La Ronda de Reconocimiento

lunes, abril 4th, 2011

El cine de los países del Este en la época comunista tenía una gran fuerza narrativa y visual que lograba escapar y burlar a la vez la rígida censura, lo que hacía que fueran films más valorados en Occidente que en sus propios países de origen y por supuesto por los regímenes que estaban sometidos estos países.

Nos encontraríamos desde este punto de vista, con una inusual crítica del sistema desde el propio sistema, como una mezcla de cínico posicionamiento intelectual y artístico y de aprovechamiento de las propias estructuras gubernativas para censurar estas propias estructuras.

Esta rara y a veces malsana postura no la encontramos en el director húngaro  Miklós Jancsó, si cuadra el cineasta  magiar más importante de la etapa comunista y uno de los más significativos del Este de Europa. En Jancsó está condensada toda la agudeza visual y el dramatismo narrativo que caracterizó el cine del Este europeo durante varias décadas, una forma de hacer cine que no resistió el cambio político y social de estos países tras la caída del Muro de Berlín y dejando huérfanas a todas estas naciones de cultura audio-visual.

Sin embargo Jancsó posee unas características propias que hace que valoremos sus películas de una forma autónoma sin caer en el tópico de las etiquetas y el encorsetamiento intelectual que en ocasiones se sufre en la crítica cinematográfica. Jancsó posee un estilo caracterizado por unas tomas largas y a veces tediosas, una elegante coreografía visual y una trama histórica y rural pero con referencias contemporáneas para quien tenga capacidad para calibrarlo.

Por todo ello, su película más significativa y la más valorada por la crítica internacionalmente es «Szegénylegények», («La Ronda de Reconocimiento») en castellano, film producido en el año 1.965  que causó sensación en el festival de Cannes de 1.966.

La trama de su guión se desarrolla en la Hungría dominada por el Von Habsburg del siglo XIX, en la que el propio Jancsó ve un paralelismo con la Hungría comunista dominada por la Unión Soviética.

En los primeros minutos trata la revolución nacionalista húngara contra los austríacos de 1.848 y la dura represión por parte del gobierno de Viena contra los partidarios de Kossuth, el líder nacionalista húngaro; 20 años después algunos nacionalistas húngaros siguen internados en campos de prisioneros y son acusados de tener contactos con la guerrilla de Rózsa que hostiga a las tropas austríacas de ocupación. El comandante  del campo  somete a todos los prisioneros a brutales interrogatorios utilizando métodos de terror psicológico más que violencia física.

Un miembro de la guerrilla de Rozsá, llamado Janós Gajdar es identificado por una vieja y es sometido a torturas hasta que exhausto delata a sus compañeros en una ronda de reconocimiento que da título al film; posteriormente Gajdar es asesinado por sus propios camaradas por haber traicionado a sus compañeros y a su causa.

Pero siguen los interrogatorios infernales, el propio Jancsó consigue que la atmosfera sea cada vez más tensa y que ese terror psicológico que sufren los prisioneros lo tenga también el espectador y surge la secuencia más mortífera de todo el film, una joven es identificada como esposa de uno de los insurgentes y es sometida a una brutal paliza por parte de los soldados austríacos, muriendo posteriormente, en una escena llena de simbolismo, donde el cuerpo desnudo y apaleado de la muchacha plasma el sufrimiento de una nación sometida a la injusticia y a la sinrazón del poder.

Y el terror psicológico sigue; el gobierno de Viena dicta un indulto para Rozsá y la euforia se apodera de los prisioneros, pero el comandante del campo de forma cínica les informa que el indulto es para Rozsá, no para sus hombres y ordena la ejecución de todos los prisioneros.

Jancsó consigue crear un estilo distante, casi burocrático, pero ese terror psicológico sigue presente hasta el extremo de atenazar al espectador y éste continua viendo el film a pesar de su desazón, a pesar de su malestar, porque se siente atraído por los más negros y sórdidos recobecos del alma humana, porque en el fondo ese terror psicológico no es más que enfrentarse a los propios demonios de uno mismo. Y el poder político lo utiliza porque sabe que el alma humana es débil y cada individuo tíene sus taras y tiene sus fantasmas.

La película fuera realizada sólo unos 9 años de la Revolución Húngara de 1.956 y no es de extrañar que muchos vieran un paralelismo entre la dura represión austríaca sobre el pueblo húngaro en el siglo XIX y la durísima represión soviética de los años 50 del siglo XX. Los soldados austríacos son los soldados soviéticos y los delatores húngaros son las autoridades comunistas sometidas a Moscú; ese terror psicológico parece más propio del siglo XX que el XIX donde se desarrolla el film, más propio del KGB y de la policía política húngara que de aristocráticas tropas de los Von Hasburg.

La crítica al régimen comunista es demoledora y Jancsó consigue traspasar la censura hábilmente contando una historia del siglo XIX.

Por todo ello, «La Ronda de Reconocimiento» es todo un alegato contra la represión política y un canto a la libertad que traspasa fronteras y traspasa épocas. Y este propio alegato es también consciente de la debilidad humana.

 

 

One Response to “La Ronda de Reconocimiento”

  1. Buena pelicula.

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