La Balada de Narayama

jueves, mayo 10th, 2012

Nos encontramos ante una extraña película que narra de forma bastante novedosa la vidas y sobre todo las muertes de los habitantes de una remota aldea de montaña en el Japón del siglo XIX, donde apenas se han dejado notar los cambios políticos y sociales del fin del «Shogunado» y su sustitución por una restauración del poder monárquico en la figura del emperador Meiji y el comienzo de un periodo de occidentalización, militarismo, nacionalismo y expansionismo territorial en Asia.

La remota aldea de la película no es un microcosmos de Japón, es una comunidad aislada con características antropológicas propias, con unas reglas de juego propias y donde la influencia exterior por parte de otras comunidades es nula, por no decir inexistente, con una estructura predominantemente patriarcal, donde apenas existe ceremonial en el matrimonio y pervive la figura del mayorazgo, evitándose así la repartición de la tierra esencial para una economía de subsistencia y autoconsumo que no evita periódicas hambrunas, lo que provoca una fuerte dureza psicológica por parte de sus habitantes que en otras circunstancias y en otros lugares incluso nos podría parecer cruel. Nos encontramos con una curiosa relación intergeneracional donde la muerte está muy presente, no se esconde, como si formara parte esencial de la propia vida; y de este modo nos topamos con una extraña tolerancia hacia el geronticidio y en menor medida el infanticidio y es precisamente el geronticidio donde se camufla las primitivas creencias religiosas de sus habitantes.

Todo ello lo intenta reflejar Shohei Inamura en «Narayana Bushi-Ko», traducida al castellano como «La Balada de Narayana» estrenada en 1.983, un remake del film del mismo título realizado por Keisuke Kinoshit en 1958, síendo las dos películas adaptaciones de la novela también del mismo título de Shichiro Fukazawa publicada en 1.956; en la versión de 1.983 el guión es del propio Inamura. Hay que decir que la versión de Inamura ganó la Palma de Oro del festival de Cannes en 1.983.

Inamura intenta sumergir al espectador en un ambiente casi hipnótico, como una comunión de una vida llena de crudeza aunque no por ello menos bella, donde se llega a un paroxismo de la existencia y también del fin de la existencia y no esconde una miseria tanto material como espiritual, pero no intenta ser realista, el film no es la descripción de un tiempo y de unas personas en un espacio, es ante todo una narración de una historia con muchas luces pero también muchas sombras con un ritmo entrecortado y dando pocas facilidades al espectador; tampoco busca un juicio moral sobre sus personajes, simplemente refleja sus deseos, sus pasiones, sus necesidades, sus taras, sus emociones y sus anhelos y lo plasma sin concesiones, sin querer agradar aunque tampoco busca la provocación y el desabrimiento gratuito. Inamura no expone un tono crítico de la acción y las circunstancias, ni pone en solfa el orden social, simplemente es un mensajero de una realidad que muchos la pueden encontrar desagradable e incómoda. La violencia se muestra descarnada, como un latigazo en el rostro del espectador y el sexo se revela sin tapujos, sin erotismo, como un estado natural más, en ello nos encontramos con cierta similitud con la visión del mismo del director británico Peter Greenaway, un sexo anto todo primitivo, sin vericuetos ni artificios, más cercano a la necesidad vital que al hedonismo; Inamura busca en esas imágenes explícitas un paralelismo entre el ser humano y el reino animal escudriñando el principio del instinto y la conservación de la especie, actividades como el apareamiento, la reproducción, la caza por parte de animales se exhibe intercalando actividades humanas, Inamura busca un punto de encuentro en la naturaleza entre  todos los seres vivos y el grupo humano manifestado en «La Balada de Narayama» está perfectamente encajado en ese ambiente natural.

La fotografía por parte de Masao Tochizaba es casi perfecta, sin el preciosismo ni los artificios de otros técnicos, carácteristica que comparte con la banda sonora compuesta por Shiniciro Ikebe, fotografía y música aséptica para un film aséptico y descarnado.

La trama se centra en una costumbre del lugar que origina un geronticidio aceptado socialmente; cuando un miembro alcanza los setenta años, un varón más joven, previsiblemente hijo, tiene que cargárselo a la espalda y atravesar un escarpado sendero de montaña hasta el camposanto de Narayama, donde debe dejarlo morir; es un tributo al dios de la montaña, guía supremo del que dependen las cosechas, los nacimientos y las muertes.

Una mujer llamada Orin (Sumiko Sakamoto), tíene 69 años por lo que su fin está próximo, a pesar que esta rebosante de salud y tíene una visión vitalista de la existencia, sin embargo Orin debe despejar el camino, una anciana es una carga muy importante para sus hijos y su desaparición es necesaria para la supervivencia del núcleo familiar y decide romperse los dientes, porque los incisivos quebrados es el síntoma por lo que los habitantes del lugar se dan cuenta que ha llegado el momento de llevar a la persona anciana al santuario de Narayama.

Y antes de esa partida, Orin deberá encontrar mujer a su hijo mayor Tatsuhei (Ken Ogata) y lo logra; Tatsuhei parace como si no aceptara el destino de su madre, como si se mostrara rebelde a la tradición y la forma que tiene de expresarlo es como si esta costumbre no existiera, como queriéndosela quitar de la mente pudíera hacerla desaparecer; pero no hay nadie más convencida del final que la propia Orin, ella ve un porqué en la tradición, lo ve ante todo como una forma de unirse a sus ancestros, lo ve como una forma de transcendencia en este mundo, lo ve como un motivo de existencia.

Y ante la antesala de la muerte de Orin, el film nos muestra la vida de la comunidad, con una cruda realidad imperante en la aldea, como una familia que es enterrada viva por no compartir alimentos con la comunidad, como un padre que por una extraña superstición ordena a su hija a tener contactos sexuales con todos los hombres posibles para aplacar espíritus malignos o como un aldeano que practica zoofilia.

Y viene la ultima parta de la película que dura una media hora donde nos encontramos el desenlace y Tatsuhei sale con su madre a su espalda, muy de madrugada para que los vecinos no los vean y comienza un camino que no hay palabras, sólo pensamientos; el film adquiere un tono en cierto modo más espiritual y lírico.

Pero el final no es épico, no adquiere un tono legendario con el encuentro con los antepasados en Narayama, sólo se ve cadáveres putrefactos y buitres en busca de carroña y Tatsuhei deja a su madre en ese paraje y regresa a la aldea.

4 Responses to “La Balada de Narayama”

  1. Increible esta pelìcula; es estremecedora, es una autèntica obra maestra.

  2. Me encanta este peli.

  3. Es sobrecogedora.

  4. Interesante muestra del cine japonés en los 80.

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