominan los silencios y los puntos muertos.

Al ser una «Opera Prima», notamos a un cineasta en construciòn, que encontrarìa su acomodo en filmes posteriores, principalmente en «Les Vacances de Monsieur Hulot» («Las vacaciones de Monsieur Hulot») estrenada en 1.953  y «Mon oncle» («Mi tio») puesta en comercializaciòn en 1.958 que significarìan una crìtica disparatada del mundo moderno y la obsesiòn enfermiza de las sociedades occidentales por los avances tecnològicos, pero es en «Día de fiesta», donde Tati, en contraposición, muestra un verdadero panegìrico de la vida rural, limpia de influencias externas; podemos ver casi un precursor de los movimientos anti-globalizaciòn de finales de los 90 y los primeros años del actual siglo. Lo que tambièn es cierto es que en esta obra hay una fuerte impronta conservadora y una nostalgia de la Francia tradicional y un cierto recelo de influencias exteriores, principalmente anglo-sajonas en general y norteamericanas en particular; es como si nos encontráramos con los elementos que poco tiempo después configurarìan el movimiento gaullista.

Ese mundo rural reflejado por Tati, se nos puede antojar como bucòlico y hasta naif, aunque en ese escenario y en sus habitantes es imposible tapar las heridas de la reciente invasiòn alemana, el règimen colaboracionista de Vichy y de la revanchista «Depuraciòn» contemporànea al rodaje de la pelìcula; a pesar del humor se nota las heridas del alma y donde la impronta de la guerra no iba a desaparecer en el tiempo; tampoco se respira un optimismo, que hasta en el sincrònico «Neorrealismo» italiano està levemente impregnado, ya que hay un miedo al futuro que se le ve inhumano y abrupto.

Tati en el argumento busca ante todo la sencillez, que a partir de entonces se convertirìa en la «marca de la casa» y retoma el personaje de Françoise, (recordemos encarnado por èl mismo), el estrafalario funcionario ya presente en «Escuela de carteros», destinado ahora en una pequeña poblaciòn, cuyos habitantes se ven sobresaltados por la celebraciòn de la fiesta local, ,que significa, en algunos aspectos, una ventana hacia el mundo exterior con la llegada de los feriantes y atraciones. Françoise impresionado por el mètodo de reparto postal en Estados Unidos, reflejado en un documental expuesto en la plaza mayor del pueblo como parte del programa festivo, provoque que quiera imitar a los estadounidenses y vaya a protagonizar una serie de situaciones de las màs absurdas y disparatadas.Ello da origen a una serie de escenas antològicas, como la del camarero que no quiere que los clientes se sienten en las sillas recièn barnizadas, el feriante que intenta seducir a una  muchacha del pueblo, coqueta y sensual, a pesar de la mirada de fuego de su mujer provocada por los celos, la meticulosidad del barbero, como exponente de la «Vieja Escuela»  la trayectoria desatinada de la bicicleta de Françoise, como si tuviera vida propia, como si fuera un personaje màs del filme, el pelotòn ciclista donde se mezcla el cartero, el sketch del puente colgante, la mirada irritante de los miembros de la policía militar estadounidense (en aquel momento aun quedaban efectivos aliados en suelo francès), ante los dislates de Françoise. Secuencias que muestran el nacimiento de un gran cineasta como Jacques  Tati,donde el arte del celuloide siempre se sentirá deudor.

4 Responses to “Dia de Fiesta.”

  1. Fermoso filme, moi ben logrado, o mellor de Tati.

  2. Deliciosa pelìcula, muy recomendable a cualquiera.

  3. El merito de este filme es que vemos el nacimiento de un gran cineasta, es un filme que muestra lo que Tati puede llegar a ser. Mi pelìcula favorita de Tati es sin duda «Mi Tio», desde mi punto de vista, la mejor pelìcula francesa de los 50.

  4. Genial Tati, gran còmico y cineasta.

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