Novecento

martes, marzo 29th, 2011

En el  cine desde su invención se le ha querido utilizar políticamente y por ello desde hace más de un siglo nos hemos encontrado con obras al servicio de las más diferentes ideologías.

Sin embargo en determinadas ocasiones, el propio genio del realizador hace que algunas de estas obras a favor de unos determinados intereses políticos sean visto desde una óptica independiente, sin elementos ideológicos, valorando sobre todo la calidad artística de la obra.

Ejemplos de ello lo tenemos en «El Acorazado Potemkin» de Sergei Eisenstein, «El Triunfo de la Voluntad» de Leni Riefenstahl o «Novecento» de Bernardo Bertulucci. Todos ellas obras de encargo desde las propias instituciones políticas y todas ellas obras maestras y que figuran con letras de oro en la Historia del Cine y que superan ampliamente los primigenios intereses ideológicos para las que fueron pensadas.

«Novecento» Italia, (1.976),  de Bernardo Bertulucci surgió como un proyecto de contar la Historia de  Italia en la primera mitad de siglo XX desde una óptica marxista, vista como una especie de epopeya, donde el pueblo italiano y también el Partido Comunista Italiano (PCI) son los verdaderos héroes. Digamos que tenían en mente expresar al PCI como la argamasa heroica del pueblo italiano.

Bertolucci había conseguido bastante éxito comercial con su anterior film «El Ultimo Tango en Paris» y se ilusionó con una producción de gran presupuesto que consiguió el visto bueno del Comité Central del PCI que hasta se ofreció a supervisar los guiones.

En un principio se pensó como un proyecto para la televisión, pero optaron finalmente por hacerla película debido a que en aquel momento, a finales de los 70, el público cinematográfico era más progresista y receptivo que el televisivo, mucho más conservador.

Y como contraste, vamos a llamarle estético, se optó por el modelo de los grandes estudios estadounidenses y por el Star System pero sin renunciar a la propagación de la ideología marxista, es decir, utilizar métodos capitalistas para denunciar el propio capitalismo, muy en concordancia con el pensamiento de Antonio Gramsci, el gran ideólogo del comunismo italiano y mentor de la estrategia de  infiltración cultural.

Y el resultado fué un proyecto gigantesco, que debieron participar tres países europeos, Francia y Républica Federal de Alemania aparte de Italia y tres grandes estudios  norteamericanos.

Pero paradójicamente en «Novecento» los resultados fueron más gratificantes desde un punto de vista artístico que político, dando lugar a una de las mejores películas de la Historia del Cine y uno de los pocos y verdaderos films de culto.

En «Novecento» nos encontramos el mejor Bertulucci, que  partiendo de la cotidianidad nos descubre una gran historia  y unos personajes poco comunes, consiguiendo que cada fotograma y cada escena se convierta en un elemento autónomo.

Bertolucci utiliza a la ciudad de Parma y sus alrededores rurales como un microcosmos de Italia, como Fellini utiliza la ciudad de Rímini en «Amarcord». La hacienda donde se desarrolla la historia representa las relaciones entre las diferentes clases, acabando estas relaciones en una lucha, como se establece desde una óptica marxista. En cierto modo los personajes son prototipos sociológicos, aunque el propio Bertolucci consigue dotarlos de alma y corazón y huye de los estereotipos, aunque esto último no lo consigue, sobre todo en el tratamiento de los personajes fascistas y anti-comunistas en general.

El año 1.900, que da nombre al film, es del comienzo de la narración y con el nacimiento de los dos principales protagonistas, Olmo, el hijo de obrera agrícola y madre soltera y Alfredo, el nieto del patrón y futuro heredero de la hacienda. La muerte de Verdi, en esos mismos momentos, simboliza el final de una época en Italia, el «Risorggimento», el proceso de unificación de la nación italiana y el comienzo de un nuevo periodo, lleno de incertidumbres y solapado por graves tensiones políticas y sociales, es el comienzo del siglo XX.

Con los años, los dos niños nacidos el mismo dia, se convierten en unos inseparables amigos, aunque la distinta posición social y que cada uno  al llegar a la edad adulta mantenga posiciones políticas diferentes los hace distanciar.

Olmo se hace un activista comunista, y Alfredo, si bien no se muestra particularmente entusiasta, acepta el fascismo como mal menor para defender su patrimonio. Bertolucci muestra el fascismo como un elemento reaccionario del capitalismo, no como una evolución de un cierto marxismo hacia posiciones nacionalistas y militaristas y a los propios militantes y simpatizantes fascistas como cancerberos del gran capital.

Y se suceden los acontecimientos, las grandes huelgas de principios de siglo, la I Guerra Mundial, la subida al poder del fascismo y su fuerte represión, la II guerra Mundial y el final de la misma con un conato de revolución.

El francés Gerard Depardieu y el estadounidense Robert de Niro estan geniales respectivamente en sus papales de Olmo y Alfredo, dándole credibilidad a sus actuaciones y a la evolución de los personajes a lo largo de los años y el devenir histórico.

Los otros personajes y los actores que lo representan andan también a la zaga, destacando Burt Lancaster en su papel del viejo patrón y su desesperanza ante la vejez, la frágil Ada(Dominique Sanda), mujer de Olmo, la burguesa intelectual, flor en medio de un estercolero incapaz de sobrevivir en un mundo duro e inhumano, Anita (Estefania Sandrelli), la mujer luchadora por su clase y por su género, el fascista Atilla (Donald Sutherland), estándar del ultraderechista, demasiado estereotipado desde mi modo de ver y fuente de todos los males y aberraciones, Ottavio, el tio de Alfredo, prototipo del bon vivant homosexual con algunas apetencias estéticas, Leo, el abuelo de Olmo, el líder carismático de los braceros, antagonista y a la vez alter-ego del viejo patrono, Regina, la psicótica compañera de Attila y prima de Alfredo, etc., etc., personajes todos que plasman a todo un país y a todo un mundo occidental convulsionado por la lucha de las ideologías y clases sociales.

Y destacar las escenas, porque «Novecento» más que una película de personajes es una película de escenas, como aquel acontecimiento del nacimiento de los dos niños como apoteosis del final de una ópera de Verdi, de la hierba cortada a los pies del patrón por los braceros como comienzo de la revolución, de los juegos de niños que representan también los estereotipos sociales de los adultos, de la fiesta de los campesinos que representa el vitalismo y la alegría de vivir independientemente del nivel social y económico, del suicidio del viejo patrón ante del final de su vigor sexual, de la nueva maquinaria agrícola que representa la nueva revolución industrial pero que supone una merma en la calidad de vida de los braceros, de los soldados que marchan al frente en la I Guerra Mundial, de la resistencia al desalojo de los campesinos y su enfrentamiento con las fuerzas de orden público, de la futilidad intelectual de los futuristas, de la decadencia burguesa de la «Belle Epoque» representada en un melancólico verano en la costa, de la visión socio-económica de la prostitución en la escena de la masturbación múltiple, de la brutalidad fascista simbolizada en la forma de matar un gato por parte de Attila, de la boda de Alfredo y Ada rodeados de fascistas, como representación del nuevo régimen impuesto en Italia, de la represión del fascismo simbolizada con el comunista detenido por los carabinieri, por la huida de Ada y su complicidad psicológica con la criada al darse cuenta las dos de la imposibilidad del amor, por la matanza de campesinos realizada por Attila y varios camisas negras y finalmente la escena inicial y final, del día de la liberación del fascismo y del fin de la ocupación alemana, de la exaltación de los sueños utópicos de la juventud, de la muerte de Attilla y Regina por los campesinos en venganza de las matanzas anteriores, del juicio simbólico al patrón del sueño revolucionario de los partisanos que acaba con la entrega de las armas a las nuevas autoridades y el comienzo de la democracia burguesa y sus rencillas partidistas simbolizada por  el sonido de la la lucha entre dos perros.

«Novecento» es mucho más que un encargo político, «Novecento” es el cine en estado puro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

One Response to “Novecento”

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