El Tercer Hombre

viernes, abril 6th, 2012

En el inseguro y escurridizo universo de la «cinefilia» siempre se han buscado «leyendas urbanas» en las obras maestras, como queriendo buscar un halo mítico, un halo de leyenda que refuerza la propia quintaesencia del film. Se intenta ver la creación genial con un fulgor de misterio, como si fuera producto de enigmáticos conjuros que sólo unos pocos son capaces de conocerlos y de llevarlos a la práctica, la leyenda está unida a la realización de la obra y sin esta leyenda, la obra no tendría sentido y no sería obra.

En  «The Third Man» (El Tercer Hombre), Gran Bretaña 1.949, considerada por muchos como una de las mayores obras maestras de la historia del Cine, por supuesto que está plagada de «leyendas urbanas», siendo la màs conocida de este film que es una creación del propio Orson Welles, secundario de lujo en la película, superando al propio director Carol Reed y a los propios guionistas Grahan Green y Alexander Korda. Sin embargo en los ultimos tiempos, los estudiosos del film se han decantado por una mayor influencia de Reed y de Green, quedando la figura de Welles como más auxiliar.

Ante todo «El Tercer Hombre» es una traslación con total eficacia del pesadillesco mundo de la película de género negro del Hollywod de los cuarenta a un escenario europeo. Y para ello se toma de referencia el caos de los años inmediatamente posteriores de la II Guerra Mundial, en una Viena ocupada por los ejércitos de los las potencias vencedoras en la reciente contienda, es decir, Estados Unidos, Unión Sovietica, Reino Unido y Francia, una Viena que ha perdido los oropeles del periodo imperial y se convierte en una ciudad donde los colores lóbregos y desabridos la dominan, en un mundo de sombras y claro-oscuros, poblada de personajes muchas veces grotescos y deformados, como en una película expresionista de los años 20, aunque con cierto regusto barroco; Reed dota al film una serie de ángulos novedosos que casi nunca respetan la horizontalidad del plano, así como una sucesión de picados y contrapicados que produce incluso vértigo al espectador.

Esta Viena se convierte en un escenario tan exótico y fantástico como los creados en un estudio, pero Reed y su equipo fueron capaces de rodar en localizaciones reales, entre los escombros y el lujo, captando un mundo de terror que era incluso demasiado verídico. Y se encuentra un universo lleno de corrupción, donde los códigos morales han desaparecido, queriendo dar entender que las guerras  aparte de su caos y destrucción, sobre todo producen cicatrices en las almas de las personas, desvaneciéndose por completo cualquier esperanza en el espíritu humano. En esta película se consigue uno de los estudios más lúcidos sobre el egoismo, la maldad y el cinismo humano y nos plantea el dilema de elegir entre la fidelidad y lo ético, de este modo el film es un compendio amplio y heterogéneo de ambigüedades y dudas. que elevan la atmósfera de tensión y desasosiego; sin embargo Reed nos sorprende con un extraño hálito de romanticismo en una historia de amor imposible, como buscando una esperanza entre tanto dolor, pero esa esperanza pronto queda reducida a cenizas; el film adquiere un tono pesimista, donde nada hermoso y sincero es posible.

Hay que decir que cuando a Grahan Green le propusieron que escribiera el guión con la colaboración de Alexander Korda, el primero opta por describir la trama en forma de novela, buscando de este modo una configuración certera de planificación del propio guión; nos encontramos con un formato en que el cine produce literatura como una simbiosis entre los dos artes.

En este film ante todo nos encontramos con una trama retorcida y compleja, donde nada es lo que parece, Holly Martins (Joseph Cotten), un mediocre escritor estadounidense de novelas del Oeste viaja a la Viena ocupada por los aliados, teoricamente para dar una conferencia ante un remilgado y snob club cultural, adquiriendo así una cierta respectabilidad intelectual, pero el motivo de su viaje no es otro que visitar a un amigo de su infancia Harry Lime (Orson Welles), residente en la antigua capital imperial desde la derrota del III Reich. Sin embargo a la llegada de Martins a Austria se entera que Lime ha muerto en extrañas circunstancias en un confuso atropello por un coche; en el entierro de Lime conoce a Anna Schmidt (Alida Valli) una enigmática y sensual mujer, pareja sentimental de Lime y obsesionada por conseguir un pasaporte para salir del país, siendo esta obsesión fruto de un oscuro pasado que ella no quiere revelar; tambien en el entierro Martins toma contacto con el sargento Paine (Bernard Lee), un admirador de sus novelas y su superior el mayor Callovay (Trevord Hooward) de la Policía Militar británica que estaba investigando a Lime por supuestas implicaciones de desapariciones de penicilina de los hospitales militares y su venta fraudulenta en el mercado negro produciendo numerosas víctimas por su adulteración.

Martins no ve nada claro y empieza a investigar la vida de Lime y para ello se va encontrando en el camino con extraños y a veces grotescos personajes como Popescu (Siegfried Breuer), el baron Kurtz (Ernst Deutsch) o Crabbin (Wilfrid Hyde-White) y todos ellos le llevan al tercer hombre que vieron llevarse al cadáver de Lime.

Los cada vez mayores contactos de Martins con la antigua novia de Lime, hace que éste se enamore de ella, pero este amor es imposible por el fuerte recuerdo de Lime y las trágicas circunstancias que rodean este caso. Poco a poco Martins se da cuenta que Lime ha fingido su muerte para librarse de las pesquisas del incisivo mayor Calloway, algo conocido por todos y ocultado por todos y Martins se considera víctima inocente de un cruel engaño.

y al final nos encontramos con una apoteosis, no sólo en la trama, si no también en la propia creatividad, tanto del director, de los guionistas, como por supuesto del propio Welles, creando esa leyenda que hemos mencionado al principio de la crítica, en un momento de enorme inspiración del cineasta norteamericano, ampliando la profundidad del personaje y, si cuadra, asegurando la grandeza final de la película. La presencia física de Welles sólo está presente en 5 minutos de la cinta, casi se podía decir que era un cameo, pero sin restar mérito a Reed ni a Green, esos 5 minutos hace sublime al film.

En la retina de los espectadores siempre quedará impregnada las maravillosas escenas de esta película, como la delación hecha  a manos de un tierno niño que produce terror psicológico, sobre todo si se piensa el tipo de adulto que se puede convertir pasados los años, el plano de presentación del personaje de Welles al ser reconocido por su gato, la persecución por las cloacas, como indicativo de un mundo sin moral, la secuencia de la noria, que la convirtió en uno de los iconos de Viena y, ¿cómo no?, el maravilloso dialogo entre Lime y Martins de comparar la perversa Italia del renacimiento con la anodina y democrática Suiza que sólo ha sido capaz de crear el reloj de cuco.

Y todo ello aderezado por la maravillosa melodía de Anton Karras con su cítara que supone la banda sonora de este genial e irrepetible film.

3 Responses to “El Tercer Hombre”

  1. A pesar de todo adoro esa Viena de postguerra.

  2. Es una Viena diferente a la imperial de Sisi, pero es màs autèntica.

  3. El mejor cine britànico de los 40

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