Los paraguas de Cherburgo

sábado, julio 21st, 2012

Siempre el cine musical como género cinematográfico, sobre todo por parte de Hollywood, se había carecterizado por estar dominado por una alegría de vivir y optimismo a raudales, de mundos hechos o mejor dicho imaginados como una forma de huir de una realidad que no nos gusta, de una realidad que no nos encontramos a gusto, una realidad dura y trágica; en esos mundos de ensueño predomina la imaginación y emociones tan fuertes que las simples palabras son incapaces de expresar y nos encontramos con personajes inspiradores que de repente se ponen a cantar y a bailar. Los personajes del musical «Les Parapluies de Cherbourg» («Los Paraguas de Cherburgo»), Francia 1.964 dirigido por Jacques Demy no son una excepción a estas premisas, sin embargo su director incorpora la música y el baile no al servicio del escapismo, sino de la realidad; Demy no quiere mostrar un mundo de fantasía y ensueño, quiere mostrar tal como es la realidad humana de forma poco convencional y revolucionaria en muchos aspectos. El efecto es tan fascinante como conmovedor.

El otro gran aspecto original de este film es que todos los diálogos son cantados por primera vez en la historia del Cine y adaptados a la banda sonora compuesta por Michel Legrand logrando un efecto a la vez hipnótico como bello, arrastrando la música al espectador al fondo de un argumento de una desgarradora historia de amor donde los deseos no se cumplen y los sueños se convierten en sueños rotos por unas circunstancias poco favorables para los protagonistas; de esta manera nos acercamos a los postulados de algo tan francés como es el «Realismo Poético»; Legrand, de origen armenio,consigue con sus notas transmitir una serie de sensaciones  hermosas, delicadas, dulces y deliciosas, acompañada por una interesante y creativa cadencia jazzista, que buscan más el corazón que el oído del espectador y Demy sabe utilizar hábilmente y con gran maestría esa música como parte importante y esencial del film, no como un añadido más que mucha veces se cae en la utilización de la banda sonora.

Los academicistas de siempre han catalogado el cine de Demy como parte de la Nouvelle Vague francesa de finales de los cincuenta y principios de los sesenta y han buscado cierta similitud en sus obras con las obras de otros cineastas de la misma generación y nacionalidad, pero en cambio Demy no se interesó en la experimentación formal como Resnais o la agitación política-social como Godart, teniendo cierta más afinidad con Truffaut y buscando su fuente de inspiración en el Hollywood dorado y en algunas ocasiones los cuentos de hadas tradicionales; nacido en Pontcháteau, villa cercana a Nantes, en el departamento del Loira Atlántico, Demy siempre tuvo como elemento de numen la costa atlántica francesa y en este marco cultural, aparte de una cierta sensibilidad y melancolía, tambien encuentra un vitalismo y un alborozo de vivir que tradicionalmente se ha identificado con un ámbito mediterráneo.

Todas estos postulados estan presentes sobre todo en su trilogía formada por los films «Lola» de 1.960, «Les Parapluies de Cherbourg» ( Los Paraguas de Cherburgo») de 1.964 y «Les Demoiselles de Rocheford»  (Las Señoritas de Rocheford») de 1.967, donde la importancia del destino, el ambiente atlántico y la imaginería hollywoodiense elaboran lazos comunes entre las tres películas, consiguiendo Demy subvertir la rígida compartimentación de géneros mostrándose de esta manera como un cineasta poco academicista y de mentalidad abierta sin caer en ninguna trampa de ortodoxia estética.

Y todo ello, Demy lo logra sobre todo en «Los Paraguas de Cherburgo» con una hermosísima puesta de escena con una explosión de colores fuertes diferenciándose de esta manera de los primeros films de la Nouvelle Vague en que predominaba el blanco y negro, haciendo destacar los colores primarios ( verdes, azules) y la ricas texturas en algo tan propio del país galo como son los papeles pintados, o el mobiliario de las viviendas y tiendas armonizándolos con los vestuarios e incluso con los cabellos de los actores; sin embargo el efecto es bastante naturalista a pesar que la mayoría de las escenas son de estudio; Demy alcanza aunar la música y la puesta en escena añadiendo simbolismo a cada pasaje.

Desde siempre mi modesto punto de vista,uno de los mayores méritos del filme de Demy es que consigue que una manida historia de amor sin final precisamente feliz, con fatalismo romántico y esquema superficialmente clásico añadiéndose personajes nada extravagantes y algo estereotipados no tenga que caer en la horterada, cursileria y el pasteleo; Demy se adentra en un terreno especialmente resbaladizo pero sale inmune del envite escarbando el alma humana con un cierto atisbo de esperanza aunque no dejando de todo la amargura por verse truncados la mayoría de los sueños y lo logra con una inteligente utilización dramática del tratamiento cromático de la película.

El argumento del film se desarrolla en tres actos diferenciados, en forma de ópera  y el escenario es la ciudad portuaria de Cherburgo, en Normandia, donde se encuentra uno de los más importantes arsenales de la Armada francesa. La acción se desenvuelve entre los años de 1.957 y 1.963 cuando ya se habían borrados los ecos de haber sido una de las primeras ciudades francesas liberadas por los aliados en la II Guerra Mundial.

La escena primera, la de los títulos de crédito es magistral, yo diría que hasta sublime, con un picado cenital sobre el empedrado del puerto de la ciudad cuando la lluvia esta arreciando sobre paraguas de diferentes colores que se mueven en distintas direcciones hasta que algunos se detienen para dejar el paso a una madre con un cochecito de bebé y finalmente apareciendo fugazmente marineros del arsenal con un andar distraido, nos encontramos con uno de los mejores títulos de crédito de la Historia del Cine.

El primer Acto se denomina «La Partida» se desarrolla en el año 1.957 y nos presenta la historia de amor entre Genevieve (Chaterine Deneuve), doblada por la cantante Danielle Licari, una adolescente de 17 años, hija de la propetaria de una tienda de paraguas llamada Madame Emery (Anne Vernon), doblada por Christiane Legrand, hermana de Michel Legrand; Genevieve está enamorada de un mecánico de 20 años llamado Guy (Nino Castelnuovo), doblado por José Bartel, de carácter distraído y poco ambicioso por lo que no es del gusto de Madame Emery; Guy vive con su tía enferma llamada  Elise (Mireille Perrey), doblada por Cleire Leclerc, Elise es cuidada por una joven enfermera llamada Madeleine (Ellen Farnell), doblada por Claudine Meunier, enamorada secretamente de Guy; éste es llamado a filas y es destinado a Argelia, donde las tropas francesas se enfrentan a las guerrillas independentistas creando una incertidumbre en la pareja de enamorados. Es de destacar en esta parte escenas como la del carnaval en medio de las calles de Cherburgo, un torrente de luz, color y armonía.

El segundo acto se denomina «La Ausencia» y se desarrolla en 1.958, coincidiendo con la toma del poder en Francia del general De Gaulle, Genevieve ha quedado embarazada de Guy y con la verguenza que para la época significaba ser madre soltera, por ello su progenitora le insta a casarse con un rico joyero de París llamado Marc (Roland Cassard), doblado por Georges Blannes ; después de la boda el nuevo matrimonio se instala en la capital francesa. Es de destacar en este parte la escena de la boda entre Genevieve y Marc , pocas veces ha estado una novia tan bella en el cine como en este caso Chaterine Deneuve, a pesar de la amargura y la desesperanza que le produce al personaje un matrimonio sin amor.

El Tercer acto se denomina «El Regreso» y se desarrolla en 1.959, Guy vuelve de la guerra de Argelia donde fué herido y se entera que Genevieve se ha casado con otro hombre; Guy trabaja de nuevo en el mismo taller mecánico de antes de su llamada al servicio militar y comienza una relación sentimental con Madelaine, la dulce enfermera que ha cuidado todos estos años a su tia, Guy no se adapta muy bien a su regreso a la vida civil recurriendo al alcohol y a las prostitutas, a pesar de la relación sentimental con Madelaine. Una noche tras haber estado con una prostituta llamada irónicamente Genevieve, Guy se entera en boca de Madelaine que su tia ha muerto. Guy hereda de su fallecida tía una importante cantidad de dinero con lo que compra una estación de servicio. Poco después se casa con Madelaine.

En la ultima escena del film nos encontramos en la nevada nochebuena de 1.963, Guy lleva casado con Madeline unos cuatro años y tienen un hijo de nombre de nombre François y en la estación de servicio atiende a una rica mujer que conduce un flamante «Mercedes» y esa mujer es Genevieve; ésta le informa que su madre ha muerto y que sigue viviendo en Paris con su marido y le enseña a Guy una niña sentada en el asiento delantero del coche llamada François, hija de Genevieve, Guy no la quiere conocer al darse cuenta que es su hija. Genevieve entra en el «Mercedes» y abandona la estación de servicio en medio de la ventisca de nieve. Nos encontramos con uno de los finales más románticos y agridulces de toda la trayectoria del Séptimo Arte.

5 Responses to “Los paraguas de Cherburgo”

  1. La mejor pelicula francesa de los años 60.

  2. La escena final de la gasolinera es hermosìsima y conmovedora.

  3. Si, la ultima escena me hizo llorar como una Magdalena y èso que no soy precisamente llorona.

  4. Carlos, escribes muy bien y sabes mucho de cine te felicito.

  5. Es mi musical favorito, incluso por delante de «Cantando bajo la lluvia» y «Grease».

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