El Gatopardo

miércoles, abril 27th, 2011

Giuseppe Tomasi di Lampedusa fué un aristócrata siciliano que siempre vivió de rentas y que en sus largos periodos de ocio los utilizó para convertirse en un lector empedernido y en escritor aficionado. Al llegar a la cincuentena escribió una monumental obra llamada «Il Gattopardo» («El Gatopardo»), que narra la propia decadencia de su clase, la aristocracia, ante los cambios políticos, sociales, económicos y culturales producidos por el proceso de unificación italiana, el denominado «Risorgimento». Utiliza al personaje principal, Fabrizio Corbera, príncipe di Salina, como su propio alter ego, que asiste con distancia y con melancolía el final de una época y el final de una clase social.

Rechazada la obra en un principio por los editores, el propio Tomasi di Lampedusa no la vió publicada en vida, ya que falleció sólo unas semanas después de la negativa editorial. En 1.958, un año después de la muerte de Tomasi di Lampedusa, la obra es por fin publicada con prólogo de Giorgio Bassani, convirtiéndose en un auténtico Best Seller en Italia y llevada al cine por Luchino Visconti en 1.963, considerándose por muchos esta versión cinematográfica como una de las mejores adaptaciones al Séptimo Arte de la Historia de una obra literaria.

Rodada con gran presupuesto y con todo lujo de detalles, «EL Gatopardo » de Visconti es una de las grandes joyas del cine europeo, incluso las imposiciones comerciales de los productores hacen más grande al film, como que el protagonista fuera encarnado por un actor norteamericano, eligiéndose para este fin a Burt Lancaster, que realiza, desde mi modesto punto de vista, el mejor papel de su carrera o que se incorporaran a la película Alain Delon o Claudia Cardinale, dos de los actores más taquilleros europeos del momento, que están geniales en sus respectivos papeles.

En la novela, el príncipe di Salina se convierte en el Alter Ego de Tomasi di Lampedusa, en el film se convierte en el Alter Ego de Visconti; el príncipe di Salina es un ser atormentado, la viva estampa de la decadencia, incapaz de defender los principios y la forma de vida de sus ancestros pero incapaz también de adaptarse a los nuevos tiempos y las nuevas circunstancias; el príncipe di Salina representa el lento paso del tiempo, que produce taciturnidad y tristeza, como un anticipo de la propia muerte. La obsesión por la muerte está presente en toda la obra de Visconti, pero es en «El Gatopardo» cuando se convierte en la dueña de un estado psicológico y lírico que impregna a toda la obra.

Y curiosamente esta fuerte profundidad intelectual y artística está condensada en un argumento sencillo, yo diría que hasta simple. Ante el la invasión de la isla de Sicilia de los garibaldinos, partidarios de la unificación de todos los estados italianos, la resistencia de los partidarios del rey de Nápoles es escasa. Fabrizio Corbera, príncipe di Salina ( Bur Lancaster ), casi indiferente al hecho, decide refugiarse con su familia en su residencia veraniega de Donnafugata, allí es recibido por el nuevo alcalde de la localidad, Caloguero ( Paolo Stoppa ), el típico burgués con aire de nuevo rico y representante de los nuevos tiempos que se avecinan. El sobrino del principe di Salina, Tancredi ( Alain Delon ), está alistado en las filas garibaldinas, destacando por su fuerte pragmatismo tanto político como personal que queda reflejado en su celebre frase, convertida incluso en un elemento de estudio en la ciencia política de » Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie», Tancredi también está prometido a la bellísima Angélica ( Claudia Cardinale ), hija de Caloguero. El príncipe di Salina se siente atraído por la deslumbrante juventud de Angélica, como queda reflejada en la célebre escena del waltz; el príncipe ve en Angélica como contrapunto a su estado de ánimo del lento pasar del tiempo, de la melancolía de devenir vital, Angélica es la frescura y la alegría de vivir, es el temporal esplendor en la hierba que siempre quedará la belleza de su recuerdo como cantaba el poeta romántico inglés Willian Wordsworth.

Pero toda esta ensonación desaparece y la decadencia y la melancolía vuelve a ser las dueñas y señoras del alma del príncipe, como un bucle taciturno que acabará con la propia muerte.

Es de destacar en esta película el enorme esfuerzo de producción, de querer demostrar como fue toda una época, hasta el mínimo detalle, por ello «El Gatopardo» no es una película de una única visión, es una película de varias y múltiples visiones; cada nueva visión es un nuevo mundo por descubrir, cada nueva visión hay un secreto guardado que ha salido a la luz.

En «EL Gatopardo» cada escena es ya de por sí una obra maestra que unido al importante esfuerzo de diseño de producción hace que queden impregnadas en la retina de quienes amamos y adoramos al cine.

Recordemos la escena de la lucha en las calles de Palermo entre los garibaldinos y los soldados  del rey de Nápoles, que parecen como un juego de niños sobre la guerra, como si Visconti tuviera una visión operística de la escena, como si quisiera escapar a propósito de un realismo sucio y desarrapado.

Recordemos esas imágenes de las montañas sicilianas, tan imponentes y hermosas y recordemos esa visión pobre e indigente del campo siciliano, de las aldeas sicilianas, como contrapunto al lujo y la magnificencia de los palacios y la vida de los nobles; muchos cineastas han intentado diafonías estéticas, pero pocos lo han logrado.

Recordemos la escena de la visita del príncipe a su amante, una amante de origen campesino y que vive en una humilde vivienda y la dulzura y la sensibilidad con que ésta lo recibe, una de las mayores muestras de cariño que se ha visto en toda historia del cine.

Y recordemos la larga escena del baile, que dura casi 45 minutos que refleja tantas cosas, como la vulgaridad de los nuevos ricos que se convierten en la nueve clase dirigente, de la magnificencia de un tiempo  que llega a su fin, en este aspecto a Visconti le sale más su vena aristocrática que su vena marxista y revolucionaria y él mismo siente la pérdida de aquella época y aquel mundo.

«El Gatopardo» es la triste crónica de un desencanto, que sólo un cineasta obsesionado con el paso del tiempo y de la muerte lo pudo representar admirablemente y hacerla una de las mejores películas de la Historia.

 

 

 

4 Responses to “El Gatopardo”

  1. Grande Visconti y grande Lancaster, sin olvidar a Delon ya Cardinale.

  2. Es la mejor pelìcula de Visconti, sin duda.

  3. Gran novela y gran pelìcula. Lo mejor sin duda de Visconti, como lo ha dicho Suevo.

  4. Visconti es uno de los mas grandes de la Historia del cine

Leave a Reply