Terciopelo Azul

domingo, abril 10th, 2011

El paradigma del «Sueño Americano» siempre ha sido la clase media, una clase media pulcra y ordenada y con unos valores sólidos enraizados en la ética calvinista del trabajo y el núcleo familiar, junto con un optimismo antropológico heredado del denominado «Destino Manifiesto», de la expansión de la nación norteamericana hacia el Oeste.

Pero han sido algunos » Creadores de Historias», tanto novelistas, como cineastas, los que han echado para abajo todo este castillo de naipes, descubriendo los lados oscuros de esta clase media, llena de recovecos siniestros y morbosos, donde nada es lo que parece y donde los valores sólidos se transforman en un relativismo a veces nihilista y a veces sórdido, donde conviven en el mismo espacio una confortable familiaridad y una extrañeza repulsiva.

Y Estados Unidos como gran país que es en extensión, está lleno de miles de microcosmos que encierran entre ellos las grandes esencias patrias y donde esa clase media del «American Dream» encuentra su acomodo, pero es en esas poblaciones  formadas por coquetas viviendas unifamiliares de césped bien cortado pasterres de flores y barbacoas familiares, encierran a veces un submundo que muchos no lo quieren ver pero que está ahí, presente en cada alma de sus habitantes, una alma llena de claroscuros y relativismos morales y donde la solidez que siempre hicieron gala hace aguas por todos los lados.

Y quíen supo interpretar como nadie este claroscuro de la clase media estadounidense, este relativismo moral de la clase media estadounidense ha sido  David Lynch, un gran creador de historias y capaz de intentar comprender ese mundo morboso y malsano que convive bajo un disfraz de convencionalidad.

Y puede que su film más significativo en este aspecto sea «Blue Velvet» («Terciopelo Azul»), película realizada en 1.986, una de las escasas joyas en ese páramo, no sólo cinematográfico, si no también cultural, que constituyeron los años 80 del siglo XX. La posterior serie de tv, «Twin Peaks» del propio Lynch, bebe de «Terciopelo Azul», sin «Terciopelo Azul» no existiría «Twin Peaks».

Lynch recrea en un principio, de forma irónica el apacible y tranquilo mundo de una pequeña localidad de Carolina del Norte, pero este mundo de ve alterado con la aparición de una extraña oreja humana en un descampado, rodeada de hormigas como cita al genial Buñuel. La oreja es la puerta a otro mundo inquietante y extraño, que parece como una pesadilla sin fin y donde el despertar puede ser más siniestro y repulsivo.

Esta oreja supone que dos jóvenes casi adolescentes Jefrey (Kyle MacLachlan) y Sandy (Laura Dern) decidan investigar, convirtiéndose en una especie de detectives aficionados que se ven completamente arrastrados a un submundo donde ni tan siquiera en sus pensamientos más morbosos pudieran imaginar.

Y son testigos sin querer de una ristra de personajes atormentados  y escabrosos como Frank (Dennis Hopper), un sádico psicópata atormentado por tener que utilizar una bombona de oxígeno y que secuestra al marido y al hijo de Dorothy ( Isabella Rossellini), una cantante de un cutre club de carretera, por lo que somete a ésta a todo tipo de depravaciones y humillaciones, alimentando una relación sado-masoquista, que resulta turbadora en la forma en que Lynch la logra transmitir en la pantalla. Esta sensación se tiene en la escena en que Frank viola a Dorothy, cuando Jeffrey es testigo de ello estando escondido en un armario y se fija en la bata de terciopelo azul que Dorothy lleva en ese momento y que da título al film, escena conflictiva como la que más aunque un claro ejemplo del propio pulso narrativo de Lynch.

También resulta inquietante la atracción que cada vez mas ejerce Dorothy sobre Jeffrey y éste tíene que elegir entre el burgués mundo que representa Sandy y el tirador mundo que representa la propia Dorothy. Lynch intenta que vislumbremos la dos caras de la moneda, dos caras que representan la realidad de todo un país y de todo un mundo.

Otro personaje a destacar es Ben (Dean Stockwell) socio de Frank de engañosa y amanerada bondad y que supuestamente es la antítesis del propio Frank.

Y «Terciopelo Azul» es una película cinéfila en muchos sentidos, no sólo hay influencias de Buñuel como dije anteriormente, si no que también bebe del propio Hitchcock.

Es de destacar el inteligente uso de inofensivas baladas pop que da el contrapunto a una inquietante banda sonara de Angelo Badalamenti, destacando la propia interpretación  en play back por parte de Bob de la canción «In Dreams» de Roy Orbison. Se puede decir que en muy pocas películas, la banda sonora adquiere tanta importancia.

«Terciopelo Azul» es un malsano ejercicio de intentar destripar a una sociedad que desde el final de la II Guerra Mundial ejerce una hegemonía y un dominio sobre el resto del mundo, resultando una sociedad en muchos aspecto caótica y llena de sinuosidades y meandros y lo que se ve de primera mano muchas veces, por no decir siempre, no es real.

 

3 Responses to “Terciopelo Azul”

  1. Buena descripciòn de lo que encierra la sociedad norteamericana.

  2. Interesante historia, llena de recovecos y claro-oscuros.

  3. Me gusta mucho esta pelicula.

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