Ciudad de Dios

jueves, junio 30th, 2011

Si cuadra, la película brasileña de los últimos años más valorada por la crítica y más reconocida por el gran público es «Cidade de Deus» (Ciudad de Dios), estrenada en el año 2.002 y codirigida por Fernando Meirelles y Kátia Lund, tuvo cuatro nominaciones a los Oscar del 2.003, al mejor director, a la mejor fotografía, al mejor guión adaptado y al mejor montaje, pero sin embargo no se logró recibir ningún de los galardones , hecho que produjo bastante polémica en su día y considerado por muchos como una verdadera injusticia.

El film es una auténtica joya cinematográfica y que no causa indiferencia a nadie, debido a lo impactante del guión, que muestra descarnadamente y sin fisuras la ultra-violencia de los suburbios de las grandes ciudades brasileñas, llamados «Favelas», donde la propia autoridad del Estado brilla por su ausencia y donde impera la ley del más fuerte y donde la muerte y el terror es moneda de todos los días. Ello crea en la población de estas áreas una cosmovisión en donde la violencia se convierte en algo cotidiano, algo tangible al ser humano y donde una vida sin violencia apenas es soñada

Meirelles y Lund consiguen con este material una película fuertemente innovadora, con una gran densidad, pero transparente, bebiendo de lo mejor del cine estadounidense de los 70, con un ritmo frenético que resulta tan comercial al gustar al gran público; sin embargo este ritmo es parte del elemento creativo del film, no es una prestidigitación como muchas veces sucede en otros directores.

«Ciudad de Dios» no es una película realizada por un artesano buscando la comercialidad, «Ciudad de Dios» es una obra de autor que consigue la comercialidad porque logra atraer un número alto de espectadores que no sucumben al hastío y que les suponen una novedad visual, en un momento que el cine esta todo o casi todo visto y se sigue jugando con el escepticismo del público.

La violencia del film no se ve como elemento estético propio de maestros como Peckinpah, Meirelles y Lund la observan con un toque neorrealista, sin concesiones políticamente correctas, con una frialdad que sobrecoge, dando entender que la violencia está implícitamente unida al ser humano, que no sería comprendido el ser humano sin la violencia; y la violencia no es un fuego de artificio, es el lado oscuro del corazón, es la hija bastarda de nuestra conciencia. Pero Meirelles y Lund huyen de la moraleja, no quieren dar lecciones a nadie, simplemente son notarios de la realidad e intentan ser lo más objetivos posibles; por eso la visión del film hay que verla sin aspavientos y sin ningún tipo reserva anterior, la mojigatería intelectual en este caso está de más

La narración es estilo «Rio», se desarrolla desde finales de los 60 hasta principios de los 80, coincidiendo en el tiempo con la dictadura militar que desde 1.964 hasta 1.985 rigió los destinos de Brasil. Es de destacar que por regla general los regímenes dictatoriales de distinto signo logran acabar con la inseguridad ciudadana por sus características represivas, sin embargo el régimen militar brasileño no consiguió este objetivo, a pesar de haber creado grupos para-policiales llamados los «Escuadrones de la Muerte», cuyo fin era asesinar a delincuentes en las Favelas; todo ello nos hace imaginar a que grado de violencia y delincuencia había llegado Brasil, haciéndolo en uno de los países más inseguros del mundo..

La acción se desenvuelve en un suburbio de Favelas de la ciudad de Rio de Janeiro llamado Ciudad de Dios, que paradójicamente naciera como barrio piloto de pequeñas viviendas unifamiliares con el objetivo de realojar la población procedente de Favelas; éste es el primer elemento irónico que se juega a lo largo del film, ya que con el paso del tiempo, entre los espacios vacíos de las viviendas unifamiliares se edifican infra-viviendas, convirtiéndose de nuevo en un suburbio de Favelas, siendo esta degradación urbanística un ejemplo de la también degradación social, económica y también moral.

En este ambiente, dos niños llamados Buscapé y Dadinho observan la degradación de su entorno, Buscapé sueña con ser fotógrafo y Dadinho se siente atraído por la violencia y comienza cometiendo pequeños robos y trabajando como correo para Cabaleira, un capo local; En un robo, Dadinho comete su primer asesinato.

En los años 70, Buscapé es un adolescente que baila entre la tenue frontera entre el delito y la vida normal de estudiante de secundaria, Dadinho en cambio está metido en la delincuencia, dedicándose al tráfico de drogas.

A principios de los 80, Dadinho se hace llamar Ze Pequeno y es el narcotraficante más temido y respetado de todo Rio de Janeiro, rodeado por una singular guardia de corps formada por niños de entre 9 y 14 años, de los denominados «Meninhos da Rúa», es decir abandonados de muy pequeños por sus padres en plena calle; Sin embargo está hegemonía de Ze Pequeno le es disputada por Manu Galinha, hasta entonces un respetable cobrador de autobús, pero que ante la violación de su novia por Ze Pequeno comanda la facción enfrentada a este último, creándose una sórdida lucha, siendo Buscapé testigo de ella con su cámara de fotos.

Todos son personajes muy llamativos y que siempre permanecerán en el disco duro de la memoria del espectador y todo ello gracias a una narración llenas de flash back, no lineal, con varias líneas argumentales, con fuerte carga emocional y una utilización inteligente de la banda sonora.

Nos encontramos en suma con una de las mejores películas que se han hecho de lo que llevamos del siglo XXI.

One Response to “Ciudad de Dios”

  1. Enhorabuena por tu excelente blog, se puede apreciar un buen trabajo y gran dedicación! Un saludo y nos vemos uno de estos viernes!!

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