La Caida de los Dioses

domingo, junio 16th, 2013

Dentro del estudio de la filmografìa de Luchino Visconti, la coproducciòn italo-germana  de 1.969, «La Caduta degli  Dei», traducida al castellano como «La Caida de los Dioses», tìtulo con algunas reminiscencias wagnerianas, es considerada como la primera de la trilogía de temàtica alemana del director nacido en Milàn, continuada con «Muerte en Venecia» en 1.971, basada en la obra homónima de Thomas Mann y «Ludwig» en 1.972, una visiòn personalista y decadentista sobre el ultimo rey soberano de Baviera antes de la unificaciòn bismarckniana.

Y esta primera incursiòn en el corpus cultural, antropológico e històrico alemàn, Visconti realiza un lùgrube y terrible drama acerca de la decadencia del espìritu humano, con una visiòn completamente pesimista de la sociedad, con una fuerte influencia de Shakespeare y otras veces con connotaciones cercanas a la tragedia griega, donde las pasiones se muestran desnudas, pasiones toscas a veces, pasiones retorcidas otras veces, que dominan todo lo que intenta ser racional y crea un mundo misterioso, con algún elemento hechizador pero a la vez depravado.

Con todos estos ingredientes, Visconti realiza un interesante fresco cinematogràfico, que sin intentar llegar a ser enteramente sublime, consigue la calidad casi por inercia debido sobre todo a la solidez de la cinta; con una realizaciòn minuciosa y un rigor intelectual y creativo que ya estaba presente en anteriores filmes del milanès como «Senso» en 1954 y sobre todo en «El Gatopardo» en 1.963, que sin embargo el propio desarrollo de la pelìcula lleva a unos vericuetos extraños y de un preciosismo decadente y cierto realismo de al principio, se distorsiona en una especie de historia alucinògena.

Todo ello hace un filme extremadamente morboso y bizarro, caracterìsticas que el realizador las atribuye al Nacional-Socialismo, pero tambien intuye que no sòlo son singularidades de esta determinada ideologìa y este determinado règimen polìtico, si no que en cierto modo, es algo innato en todo alemàn, muy presente por cierto en la mayorìa de las cintas «expresionistas» de los años 20 y una estètica renovada en  parte en los videos-clips musicales de los 80 y 90. Esta actitud màs que visiòn enfermiza del propio Visconti sobre los nazis, lo debemos encontrar en la propia biografìa del realizador y recordar que la ocupaciòn alemana de Italia, casi le cuesta morir ejecutado ante un pelotòn de fusilamiento, siendo salvado, casi in-extremis, gracias a los contactos de su aristocràtica familia. Como en otros autores (no especificamente realizadores cinematogràficos), de ideologìa marxista,Visconti ve en el Nazismo, como en el resto de los fascismos, un engendro creado por el propio Capitalismo para hacerle frente al Comunismo, olvidàndose que los fascismos de entre-guerras surgen por la evoluciòn de cierta Izquierda hacia posiciones cada vez màs nacionalistas y militaristas y encontrando un lugar comùn con el conservadurismo màs autoritario.

Esta morbosidad  y este bizarrismo determinan la propia forma de realizaciòn de la pelìcula, con una fotografìa enfermiza, con un énfasis casi deforme que le debemos a Armando Nannuzzi y a Pascualino de Santis, junto con un abuso del zoon y unos primeros planos exagerados que nos hace rememorar los Spaghetti Western de Leone, a ello se une una serie de detalles musicales extraños y descompasados que le debemos a Maurice Jarre.

A pesar de cierta exageraciòn, el guiòn original del propio Visconti, de Enrico Medioli y de Nicola Badalucco, se exhibe muy sòlido y lleno de profundidad, intentado narrar una historia de sed de poder, corrupciòn y criminalidad; este propio guiòn adquiere desde el primer momento un fuerte sentido polìtico y crìtico, convirtìendose en una pelìcula de compromiso y no exenta de polèmica ideològica. Hay un y no ciertamente velado, vituperio a la actitud de la cuasi decadente aristocracia y la alta burguesia alemanas (con intereses comunes desde la època de Bismarck), hacia el ascenso del Nazismo y que el propio Visconti considera como còmplice. Algunos han visto a los personajes de este filme como grotescos y desmesurados, sin embargo, yo los intuyo, que están sobre todo dominados por unas actitudes violentamente radicales que los hace especialmente vistosos en una producciòn cinematogràfica; mas bien son productos de una època especialmente fragmentaria y convulsa y que acaba en la mayor hecatombe de la Historia de la Humanidad, que fue la II Guerra Mundial.

Con un guion tan jugoso, lo lògico es que suponga una oportunidad para una serie de interpretaciones excelsas y con un reparto internacional, destacando el britànico Dirk Bogarde en un papel sibilino y Mat Berger con un androginismo cercano a David Bowie, el francès Ranaud Verley o el alemàn Reihard Kolldehoff.

4 Responses to “La Caida de los Dioses”

  1. Enhorabuena por la crítica, muy buena, sigue así.

  2. Gracias, Carlos.

  3. Me encanta la escena de Helmut Berger imitando a Marlene Dietrich en «El angel Azul»

  4. A veces la mejor representaciòn de Alemania lo da un Italiano, tambien la mejor pelìcula sobre la Alemania de post-guerra, en un momento antes del milagro econòmico, es «Alemania Año Cero» de Rosellini.

Leave a Reply