Roma, Ciudad Abierta

miércoles, febrero 15th, 2012

Dirigida por Roberto Rossellini, está película producida en 1.945 coincidiendo con el final de la II Guerra Mundial, está considerada como la iniciadora de una revolución estética en el mundo cinematográfico y como el primer gran film del denominado movimiento del «Neorrealismo» donde el cine italiano consigue sus mayores cotas de creación artística.

A pesar de tener un alto componente anti-fascista, la mayoría de los cineastas se habían formado durante el régimen mussoliniano en el denominado «Centro Sperimentale della Cinematrografia», organismo creado en los estudios de Cinecittá; sin embargo terminada la II Guerra Mundial, en una Italia liberada por los Aliados, estos mismos cineastas empezaron a dirigir sus cámaras hacia una realidad cotidiana, como antítesis de cine fascista que había llevado a las pantallas unas grandes superproducciones destinadas sobre todo a exaltar la grandeza de la antigua Roma, cuya herencia reivindicaba el fascismo.

El “Neorrealismo» pretendía la «Conversión de la vida en cine», según palabras de Zavattini el máximo teórico del movimiento, una actitud que se tradujo en una serie de pautas comunes como la utilización de actores no profesionales, eliminación del maquillaje o otros efectos que pudieran restar espontaneidad y realismo, el rechazo a estudios y decorados para en vez rodar en escenarios naturales, elección de temas sencillos y cotidianos, la utilización la mayoría de las veces de historias verídicas, una fuerte importancia del guion y con ello la del propio guionista y la adopción de un tono documental. El movimiento «Dogma 95», surgido en Dinamarca en la ultima década del siglo XX en cierto modo bebe del «Neorrealismo» italiano de finales de los 40.

En «Roma, Cittá Aperta» (Roma, Ciudad Abierta), junto con la posterior película de Rossellini de «Paisá» (Camarada) rodada en 1.946, representan sin embargo una excepción dentro del movimiento neorrealista, ya que la acción de los dos filmes se desarrolla en plena II Guerra Mundial y la mayoría de las obras neorrealistas se desenvuelven en la inmediata post-guerra y con supervivientes de la reciente contienda.

Con un guion ya escrito durante la terrible ocupación alemana de Roma, se busca la fórmula de película «coral» notablemente influenciada por el estilo de Eisenstein pero se nota la notable impronta de Rossellini que consigue dar otra visión al propio arte cinematográfico rompiendo los moldes establecidos desde los primeros balbuceos de esa extraña fórmula de contar historias mediante imágenes en movimiento que denominamos como «cine».

El nuevo cine nacido en «Roma Cittá Aperta» es comprometido, es radical y arroja una luminosidad en cada secuencia que nutre la pupila del espectador, dando casi un carácter interactivo que pocas veces hasta entonces se había conseguido; Rossellini consigue un ritmo casi perfecto y con una banda sonora notablemente impactante, con un entramado en el guion suficientemente bien tejido y bien desenvuelto. Es una película dramática, pero no es excesiva ya que alcanza un cierto equilibrio escapando de los anti-naturales espavientos que a veces transmite otras obras cinematográficas y se logra dar un mensaje lúcido, honrado y poco manipulador. Y también se ve, aunque de forma borrosa. En momentos casi invisible, un halo de vitalismo, de esperanza. Como si se quisiera dar crédito al propio ser humano.

Rossellini, como posteriormente intentarían los grandes maestros del «Neorrealismo» busca la propia alma humana, como principio y final de todo, como buscando un nuevo «Humanismo» y no busca esa esencia en los grandes hombres de Estado, en la más selecta intelectualidad, en la élite económica-financiera, Rossellini lo busca y parece que lo encuentra en la gente sencilla, la gente que desde lejos no parecen más que hormigas obreras en la masa, pero capaces de las mayores proezas y grandezas en circunstancias adversas como una guerra y una dura post-guerra.

El guion de «Roma, Cittá Aperta» fué elaborado por el propio Roberto Rossellini y contó con la colaboración de Federico Fellini, Sergio Amidei y Alberto Cosiglio y estaba basado en hechos verídicos de la reciente ocupación alemana de Roma, elementos de la intrahistoria que a veces, bueno, la mayoría de las veces exhibe un mayor acercamiento de la realidad que los propios documentos oficiales. El verdadero protagonista de la la película es el pueblo de Roma, representado en una serie de personajes en los que se intenta no mostrarlos como arquetipos antropológicos y sociológicos, si no como poseedores de una existencia común. Por ello, Rossellini busca ante todo actores no profesionales y sólo reserva a los consagrados como Anna Magnani y Aldo Fabrizi los papeles principales.

Nos encontramos personajes como Francesco (Francesco Grandjaquet), un tipógrafo que milita en la Resistencia, cuya pareja es Pina (Anna Magnani), temperamental viuda, madre de un niño de 8 años llamado Marcello ( Vito Annicchiarico) y que se encuentra embarazada de Francesco; y la historia de esta pareja y el niño se cruza con el comunista Giorgio Manfredi, alias » Luigi Ferraris» miembro de la Junta Superior de Resistencia Romana y el cura Pietro Pellegrini (Aldo Fabrizi), párroco de la barriada y que esconde en su iglesia a partisanos y a desertores alemanes. Francesco es detenido por los alemanes y Pina corre desesperadamente detrás del camión donde lo llevan siendo asesinada por una ráfaga de ametralladora delante de los ojos de su hijo Marcello. Poco después Manfredi y el cura Pellegrini son detenidos ante la traición de la ex amante de Mafredi llamada Marina (Maria Michi) que sufre dependencia de drogas. Manfredi y Pellegrini son cruelmente torturados por el mayor Bergmann (Harry Feist), oficial de la Gestapo; Manfredi muere por la torturas y el cura Pellegrini es fusilado, síendo testigos del atroz suceso los niños de su parroquia, entre ellos Marcello, el hijo de la asesinada Pina que lo ven tras unas rejas.

Y estos sucesos ocurrieron en realidad, aunque sus protagonistas tuvieran otros nombres y otros rostros Pina es en realidad Teresa Gullace que fue, estando embarazada, asesinada por los nazis, Manfredi fue el jefe partisano Celeste Negarville y Pellegrini fue el cura Luigi Morosini torturado y ejecutado por los ocupantes por haber colaborado con la resistencia y cuya ejecución también quedó plasmada en la serie norteamericana de televisión «The Scarlet and The Black» («Escarlata y Negro»), protagonizada por Gregory Peck y Christopher Plummer, que también trata sobre la ocupación alemana de Roma.

Y en «Roma, Cittá Aberta» hay que destacar la fuerza y la garra de las secuencias que hace que el espectador nunca las olvide, como la huida por los tejados de Roma del tipógrafo Francesco, el asesinato de Pina corriendo tras el camión donde llevan a Francesco, la tortura de Manfredi y el fusilamiento del cura Pellegrini delante de los niños, ultima secuencia del film y terminando con una panorámica de la basílica de San Pedro del Vaticano por su parte posterior, con un mensaje crítico, pero a la vez esperanzador de la Iglesia Católica.

2 Responses to “Roma, Ciudad Abierta”

  1. Mi pelicula neorrealista favorita, tras el ladron de bicicletas.

  2. El comienzo del Neorrelismo, mi movimiento favorito.

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