Gritos y Susurros

domingo, febrero 26th, 2012

Puede que «Vikingar och Rop» algo así como «Gritos y Susurros» en castellano, Suecia 1.972 sea una de las películas más logradas del genio de Ingmar Bergman y esta exquisitez con que el cineasta sueco regala al espectador se nota desde la primera escena del film, comenzando con unos disparos al principio, de una mañana en una casa de la dulce campiña sueca y el trabajo de cámara del también genial Sven Nykvist, que consiguiera por este este trabajo el Oscar a la mejor fotografía, logra captar el juego de luz entre los árboles y la niebla. Después la propia cámara nos lleva entrar en la casa, donde unos relojes antiguos marcan el inexorablemente paso del tiempo y una mujer de mediana edad y roles sociales burgueses decimonónicos, despierta de su sueño agitado por el dolor de un cáncer que la consume por dentro. De una forma sencilla y en poco tiempo, Bergman consigue transmitir muchas cosas, como si todo el saber universal y de muchos siglos de civilización quedaran condensados en unas pocas imágenes y en unos cuantos sonidos y con ello adentrarse en todos los recovecos del alma humana.

Bergman utiliza el recurso de la imagen metafórica para conmover y para buscar la reflexión sobre todos esos recovecos del alma humana, por ello Bergman es el auténtico retratista del corazón y por este motivo utiliza sus obsesiones de la vida y de la muerte y su influencia sobre las personas, así como la forma de soportar el dolor, tanto físico, como espiritual, encontrando la propia vida como la quintaesencia de lo efímero y topando el silencio como forma de expresarlo. Y se busca una respuesta, pero no la encuentra en la religión, ya que ve al propio Dios como algo lejano, como algo ausente, aunque sin apartarse de una cosmovisión luterana, tan propia de los países escandinavos y ese Dios cristiano-luterano se ve remplazarlo por otro Dios, el Dios Cronos, el Dios de las dualidades, de los positivo y negativo, un Dios que verdaderamente representa el alma humana, porque es el Dios del silencio y del paso del tiempo.

Y todo ello lo intenta reflejar Bergman en escenas equilibradas, en apariencias armoniosas, pero ante esta fachada laten las pulsaciones de las almas, buscando lo que los ojos no ven, pero que lo capta el corazón; el director sueco utiliza un hermoso envoltorio, pero lo considera como algo intranscendente, como una mera fachada que esconde tras de ella las verdaderas emociones y para ello sondea en los personajes buscando lo angustioso, lo inquietante, hasta lo más escabroso; no se limita a narrar, escarba hasta en la tierra más dura, buscando sus propias entrañas; busca el cielo pero ante todo encuentra un infierno, por ello Bergman muestra una dureza psicológica tremenda, estando los personajes completamente desnudos expuestos a sus taras, sus prejuicios y a sus convencionalismos.

En «Gritos y Susurros» nos encontramos con un director en la cumbre de su arte y creación, con un ritmo comedido en el montaje, fluido, no forzado, con una ubicación perfecta de la cámara y un empleo revelador del sonido y del color. Es quizás el color lo que más se retiene en la memoria del espectador en esta obra maestra: Un intenso rojo predomina de forma artificial en el mobiliario, en las paredes, en los techos, para el director sueco el rojo representa la sangre , la muerte y la espiritualidad, contrastando con los gráciles vestidos blanquecinos de los principales personajes femeninos, porque «Gritos y Susurros» es ante todo una película femenina, porque Bergman encuentra en el alma de las mujeres algo desabrigado y vulnerable y esa vulnerabilidad queda reproducida en esos ropajes blancos, como exponentes de una languidez romántica o tardo-romántica muy en línea con ese ambiente decimonónico donde se desarrolla la trama.

Y cuatro mujeres son las verdaderas protagonistas del film, como Agnes (Harriet Anderson), la que también diera vida a la sensual Monika en «Un Verano con Monika» también dirigida por Bergman y que en «Gritos y Susurros» es una mujer de mediana edad, dueña de una mansión campestre y que sufre un irreparable cáncer de matriz; sin haberse nunca casado ha sido la heredera de la mayoría de la propiedad familiar y es cuidada por Ann (Kari Sylwan) una devota y discreta sirvienta que lleva 12 años al servicio de Agnes, con la que mantiene una escondida relación lésbica. Debido a la enfermedad de Agnes, se presentan en la casa sus dos hermanas, Karin (Ingrid Thulin) que destaca por su carácter frio y reservado, atrapada en un matrimonio sin amor y a un marido que ella misma desprecia; María (Liv Ullmann), la otra hermana, es artificial, frívola e insegura y no le importa traspasar los límites morales de la sociedad de su tiempo como ser infiel a su propio marido, sin embargo María es un ser mucho más cálido y cercano que su hermana Karin, por lo que la primera es un personaje con la que el espectador empatiza mucho antes.

Los personajes masculinos son fugaces y secundarios, sólo cuatro hombres salen en todo el film, los maridos respectivos de Karin y María, el medico y el pastor luterano, como si se quisiera resaltar que «Gritos y Susurros» es un universo femenino, un universo formado en este caso los miedos, las frustraciones, las ansiedades y los reproches y en el caso de la criada Ann, las pesadillas.

Todas son mujeres martirizadas de uno u otra forma, como Agnes, obsesionada por sus carencias afectivas infantiles, del poco amor y consuelo que encontró en su madre y en sus hermanas y con escasos momentos de felicidad, que su misticismo religioso y sus conversaciones con el clérigo nunca lo han logrado paliar, por lo que ve su cercana muerte como una liberación del dolor de vivir; o por la criada Ann en la que la dulzura de su caracter no logra cubrir la frustración que le ha producido la prematura muerte de una hija y ve en sus cuidados a Agnes como una segunda oportunidad, de ejercer en cierto modo de nuevo otra especie de maternidad, simbolizándose en unas formas redondas y voluptuosamente femeninas, como una deidad pagana y precristiana que representa la madre tierra; en cuento a Karin como María, se sienten frustradas con sus matrimonios y cada una busca una forma de huida de ello, en el caso de Karin en la automutilación genital y en el caso de María en el adulterio.

Y a pesar la importancia de los silencios en esta película, Bergman incorpora breves fragmentos de Bach y Chopin que transporta al espectador sentimientos y emociones acordes con el relato.

«Gritos y Susurros» es ante todo una película sobrecogedora y pocas veces en la historia del cine, yo casi diría en la historia de toda la creación artística, se ha mostrado sin tapujos y de forma descarnada el complejo universo del alma humana.

6 Responses to “Gritos y Susurros”

  1. Lo mejor de bergman, sin duda.

  2. Es verdad, puede que sea la mejor pelìcula de Bergman.

  3. Es notable el genio de Bergman.

  4. Bergman en estado puro. Lo mejor del genio sueco.

  5. Muy interesante!! Muchas gracias

  6. Lo mejor del cine sueco en su historia.

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