Los Siete Samurais

martes, enero 29th, 2013

La película más conocida en Occidente del maestro Akira Kurosawa, «Shichinin no Samurai» (Japón, 1.954)  traducida al castellano como «Los Siete Samurais», es ante todo un drama épico, emocionante y terriblemente humano. El entusiasta, aunque con menor profundidad artística, remake de Hollywood «Los Siete Magníficos» de Jonh Sturges  en 1.960, también ha sido el más exitoso de los numerosos «Westerns» inspirados en las películas de Kurosawa y a su vez éste se basó en gran medida de los «Westerns» de John Ford, lo que nos permite vislumbrar un interesante cruce cultural, un atractivo intercambio de ideas y creatividad entre Oriente y Occidente, consiguiendo que el lenguaje cinematográfico sea verdaderamente universal; «Los Siete Samurais» también sirvió de modelo para filmes como «Bichos» de John Lassete, producción de animación de la factoría Pixar de , hasta algunos quisieron ver que la película de Kurosawa se basó lejanamente en los «Los Siete contra Tebas», la famosa tragedia de Esquilo

«Los  Siete Samurais» sería la 16 película de Kurosawa, de un total de 32 a lo largo de su dilatada carrera como realizador que comenzara en 1.943 en plena II Guerra Mundial, en un Japón imperial y militarista aliado de la Alemania Nazi y la Italia Fascista y enfrentado a las potencias occidentales, convirtiéndose Kurosawa, terminada la contienda en uno de los más importantes cineastas del país nipón y descubierto en Occidente gracias a su film «Rashömon» producida en 1,950, una autentica explosión de originalidad y creatividad motivada en parte por la desaparición de la censura del anterior régimen belicista y autoritario y que consiguió el «Oscar» a la mejor película de habla no inglesa en 1.951. Tres años después Akira Kurosawa quiere repetir la experiencia y llevar un atrevido alejamiento de las limitaciones tradicionales del «Jidai-Geki», género cinematográfico inspirado en la época feudal nipona, con un tipo de filmes centrados en la lucha de espadas y artes marciales y en un Japón fantástico, como tierra intemporal; por  ello Kurosawa intenta dotar a la película de elementos novedosos y hasta cierto punto revolucionarios, más alejados de una óptica eminentemente local y más abierta a otros espacios culturales.

El resultado no puede resultar más satisfactorio, un film con un gran poderío extraordinario, donde se combina una exuberante espectacularidad con una sencilla claridad; nos encontramos con una cinta dotada de una gran belleza plástica, cada fotograma es de una estética exquisita con una sutileza única acompañada con una magnifica puesta de escena, que el director la nutre con una composición fuertemente teatralizada en algunas escenas con personajes saliendo y entrado en el cuadro.

La dirección es vigorosa y a la vez es detallista, Kurosawa no aspira a efectismos baratos aunque busca y encuentra elementos vanguardistas y se aprovecha de los avances tecnológicos de la época como la utilización de tres cámaras a la vez logrando tres planos simultáneos, también logra diferentes tipos de enfoques y angulaciones manteniendo un ritmo ajustado; incorpora como elemento novedoso la» Stop Motion» ( Parada en Imagen), imitada posteriormente por realizadores estadounidenses como Sam Pekinpah, aunque en el caso de este último hay que decir que su imitación ha resultado sublime, con la utilización de la  «Stop Motion» Kurosawa consigue alcanzar algo tan oriental como el equilibrio entre Acción y Reflexión; esta misma reflexión la trasmite al espectador con la introducción en la película de muchas escenas de  silencio, llegando a un ritmo acompasado y armonioso.

La severa, aunque llamativa fotografía en blanco y  negro de Asakazu Nakai ayuda al espectador calibrar todas estas sensaciones unida a una música cadenciosa de la mano de Fumio Hayasaka que se funde con la dirección como pocas veces se ha conseguido en la Historia del Cine.

El guión por parte de Shinobu Hashimoto, Hideo Oguni y del propio Kurosawa introduce acción, drama social, contratiempos, incidentes cómicos, parábolas morales, pensamiento filosófico y todo ello se muestra en una historia aparentemente sencilla, superficialmente simple y exhibida en las tres partes clásicas de introducción, desarrollo y final.

A pesar de que es una narración con un número bastante alto y variado de personajes, cada uno de ellos tiene alma y posee su propia idiosincrasia, ninguno es plano, como si todos tuvieran un fin determinado, como si cada uno fuera una parte importante de algo; la historia que se cuenta es como un gran calidoscopio y cada elemento cuenta.

La acción se desarrolla en el convulso Japón del siglo XVI, sometido a un férreo feudalismo que ya da síntomas de decadencia, aunque con un poder centralizado aun débil y donde «los señores de la guerra» y los forajidos andan a sus anchas. Los campesinos de una aldea cansados de los desmanes de un grupo de bandoleros deciden contratar a unos ronin (samurais sin maestro e itinerantes) para protegerles de los bandidos; a pesar de que los aldeanos sólo pueden dar como recompensa unos míseros cuencos de arroz, éstos encuentran a Kambie (Takashi Shimura), un honorable hombre, compasivo y esclavo de su deber, que a pesar de lo ridículo del galardón se da cuenta de la justicia de su misión y recluta a cinco hombres, como Shichroji (Daisuke Kato) un samurai completo y disciplinado, Kyuzo (Seiji Miyoguchi), él que mejor maneja la espada, Katsushiro  (Ko Kimura), muy joven y discípulo de Kyuzo, Heichachi (Minuro  Chiaki), vitalista y positivo y Gordei (Yoshio Kosugi), un combatiente completo. A ellos se les quiere unir Kikuchiyo (Toshiro Mifune) de carácter impulsivo y bromista, que es rechazado por los veteranos, pero que los campesinos lo hacen pasar por samurai igualmente, algo que éste aprovecha para intentar impresionar a Kambei; posteriormente Kikuchiyo es aceptado en el grupo y se convierte en el samurai número siete.  En un principio los  aldeanos tratan a los samurais con desconfianza, sin embargo los niños empiezan a tener fascinación por ellos y los ven como sus héroes; kambei organiza una esforzada resistencia contra los bandoleros que sorprende y finalmente acaba con los invasores en una épica batalla final, donde los samurais se dan cuenta que no luchan por una pingüe recompensa, luchan por el honor y por lo más positivo del alma humana.

3 Responses to “Los Siete Samurais”

  1. Lo mejor de Kurosava, sin duda.

  2. Es kurosova en estado puro.

  3. gran kurosava

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