El Festin de Babette

lunes, diciembre 16th, 2013

En la edicciòn de los «Oscar» en 1.988, la gran ganadora de la velada fue la cinta  anglo-italiana «EL Ultimo Emperador» dirigida por Bernardo Bertolucci, consiguiendo un total de 9 estatuillas, incluidas las de «Mejor Pelìcula» y «Mejor Director»; este filme significaba el reencuentro con el pùblico del genial realizador de Parma, 8 años despues del estreno de «La Luna» y 11 años después del alumbramiento de»Novecento». En el siempre menos mediàtico apartado de «Mejor Pelìcula de Habla  no Inglesa», en la ceremonia de aquel año se diò la sopresa al ser elegida la cinta danesa  «Babettes Gaestebud», conocida en España y en Hispanoàmerica como «El Festìn de Babette» dirigida por Gabriel Axel, realizador ya veterano en aquel momento, nacido en 1.918 y cuya carrera como director cinematogràfico comenzara en los años 50 del siglo XX; «El Festìn de Babette» desplazò a «Adiós Muchachos» del francès Louis Malle, la gran favorita en todos los pronòsticos como pelìcula no-anglosajona.

Este hecho hizo que la modesta cinematogràfia danesa fuera màs conocida y valorada internacionalmente y suponiendo para una parte importante de la comunidad cinèfila un autententico descubrimiento y todo ello, unos pocos años antes de la eclosiòn del «Movimiento Dogma», uno de los màs importantes revulsivos del cine mundial en la dècada de los 90 del siglo XX.. En los faustos de los «Oscars»  en 1.989, otra cinta danesa «Pelle el Conquistador» de Bille August, consiguiò el galardón de «Mejor Pelìcula de Habla no Inglesa», consolidando sòlo un año después del premio al filme de Axel, el reconocimiento de los acadèmicos estadounidenses a los cineastas daneses; tambièn en esta ocasiòn, la pelìcula danesa arrebatò la estatuilla a la gran favorita de aquel año en la especialidad, que era la española «Mujeres al borde de un ataque de nervios» de Pedro Almodòvar.

Nos encontramos con «El Festìn de Babette», una adaptaciòn para la «Gran Pantalla» de un relato corto de la escritora  danesa Isak Dinesen, pseudònimo literario de la baronesa Karen von Blixen-Finecke, conocida mundialmente por ser la autora de libro de recuerdos «Memorias de Africa», obra llevada al cine por Sydney Pollack en 1.985 y protagonizada por  Meryl Streep y Robert Reford. En esta ocasiòn el director Gabriel Axel  traslada el escenario original del relato de un pueblo noruego de la costa occidental del paìs escandinavo al tambièn escarposo litoral de Jutlandia, aunque este hecho no supone, en la mayor parte de los aspectos, un gran cambio cultural, social, religioso y ètnografico-antropològico. Tambièn en «Dies Irae» de  Dreyer, en la adaptaciòn cinematogràfica se produce un cambio de espacio de Noruega a Dinamarca, lo que nos hace suponer indudablemente un «guiño» a la obra maestra de 1.943.

Algunos vieron en esta cinta como una pequeña joya, debido a que con elementos modestos y superficialmente pocos ambiciosos, Axel consigue mostrar una obra meticulosa, dotada de una armonìa y delicadeza exquisita, con un indudable gusto por lo bello, que la convierten en sencilla pero a la vez majestuosa; pero a pesar de todo ello, Axel no da facilidad a quìen ve la pelìcula, debido a que huye desde el primer momento de criterios exclusivamente comerciales, ya que no introduce ni tensiòn ni incertidumbre en la trama  y se decanta por una sobriedad y meticulosidad muy en lìnea en la tradición del cine nòrdico y bebiendo de maestros de aquel como Dreyer y Bergman

Todas estas caracterìsticas no impide que el director encuentre acomodo y tambièn gusto por una exhuberante riqueza visual, lo que permite al final una obra muy bien lograda, que con cada nueva escena se crece gracias a un premioso rìtmo interior, aderezado con una realizaciòn coherente y profunda y donde se mezclan elementos racioanalistas con otros que parecen dotar a la pelìcula de una atmòsfera de cuento y con piezas donde predominan lo mundano e ingredientes donde prevalece lo ìntimo.

El resultado final, aunque puede parecer lo contrario con estos mimbres, es una pelìcula vitalista y llena de optimismo, que se convierte en una interesante y conciliadora reflexiòn sobre el concepto abstrato y la vez  muy manido de la felicidad, donde se busca  y se encuentra con satisfacciòn el sentido de la gratitud entre los humanos y se aprende el extraño don de dar y el saber recibir, como dotados de una insuperable fuente de paz y  concordia; es la singular gracia de los regalos que el marketing agresivo y la machacona publicidad en la mayorìa de las veces nos lo hace olvidar. En «El Festìn de Babette» se quiebran tabùes y axiomas; ante todo es una indagaciòn sobre el arte y el encuentro con Dios gracias a este, idea muy renacentista por cierto y huyendo de cierto luteranismo metafìsico  muy presente en el Sèptimo Arte en esas tierras, se opta por otro tipo de protestantismo màs abierto, que no ve pecaminoso el hedonismo, si no que el goce del vivir es una especie de comuniòn divina y que acerca los hombres al Altìsimo.

Axel ve en la gastronomìa uno de los placeres màs sibaritas que nos puede deparar la vida y cobra un inusitado protagonismo en la cinta y a veces se juega con el tòpico de diferenciar a la cultura francesa tan voluptuosa y en ocasiones dotada de un determinante epicureìsmo, representada en el personaje principal, con la supuesta rìgida, distante y abùlica mentalidad del Norte de Europa. Pero no podemos caer en la tentaciòn de inscribir este filme en el sùbgenero de pelìculas culinarias, como «El Cocinero, El Ladròn, Su Mujer y  Su Amante de Peter Greenaway, «Como Agua para Chocolate» de Alfonso Aràu o»Un Toque de Canela» de Tassos Boulmetis, ya que la cinta de Axel tìene una singularidad propia por lo que se hace muy difícil encasillarla dentro de un determinado estilo.

El realizador dota una sòlida direcciòn de actores, en lo que se consigue dar lo mejor de cada uno, destacando las interpretaciones de la francesa Stèphan Audran, que se come la pantalla en cada momento, a ello se une un plantel de lo mejor de la escena nòrdica como  Birgitte Federspiel, Bodil Kjer o Jarl Kulle;se ensambla un guiòn dinàmico y bien estructurado, escrito por el propio Gabriel Axel, una fotografìa hermosa y atrayente de la mano de Henning Kristiansen y una mùsica suave y arrebatadora por parte de la batuta de Per Norgaard.

La trama resulta en si muy llamativa: En el siglo XIX, un pueblo perdido en la costa de la penìnsula de Jutlandia, donde se guardan las rìgidas tradiciones luteranas, las dos hijas de un clèrigo local, Martine (Birgitte Federspiel) y Philippa (Bodil Kjer)aun sìendo muy hermosas en su juventud, optaron por no casarse para dedicarse altruistamente a los demàs. Ya en su mediana edad, en el año 1.871, por recomendaciòn de un antiguo pretendiente, acogen como empleada de hogar a una mujer francesa, llamada Babette (Stèphane Audran) cocinera de profesiòn y exiliada en Dinamarca por haber participado en los sucesos de la «Comuna» parisina. Babette supone una ràfaga de aire fresco no sòlo para las dos hermanas, si no tambièn para toda la comunidad. Han pasado 14 años, Babette por casualidad ha ganado un premio importante de loteria y el presidente francès ha indultado a los activistas «communards», por lo que la antigua cocinera puede regresar a su querido Paris y como despedida ofrece un banquete a sus patronas y a todas las fuerzas vivas del pueblo, donde ella da lo mejor de si, lo mejor de su arte, como sincero agradecimiento de lo que hicieron por ella.

6 Responses to “El Festin de Babette”

  1. Me encanta esta pelìcula. Es verdaderamente un espectaculo de los sentidos.

  2. Gran peli danesa

  3. Es una buena representaciòn del luteranismo.

  4. Me encanta el cine danès; refleja muy bien la indiosincracia del paìs.

  5. Interesante reflexiòn sobre el luteranismo y su incidencia en la sociedad y todo ello reflejado en el cine.

  6. Bonita reflexiòn de la gratitud de los regalos.

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