La sombra del pasado.

martes, diciembre 24th, 2019

Su título original en alemán es Werk Ohne Autor, cuya traducción al castellano es algo así como (Trabajo sin Autor), aunque en los países hispanohablantes ha sido conocida como la Sombra del Pasado. Con estreno oficial en el Festival Internacional de Cine de Venecia el 4 de septiembre de 2.018, pudo ser exhibida en los cines germanos a partir del 3 de octubre del mismo ejercicio. Se trataba de unos de los proyectos más ambiciosos del Cinema procedente de Alemania en los últimos años, contando con la financiación de Pergamon Films y Wiedemann and Begrg Filmproduktion y la distribución de la estadounidense Walt Disney Studios Motion Pictures, disponiendo de un amplio equipo técnico-artístico donde destacaban figuras como el eslovaco Jan Mojto en la tarea de producción, de Florian Henckel von Donnermarck asumiendo la realización y el guión, de Cabeb Deschanel responsabilizándose de la fotografía, de Theresia Anna Ficus, Markus Nordemann, Robert Reblin, MarekWarszewski y Jiri Zavadil acaparando la importante dirección artística, de Gabriele Winder arrogándose con el vestuario, de Max Richter encargándose de la musicalización y Patricia Rommel se adjudicaba de la edición; dentro de un amplio casting se vislumbraban nombres como Tom Schilling, Sebastian Koch, Paula Beer, Saskia Rosendahl, Oliver Masucci o Ina Weisse.

Significaba el tercer largometraje del joven director Florian Henckel von Donnermark, nacido en la ciudad de Colonia el 2 de mayo de 1.973, que había debutado en esta faceta con La vida de los Otros en 2.006, una visión lúgubre y realista sobre el régimen de la RDA, centrada en las actividades de la Stasi, la policía política de aquel estado y continuando con The Tourist en 2.010, una incursión en en el entramado hollywodiense, protagonizada por Angelina Jolie y Johny Deep, que resultó un sonoro fracaso en taquilla. Con la película del 18 año del siglo XXI, Von Donnermark regresaba a su país de origen con nuevos bríos intelectuales y creativos.

Se basa de forma muy libre en la biografía del artista plástico Gerhard Richter, creador del denominado Realismo Capitalista, nacido en la sajona ciudad de Dresde en 1.932, entonces conocida como la Florencia del Elba por la belleza de su patrimonio arquitectónico. Sin embargo en el el filme es conocido como Kurt Barnet, comenzando la historia en 1.937, donde siendo un niño de corta edad es llevado por su tía Elisabeth a ver una exposición del considerado por los ideólogos culturales del régimen nazi como Arte Degenerado en el museo de Dresde; unos pocos días después, Elisabeth empieza a mostrar signos de perturbación psicológica por lo que es internada en una institución psiquiatra dirigida por el profesor Seeband, miembro destacado de la SS, donde será sometida a un brutal programa de eugenesia. El estallido de la guerra va a deparar para Kurt la muerte de sus dos tíos en el frente y el asesinato de Elisabeth dentro de un plan de eliminación de enfermos mentales y finalmente será testigo de la casi destrucción total de Dresde por parte de la Aviación Aliada en febrero de 1.945. Convertido en ciudadano de la Alemania Oriental al haber quedado Sajonia en la zona de ocupación soviética, consigue en su temprana juventud ser admitido en una escuela de Bellas Artes, donde se especializará en murales de claro contenido ideológico, muy del gusto de la nuevas autoridades comunistas. Conocerá a una estudiante de diseño llamada Ellie con la que comenzará un pasional romance y con el tiempo Kurt se enterará que la chica es hija de Seeband, responsable de la desaparición de Elisabeth, donde a pesar de su vínculo con el periodo hitleriano, ha conseguido congraciarse con el la Nomenklatura marxista. En contra de la voluntad de Seeband, Kurt y Ellie se casan y pasado un pequeño lapso, la pareja logra huir a Alemania Occidental.

Con el transvase de todo este universo a material audio-visual, nos podemos encontrar con elementos verdaderamente elevados, en un esclarecedor anhelo de la excelencia, gracias a unas escenas donde en momentos decisivos se convierten en enormemente primorosas, con notable incidencia en el psique del propio espectador; ello dota a la labor un tremendo impulso narrativo, destreza dramática y denodada fuerza .

Hay un intento, que a veces sale airoso, de reflexionar sobre el arte, donde se le puede analizar como una capacidad para ser el reflejo crítico y a la vez emocional de la misma sustantividad; pero esta mirada siempre es titubeante, siendo capaz el mismo director de llegar a la comprensión, que todo es relativo, sobre todo en el peliagudo mundo de la creación. Con el avance del metraje, el conjunto se clarifica cuando se puede entrever que el arte más personalista y atrevido es censurado e incluso perseguido por el Poder independientemente de su sesgo ideológico. Es en este trance donde Von Dennersmarck se exhibe intelectualmente íntegro y políticamente demuestra una mayor valentía, al denunciar a los dos movimientos más totalitarios del siglo XX, como el nacional-socialismo y el comunismo que tanta incidencia han tenido en la Historia contemporánea de la nación alemana, aunque tampoco se olvida de los flecos no tan perfectos que puede deparar una Democracia liberal.

Entre los componentes negativos que nos podemos encontrar, hay quizás una obsesión por la forma, más que en el fondo, produciendo cierto encorsetamiento en determinados trances y no liberándose de clichés propios de las películas sobre la misma temática, explotados hasta la extenuación, junto con un manifiesto maniqueísmo en determinados personajes, privando de esta manera la profundidad psicológica deseada y provocando cierto hastío.

La fotografía de Deschanel es soberbia, convirtiéndose en unos de las piezas más esenciales de todo la labor, los decorados del colectivo formado por Ficus, Nordemann, Reblin,Warszewiski y Zavadil, nos transporta sin altibajos a distintas épocas, la música de Richter nunca pierde su esencia dramática y el montaje de Rommel es enormemente preciso. Dentro de las actuaciones de los ejecutantes debemos destacar a Tom Schilling, muy riguroso en ocasiones e incluso hasta carismático, a Sebastian Koch, convertido en el actor fetiche del de Colonia, mostrando unas grandiosas dotes artísticas y a Paula Beer y Saskia Rosendahl, enormemente bellas y sublimes, donde el mismo realizador se recrea en sus cuerpos, aunque dentro de unas pautas artísticas y gráficas más que verdaderamente sensuales.

En la 91 edición de los Premios Oscars, la cinta fue nominada a las categorías de Mejor Película de habla no inglesa y Mejor Fotografía en la persona de Cabeb Deschanel, siendo la segunda vez que una producción alemana aspiraba a varios galardones en la ceremonia de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas estadounidense tras El Submarino de Wolfgang Petersen, comercializada en 1.981.

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