Juegos Prohibidos

domingo, abril 7th, 2019

En esta producción francesa estrenada el 9 de mayo de 1.952 se intenta reflejar lo absurdo y lo cruel de la existencia humana a través de los ojos de los más pequeños y logra un resultado enormemente efectivo además de conmovedor. Se puede llegar con brillantez y solicitud a una percepción completamente novedosa sobre la guerra, dentro de una manifestación creativa que supera al propio filme.

Resultaba una adaptación cinematográfica de la novela «Les jeux inconnus» de Francois Boyer, publicada en 1.947 y convertido en un auténtico fenómeno editorial en aquella vengativa Francia de la «Depuración», aunque para la película se opta por el título de «Jeux Interdits» (Juegos Prohibidos), donde se quiere narrar de forma sencilla y a la vez honesta la historia de una niña de sólo cinco años llamada Paulette, que tras la invasión alemana de junio de 1.940 debe abandonar al lado de los familiares más cercanos su París natal y queda huérfana ante un ataque aéreo del enemigo contra una columna de civiles, donde también fallece su perro. Alguien tira al río el cadáver del animal y la cría incapaz de separarse de la que fue su mascota decide seguirlo, encontrándose poco tiempo después en la misma vereda con Michel, un muchacho de once años del que congenia muy bien desde el principio. El chico decide llevarla a la granja de sus progenitores, donde es adoptada a regañadientes. Los jovencitos entierran en un molino de agua abandonado al chucho, siendo el comienzo de un extraño rito macabro al continuar con una serie de nuevas inhumaciones de cuerpos sin vida de animales e insectos, incluyendo el robo de las cruces en el cementerio local; todo en una especie de imitación no tan inocente de los ritos en los sepelios cristianos. La sustracción de estos objetos creará una serie de acusaciones infundadas y absurdos enfrentamientos entre las familias campesinas del lugar.

Financiada por «Silver Films» y distribuida por «Les Films Corona», se consigue esencialmente la producción ejecutiva de Robert Dorfmann, la dirección de René Clément , la fotografía de Robert Juillard , la musicalización del español Narciso Yepes, la edición de Robert Dwyre, más el guión de Jean Aurenche y Pierre Bost. Para las interpretaciones se recurre a los entonces niños Brigitte Fossey y Georges Poujouly, al lado de adultos con la categoria de Amédée, Laurence Badie, Lucien Hubert, Suzanne Courtal, Jacques Marin o Lous Saintève.

Representaba el quinto largometraje de René Clément, cineasta nacido en la ciudad de Burdeos el 13 de marzo de 1.913, en una carrera donde se incluía a interesantes trabajos como «La batalla de los raíles» en 1.946, inspirándose en las actividades de «La Resistencia» por parte de los trabajadores ferroviarios contra la ocupación germana, «Le Pére tranquile» en el mismo año, otro drama sobre los duros años de la contienda, «Los malditos» en 1.947, exponiendo la severa existencia dentro de un submarino alemán, «Demasiado tarde» en 1.949, un «thriller» protagonizado por Jean Gabin, que nos hace recordar a «Pépé le Moko», la gran obra maestra de Julien Divivier y «El castillo de cristal» en 1.950, producción de notorio carácter romántico.

En el filme del segundo año de la década, Clément regala al «Respetable» una labor donde mezcla sin rubor poesía, sensibilidad, dramatismo y sarcasmo al lado de una sabia y profunda reflexión sobre la Humanidad en todas sus grandezas y también en sus completas bajezas. Hay una visión de la infancia fuera de clichés, donde no se pretende hacer ningún tipo de juicio moral aunque hay una conclusión enormemente fascinante.

Si en unas primeras pinceladas podemos observar unos notorios elementos naturalistas, provistos de sobriedad y discreción, no escapándose de un tímido tono documental, con los minutos del metraje nos topamos inmersos en una forma de realización bastante más estilizada, que puede llegar a un estilo íntimo y personal, surtiéndose del hábil uso de primeros planos y una provechosa utilización de la cámara en mano.

El de Burdeos se muestra como un director lleno de energía, regalando una expresión provista de maestría y belleza, alcanzando darle sentido; se recrea en un Cinema con gran hondura humana e intelectual, seduciendo al espectador tanto con el corazón como el cerebro, acaparando desde su umbral un corpus desafiante convertido postreramente en una pieza turbadora.

Los fotogramas de Juillard, dentro de un fulgente blanco y negro irradian creatividad y prestancia, sumando las notas inspiradoras de Yepes, donde con un solo de guitarra crea una sensación de hechizo, el montaje de Dwyre, lleno de fluidez y competencia, junto al libreto de Aurenche y Bost , abastecido con diálogos fluidos y llamativos. Dentro de las glosas de los figurantes hemos de destacar los roles de los niños Brigitte Fossey (Paulette) y Georges Poujouly (Michel), marcadamente elocuentes y persuasivas, careciendo por completo de poses, en una especie de agudeza instintiva; tampoco nos podemos olvidar del trabajo acertado y muy profesional de los más talluditos Amédée, sobrenombre artístico de Phippe de Chérisey, polifacético aristócrata, noveno antiguo marqués de Chérisey, Laurence Badie y Lucien Hubert.

La cinta consiguió desde su temprana comercialización un buen resultado en taquilla, al lado de importantes reconocimientos académicos como el «León de Oro» del Festival de Venecia en su edición de 1.953, el «Oscar» a «Mejor Película de habla no inglesa» de la ceremonia en 1.953 , repitiendo galardón y categoría en los BAFTA del mismo ejercicio.

René Clément sigue su trayectoria en el «Séptimo Arte» donde destacaría en interesantes y llamativos títulos como «A pleno sol» en 1.960 , la primera versión en el «Arte del Celuloide» del retorcido relato de Patricia Highsmith «El Talento de Mr Ripley», «Arde París» en 1.965, monumental filme sobre la liberación de la capital francesa en el verano de 1.944, basada en el «Best Seller» del mismo epígrafe de Larry Collins y Dominique Lapierre y contando en el guión con la colaboración de los mismísimos Gore Vidal y Francis Ford Coppola , al lado de los novedosos policiales «El pasajero de la lluvia» en 1.969 ,»La mansión de los árboles» en 1.971, o «La cicatriz» en 1.975.

Leave a Reply